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El zoo de cristal (1950)

6,3
47
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Sinopsis
Primer versión cinematográfica de la obra teatral homónima de Tennessee Williams. Amanda Wingfield (Gertrude Lawrence), mujer madura que añora un pasado esplendoroso, es una madre obsesionada con que su “soñador egoísta” hijo Tom (Arthur Kennedy) haga una buena carrera y su tímida hija Laura (Jane Wyman) logre un buen matrimonio. La película se atiene bastante a la historia original, excepto por el final que tiene un giro más optimista. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Glass Menagerie
Duración
107 min.
Guion
Peter Berneis, Tennessee Williams
Música
Max Steiner
Fotografía
Robert Burks
Productora
Charles K. Feldman Group
Género
Drama
7
Si se apaga la luz de tu cuerpo, enciende la luz de tu alma
Muchos, quizás muchísimos, han sido los momentos de reflexión que me han motivado en los últimos años las personas discapacitadas. Trabajar con ellos, sentirlos muy cerca, poder acercarme a sus dolorosas experiencias vivenciales, me ha llevado a desear tener absolutamente claro lo que sucede en sus vidas: cómo poder ayudarles a superar el duelo, cómo hacer para que conviertan en bien lo que luce como un terrible mal, y qué hacer para que se reintegren a la sociedad con el espíritu en alto y dispuestos a proyectar su experiencia de superación en bien de los demás, son algunas entre las cosas que deseo tener absolutamente claras.

Creo que es por esta razón que me llega tan profundamente la obra literaria de Tennessee Williams, un autor que sabe harto del sufrimiento humano y que, no obstante su actitud derrotista y parcializada ante la vida, logra mostrar algunos caracteres personales, con una profundidad y una sensibilidad tan elevadas, que resultan absolutamente dignos de cualquier estudioso de las ciencias humanas y sociales.

“EL ZOO DE CRISTAL” es una obra teatral de marcados tintes autobiográficos, escrita en 1944 y estrenada en Broadway, al año siguiente, con connotado éxito. Sirviéndose de su enferma hermana Rose, Williams la recrea aquí con el nombre de Laura Wingfield, la tímida muchacha con cojera que parece incapaz de salir adelante; su empecinada madre, se convierte en Amanda Wingfield, la aguerrida mamá empeñada -a veces improcedentemente- en sacar adelante a sus dos hijos; y él mismo, se recrea como aquel contador y en principio frustrado escritor, Tom, quien no logra entenderse con ella, pero a quien le duele profundamente su infortunada hermana.

El cuarto personaje de la obra, Jim O’Connor, es el compañero de trabajo de Tom y viejo compañero de colegio de su hermana, quien se convertirá en la esperanza de todos y quien parece capaz de transmitir un mensaje que yo mismo transmito con mucha frecuencia: Cuando se apaga la luz de tu cuerpo, es porque la vida desea que enciendas la luz de tu alma. Pero Jim lo dice a su manera: “Todos somos superiores en algo, solo tienes que descubrirlo”.

Aunque el director, Irving Rapper, no logra dar totalmente en el clavo, pues la primera media hora del filme resulta bastante fría, y además le concede algunos caprichos a la actriz Gertrude Lawrence (la madre) que, estoy totalmente de acuerdo en que no venían al caso, con la llegada de Jim (un entusiasta Kirk Douglas) y con la estupenda metáfora del zoológico de cristal + esa estancia en la oscuridad que refleja de manera precisa el alma de la apagada Laura, la historia toma su verdadera y muy bien estructurada forma, y el espíritu del gran dramaturgo vuelve a sentirse con complacencia.

También Rapper, de seguro “animado” por los Hnos Warner quienes nunca veían con buenos ojos los finales deprimentes, dio al filme un rumbo distinto al acostumbrado en Williams, pero la decisión me resulta plausible porque Laura demuestra haber comprendido cosas esenciales al relacionarse con Jim.

Queda buscar las versiones que hicieran Anthony Harvey en 1973 y Paul Newman en 1987, porque esta es, sin duda, una obra bastante meritoria.

Título para Latinoamérica: “SIEMPRE AMANECE OTRA VEZ”
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Una noche a oscuras.
93/07(10/05/17) Estimable realización de Irving rapper primera obra del dramaturgo Tennessee Williams (“Un tranvía llamado deseo”, “La gata sobre el tejado de zinc” o “La rosa tatuada”), también guioniza él mismo junto a Peter Berneis (“Jennie” o “Scape from East Berlin”), basándose en la obra teatral homónima de 1944, obra de marcados tintes autobiográficos, sirviéndose de su enferma hermana Rose, Williams la recrea aquí con el nombre de Laura Wingfield, la tímida muchacha con cojera que parece incapaz de salir adelante; su empecinada madre, se convierte en Amanda Wingfield, la aguerrida mamá empeñada en sacar adelante a sus dos hijos; y él mismo, se recrea como el narrador y en principio frustrado escritor, Tom, quien no logra entenderse con ella, pero a quien le duele profundamente su infortunada hermana. Tennessee no quedó satisfecho con el resultado final del film por las alteraciones introducidas, siendo sus mayores quejas contra el rol de encarnado por Gertrude Lawrence (fue última labor en cine) como Amanda, a la que se dio más cancha que la que pretendía Williams, a esto lo tildó el dramaturgo de "un error funesto" y a la película en general una adaptación "deshonesta" de su trabajo. A mi me ha resultado sugerente pero pecando de cierta blandura en los personajes, de un buenismo en algunos momentos dulzón, y con algunas situaciones un tanto forzadas. El título hace referencia a la colección de figuritas de cristal de animales que guarda Laura, que se convierte en alegoría de la fragilidad humana. El film se apoya ante todo en su fenomenal cuarteto protagónico Jane Wyman, Gertrude Lawrence, Arthur Kennedy y Kirk Douglas. El productor Charles K. Feldman originalmente quería a Jeanne Crain y Ethel Barrymore para los papeles de Laura y Amanda. Gene Tierney, Montgomery Clift ,Marlon Brando, Tallulah Bankhead, Miriam Hopkins, y Ralph Meeker también se consideraron para la película. Se han hecho dos versiones más para la televisión, en 1966 con Shirley Booth, Barbara Loden, Pat Hingle, y Hal Holbrook, y en 1973 con Katharine Hepburn, Joanna Miles, Sam Waterston, y Michael Moriarty; En 1987 Paul Newman dirigió una nueva película protagonizada por Joanne Woodward (esposa del director), John Malkovich, Karen Allen y James Naughton.

Mientras están en servicio de marino mercante Tom Wingfield (Arthur Kennedy) recuerda (flash-back) su pasado junto a su madre Amanda (Getrude Lawrence) y su hermana lisiada Laura (Jane Wyman) en un deprimente apartamento en los suburbios de San Luis. Como su protectora madre fue abandonada por su marido, y ahora intenta que su tímida y apocada hija (acomplejada por su cojera) encuentre pareja, sobre Tom hace recaer Amanda el peso de hallarle pretendiente, este consigue llevar una noche a un amigo del trabajo, Jim O’Connor (Kirk Douglas), a cenar a casa con ellos.

Relato que tiene un arranque un tanto espeso, divagando, primer tramo en el que recae sobre la madre gran parte del peso de la trama, desviando el foco de lo importante, como es la historia de la acomplejada “coja” Laura y su posterior relación nocturna con Jim, y es que con la llegada de Kirk Douglas y su rol al apartamento la historia se ilumina y toma un cariz de mayor enjundia, esa charla en la semioscuridad (con solo la romántica luz de una vela) de los dos sentados en el suelo donde la amabilidad y comprensión de él hacia los problemas de introversión de ella, una hermosa metáfora visual, la Oscuridad en que vivía ella Jim poco a poco le hace levantar su autoestima con frases como “Todos somos superiores en algo, solo tienes que descubrirlo”, y cuando vuelve la Luz es una alegoría de la alegría y vitalidad que Jim le ha insuflado a Laura, siendo el culmen el baile en el salón “Paradise” (otro nombre metafórico) y el posterior beso de él a ella, una velada que nunca olvidará Laura. Un melodrama con motivos para verlo por el buen sabor que deja. Ello en una narración en que se nos habla de los sueños, de las miserias, de los anhelos, de los complejos, de las relaciones materno-filiales, de saber afrontar las dificultades de la vida, y lo hace dejando algunas situaciones sugestivas como las ya mencionadas. En su debe además de los defectos ya mencionados me queda un final demasiado almibarado.

Jane Wyman encarna con una tremenda dulzura a la desvalida Laura, su rostro refleja autenticidad en su fragilidad, en su mundo interior cerrado, en su amargura, maravilloso su arco de desarrollo a medida que charla con el vitalista Jim, de cómo su rostro y mirada sutilmente van cambiando. Kirk Douglas es un volcán revitalizante, con un carisma radiante, su energía lo baña todo, su positivismo y simpatía es regocijante, imposible no caer rendido a su carácter amable y complaciente. Arthur Kennedy compone a un melancólico alter ego de Tennesse Williams, lo hace bien dejando buenos duelos con Gertrude. Lawrence da un rendimiento algo pasado de vueltas, excesiva en su comportamiento ultra protector y marujón.

La puesta en escena resulta sobria, siendo la dirección artística de de Robert M. Haas (“Jezabel” o “El Halcón maltés”), siendo el centro (como en casi toda adaptación de una obra teatral) un solo escenario, en este caso el triste apartamento Wingfield, filmando en los Warner Studios en Burbank (California), esto bajo la fotografía de Robert Burks (“La ventana indiscreta” o “Vértigo”) que sabe emitir la claustrofobia del interior del pequeño piso como alegría de la opresión anímica de los personajes, excelente en el lírico tramo de la charla a luz de vela entre Laura y Jim. La música del gran Max Steiner (“Lo que el viento se llevó” o “Casablanca”) no es de especial relevancia.

En conjunto me queda una cinta pequeña y minimalista que sin ser redonda deja destellos apreciables, haciéndote reflexionar, eso nunca está de más. Fuerza y honor!!!
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil