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Tres recuerdos de mi juventud (2015)

Tres recuerdos de mi juventud
Trailer
6,2
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Sinopsis
Paul Dedalus deja Tayikistán recordando su infancia en Roubaix, las locas crisis de su madre, el vínculo que le unía a su hermano Ivan, niño piadoso y violento. Él recuerda sus 16 años, a su padre, viudo inconsolable, el viaje a la URSS donde una asignación clandestina le llevaría a ofrecer su propia identidad a un joven ruso. Recordará también sus 19 años, su hermana Delphine, su primo Bob, de sus escapadas con Pénélope, Mehdi y Kovalki, el amigo al que tuvo que traicionar. Sus estudios en París, el encuentro con el doctor Behanzin, su vocación inherente para la antropología. Y, sobre todo, Paul se acordará de Esther. El corazón de su vida. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Trois souvenirs de ma jeunesse
Duración
123 min.
Estreno
27 de mayo de 2016
Guion
Arnaud Desplechin, Julie Peyr
Fotografía
Irina Lubtchansky
Productora
Why Not Pro
Género
Romance Drama Drama romántico Adolescencia
5
Memorias y divagaciones
Hay películas que podemos calificar como ‘muy francesas’ sin tergiversar su contenido ni prejuzgar su calidad. Y, sin embargo, en este caso, todas las connotaciones y asociaciones que uno pueda hacer sobre la cultura gala – cierta ampulosidad literaria, el tomarse demasiado en serio y la convicción en su apabullante superioridad, la certeza en su trascendencia intrínseca, su exceso de sagacidad y artificio – acaban siendo ciertas en este caso y están a punto de ahogar una propuesta que desde parámetros más humildes, sin tanta afectación, sin tanto regodearse en su valía diferencial, podría haber dado lugar a una interesante cinta sobre la nostalgia adolescente, sobre los tiempo pasados, sobre la importancia del primer amor, sobre la frustración de la pérdida…

Pero estamos ante una acumulación de tópicos manidos – una diarrea verbosa que resulta cansina, largos parloteos a cámara que parecen una parodia de sí mismos, una voz en off que repite, subraya y señala lo que ya estamos viendo en pantalla – que lastran el conjunto y lo vuelven en un catálogo de cómo no se deberían de hacer las cosas si se pretende alcanzar un mínimo de complicidad por parte del espectador. Es una prueba de resistencia que se alarga durante dos premiosas horas sin ir a ninguna parte, sin crear una atmósfera de añoranza o melancolía digna de tal calificativo. Recordar lo que se perdió puede ser fuente de dolor, inspiración o desengaño, salvo que resulte una mera treta falsaria que nos pretende convencer de lo inexistente.

Además la película arranca como un falso policiaco (que se evapora, de repente, sin más), para luego ir encadenando retazos y fragmentos de un pasado que no se sabe muy bien qué efecto han tenido en el personaje central que los evoca a su conveniencia y libre asociación. Lo que vemos resulta arbitrario, lo que se nos hurta en la narración parece más interesante pero nunca lo sabremos con seguridad, los padres deambulan sin peso específico, las amistades vienen y van como trenes en la noche, el protagonista estudia antropología como podría haber practicado submarinismo o alpinismo o haberse dedicado a la física cuántica. Uno más de esos equívocos senderos que llevan a un callejón sin salida ante el cual el espectador no le queda más remedio que claudicar, impotente.

Hay un cierto discreto encanto en la historia intuida, pero es poco más una intención, una promesa de bondades por venir, que no acaban de materializarse nunca. Resulta extenuante y pretenciosa. Un obtuso intento fallido.
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28 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
Juventud sin esperanza
La filmografía de Arnaud Desplechin sobrepasa la decena de trabajos. “Tres recuerdos de mi juventud” ha sido su última película estrenada entre nosotros y ha supuesto su reconocimiento definitivo. Fue premiada en Cannes en la Quincena de Realizadores y como guinda, consiguió ser nominada a once Césars del cine francés, obteniendo solo un premio, pero uno de los más importantes, el de mejor director. Es profeta en su tierra y ha sido comparado por algunos con el mismísimo Truffaut. Toda una exaltación, apoyada por gran parte de los críticos y usuarios y con los que siento mucho discrepar, sobre todo porque ya me gustaría haber “descubierto” que Truffaut tiene, tras décadas desde su desaparición, un sucesor de su línea de trabajo o en su estilo.
Y es que tengo la sensación de algo chocante que pasa desde hace tiempo en el cine francés. Tan elitista como exigente como fue, el cine francés ha ido concediendo licencias y reconocimientos ha directores que plagian obras ya existentes en su cine, carentes de originalidad y cercanos a la pedorrez más criticable. En este sentido el film de Desplechin es indudablemente francés, pero en su concepto más negativo, ya que resulta cargante y muy pretenciosa. Es un anacronismo, tanto por su planteamiento como por su desarrollo.
Arnaud Desplechin y Julie Peyr firman el guión, estructurado en tres partes, tres recuerdos y un epílogo. Los dos primeros recuerdos, los más logrados, son más concretos y breves que su tercer recuerdo, el que realmente ocupa casi todo el metraje y en el que se producen los baches narrativos y reiteraciones. Dicho sea de paso, eso de tres recuerdos quedan bien como título, pero realmente las dos primeras historias quedan ensambladas en la historia tercera, por lo que es un recuerdo con ramificaciones. Y su guión posee unos personajes sin garra, que no van a ningún lado. No es el “ni contigo ni sin ti” pasional de Truffaut, a mí se me asemeja más al dicho de la Gata Flora, con cierto aroma “intelectual”.
Para ello se ha contado con un casting de “qualité” en el que figuran el versátil y también venerado Mathieu Amalric, que a veces se le permite pasarse, saturando, o el gran André Dussollier, aquí desaprovechado, combinado con nuevos rostros como jóvenes protagonistas, ambos nominados como mejores actores revelación, Quentin Dolmaire como Paul Dedales, con un parecido lejano a Olivier Martinez y Lou Roy- Lecollinet como Esther, más cercana a Laetitia Casta que a la imagen del mito perseguido de la Bardot.
El trabajo de Irina Lubtchansky a la fotografía es curioso, por su variedad de tonos, aunque innecesarios los fundidos emulando al citado autor de “Los 400 golpes”, como su pantalla dividida en algunas ocasiones, para hacerla más “chic”, digo yo, porque no veo otra justificación, mientras que la labor de Gregoire Hetzel en la música a veces me molesta, quizás porque utilice música y el clima de Georges Delerue, evidenciando las costuras que pose el film y sus pretensiones. No le doy el aprobado, porque consiguió aburrirme, rematando con un final que se veía venir y que podía haberse producido antes, ahorrándonos algo de metraje.
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24 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
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