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Hermanos y hermanas de la familia Toda (1941)

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Sinopsis
Después de la muerte del patriarca, los Toda, una familia de clase alta, está posando para una foto. Al mismo tiempo que todos lamentan la muerte del padre, se enteran de que éste les ha dejado una deuda considerable. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Japón Japón
Título original:
Todake no kyodai (The Brothers and Sisters of the Toda Family)
Duración
105 min.
Guion
Yasujirō Ozu, Tadao Ikeda
Música
Senji Ito
Fotografía
Yuuharu Atsuta (B&W)
Productora
Shochiku Kinema Kenkyû-jo
Género
Drama
7
Koan: Cuando un árbol cae en medio del bosque y nadie lo escucha, ¿produce algún sonido?
‘Hermanos y hermanas de la familia Toda’ no es ‘Cuentos de Tokio’. Pero Ozu afina en ella sus violines.

Dice Kiju Yoshida en su libro ‘Ozu o el anti-cine’: “En las películas de Ozu, las cosas nos miran.” Y es cierto que, a menudo, sentimos que todo se nos muestra desde la perspectiva del objeto: una almohada, un retrato, un bol de sake. La fijeza de los planos refuerza esa impresión.

Todo empieza con un retrato de familia. Y llega, inesperada, la tragedia. Una tragedia corriente, sin peripecia y en sordina. La falta de una pieza –el padre– desajusta todo el mecanismo. La vida fluye y nada permanece, salvo el vacío que en el zen lo inunda todo. Y es que en el cine de Ozu el vacío se llena de abundancia. Nunca vi una puesta en escena tan rica en objetos y detalles, un espacio tan medido y cinematográfico, tan repleto y significativo.

Decía que ‘Hermanos y hermanas de la familia Toda’ no es ‘Cuentos de Tokio’. Pero ya se advierte en ella el virtuosismo en los encuadres, la creación de emociones y espacios por medio de la posición de los actores, la dirección de arte, las líneas y el sonido. Nunca un cine tan lleno de elementos produjo en mí tal sentimiento de vacío –de vacío pregnante, como dicen los críticos franceses. De vacío profundo y polisémico, no exento de ironía.

Ozu mueve la cámara, que yo recuerde, tan sólo en dos escenas. Un travelling de retroceso, para ampliar el cuadro –sin personas– de una habitación, subrayando así que el hijo se ha marchado. Y un doble travelling que sigue a madre e hija, señalando que no hay sitio para ellas en el hogar de la familia más cercana. El movimiento, en ambos casos, es emocional.

Cada película de Ozu es, para mí, como un koan (problema que, en el budismo zen, el maestro plantea a sus alumnos). Un koan irresoluble, que, bajo una apariencia trivial, nos lleva más allá de las palabras.

Leo en Yoshida una frase que cifra, en mi opinión, el mundo cinematográfico de Ozu: “No hay ninguna diferencia entre apariencia y contenido. Estamos ante un mundo envuelto en una luz infinita en el que todo es transparente.”

Y de una belleza ilimitada.
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21 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Ruptura de un vértice.
Una numerosa y prestigiosa familia se desmorona tras la muerte del patriarca, que servía de nexo común de todos sus hijos e hijas. La difícil situación provoca que cada uno tire por su lado y trae como víctima a la pobre madre que se queda sola, contando simplemente con el consuelo de un hijo que pasa poco tiempo en casa y de su hija menor. Estos son unos breves retazos argumentales de una nueva historia de cine social de Ozu, la cual trata con simpleza y sobriedad, facturando finalmente una historia ejemplificante de los tiempos que correría Japón por aquel entonces, en como la abundacia pasa ser escasez en un momento.
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3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil