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El gran desfile (1925)

El gran desfile
Trailer
7,8
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Sinopsis
Jim es un niño rico que nunca ha trabajado. Cuando estalla la Primera Guerra Mundial, Jim, presionado por su novia, se alista junto a otros dos jóvenes, Bull y Slim. Cuando llegan a Francia se dan cuenta de que la guerra no es lo que esperaban. Película muda cuya estética la convertió enseguida en todo un clásico del séptimo arte. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Big Parade
Duración
126 min.
Guion
Harry Behn
Música
Película muda
Fotografía
John Arnold (B&W)
Productora
Metro-Goldwyn-Mayer
Género
Bélico Drama I Guerra Mundial Cine mudo
10
Para llorar...
Algo acerca de mí:

Nunca he sido una persona de lágrima fácil, ni en la vida real, ni mucho menos con las películas.

Algo acerca de esta película:

Nunca pensé que una película muda pudiera hacerme llorar... Tampoco exageremos, no me refiero a lágrimas y mocos, pero debo reconocer que en tres escenas de esta película se me han humedecido los ojos.

Un breve resumen:

Jim es un joven americano de buena familia que se alista en el ejército americano y es destinado a Francia durante la Primera Guerra Mundial. Allí conoce una francesa de la que se enamora poco antes de ser enviado al frente.

Entrando en materia:

En esta película de dos horas pueden distinguirse claramente dos partes, una por hora.

En la primera parte (primera hora) estamos ante la típica comedia romántica que no tiene nada de típica cuando te das cuenta de que estás ante un filme de 1925. Es decir, que donde dije "típica" debería haber dicho "pionera".

La segunda parte (segunda hora) incide más en la parte bélica de la historia, sin dejar nunca de lado el conflicto amoroso planteado en la primera parte, pero obviando completamente todos los guiños cómicos de la primera hora.

El final, posiblemente previsible, seguramente lógico, logra emocionar al espectador (al menos al firmante). Y dado que la historia, no nos vamos a engañar, tampoco es nada del otro mundo, me atrevería a decir que el éxito de esta película debería recaer en el buen hacer de su director, King Vidor, y de su todopoderoso productor de la época, Irving Thalberg.

En resumen:

Algo que suelo decir de muchas películas mudas, pero que en este caso se mantiene más que nunca: Si esta película fuera de 2005 sería un pestiño insoportable... Pero tiene 80 años a sus espaldas. La sensación para un espectador contemporáneo al verla es la de dejà-vu, pero de un modo diferente... Sí, conozco la historia... pero ahora también conozco los orígenes de la misma.
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28 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Y LA GUERRA MARCHA
Tratándose de uno de los títulos clásicos del cine bélico, a muchos espectadores puede sorprenderles que, en la práctica, "sólo" unos 45 minutos se dediquen a mostrar la guerra en toda su crudeza. En efecto, el resto de la película -toda la primera hora y el final- aborda otros aspectos, centrándose en el protagonista y en su historia de amor, enmarcada en una idílica y frecuentemente cómica retaguardia.

Es inevitable percatarse de la influencia que ha ejercido Vidor en el cine posterior, y algunas secuencias de este filme son buen ejemplo de ello (más allá de las propiamente bélicas, imitadas hasta la saciedad, me hizo gracia una en la que Renée Adoré besa a John Gilbert allí donde este le indica que se ha lastimado, una idea que retomará Spielberg en "Raiders of the lost Ark"). Como es habitual en su cine, presta especial atención a las posturas individuales en momentos de crisis o trascendencia, y trata siempre de hallar motivos para la esperanza, incluso en las circunstancias en las que esta parece imposible (véase el soberbio plano secuencia en el que el protagonista queda inmovilizado en un hoyo junto a un enemigo moribundo; la actitud que adopta entonces es hermosísima, un punto y aparte en medio de una guerra que, más allá de ese hoyo, marcha implacable, sin espacio para la compasión o la comprensión del "otro").

Aunque no tan perfecta en su desarrollo argumental como "The crowd", la película transcurre con perfecta naturalidad visual, logrando Vidor su habitual penetración de los personajes y las claves en las que se mueven; resulta curioso también que el conflicto es presentado como un medio de igualación social, en el que las distinciones y el clasismo desaparecen, transformando a los indivíduos, como se aprecia en el caso del protagonista (un rico y holgazán heredero) y sus dos amigos (pertenecientes a las clases trabajadoras). Las interpretaciones son fabulosas, otro rasgo habitual de las películas de Vidor, que saca lo mejor de los actores, y en particular de las actrices, como ocurre en este caso con Renée Adorée, fantástica y encantadora, especialmente en el antológico plano secuencia del chicle, en el que comicidad y romanticismo se mezclan a la perfección.

Respecto al fragmento puramente bélico, constatar su brillantez formal, su calculado ritmo (siempre in crescendo en dramatismo) y su atractiva fotografía; constituye un gran acierto situar la acción en medio de la noche, lograndose unos efectos soberbios alternando explosiones y oscuridad, movimiento y espera. Además, y desde un punto de vista puramente práctico, tanto la oscuridad como los destellos sugieren la realidad del bombardeo evitando mostrarlo, decisión que, atendiendo a los recursos de la época, es del todo afortunada.

Nada diré del final salvo que, efectivamente, "huele a Thalberg", y que en cualquier caso, más allá de gustos personales, cierra eficazmente esta gran película.
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16 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil