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El hombre sin piernas (The Penalty) (1920)

El hombre sin piernas (The Penalty)
Trailer
7,0
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Sinopsis
Un hombre decide vengarse del médico que cuando era niño le amputó innecesariamente las dos piernas. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Penalty
Duración
90 min.
Guion
Charles Kenyon, Philip Lonergan (Novela: Gouverneur Morris)
Música
Película muda
Fotografía
Don Short (B&W)
Productora
Goldwyn Pictures Corporation / Eminent Authors Pictures Inc.
Género
Thriller Drama Terror Crimen Cine mudo Venganza
8
El hombre sin limitaciones: Lon Chaney
Quizá alguien pueda escandalizarse si admito que considero a Lon Chaney no sólo uno de los mejores actores del cine mudo, sino en general uno de los intérpretes más naturales, carismáticos y vigorosos de la historia del cine. Si bien desarrolló sus papeles más conocidos junto a Tod Browning (con la potente The Unknown como película clave), Chaney también lo intentó con otros realizadores repitiendo, eso sí, un tipo de personaje que le venia como anillo al dedo gracias a su rostro y su habilidad para transformarse: un villano, un archimalvado, que en "The Penalty" no es sólo uno más sino que casi podría considerarse algo así como la semilla de los villanos más histriónicos de la historia audiovisual. Hay mucho de Chaney en los malos de casi todas las series de televisión animadas, muchos recursos (planos fijos, risas forzadas) utilizados en dichas obras y de los que hace gala maravillosamente Wallace Worsley en este film.

Con un macabro guión que podría haber firmado el mismísimo Browning sin ninguna duda, se nos cuenta cómo un médico decide amputarle las piernas a un crío sin ser realmente necesario. Muchos años más tarde, buscará venganza por aquello. El joven se convierte en Chaney, y claro, ideará un plan retorcido para devolverle la jugarreta al doctor que echó por tierra sus sueños y esperanzas, utilizando todo lo que está en su mano para lograrlo. Chaney está simplemente asombroso, las labores de caracterización son perfectas y la historia se va disgregando poco a poco haciendo gala de una habilidad narrativa fuera de lo común. Contribuye un ritmo a prueba de bombas y un tramo final que, si bien en sus últimas secuencias puede decepcionar a alguien, no desmerece para nada todo lo que se había contado previamente.

Junto al payaso triste vengativo de "He Who Gets Slapped", otra interpretación de Chaney para la historia; ni más, ni menos, se trata del eje de una película que merece ser reivindicada a toda costa. Máxime cuando es sorprendente que, a pesar de tener casi 90 años, el film se sienta contemporáneo y tremendamente moderno.
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9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Lon Chaney Que Estás En Los Cielos.
Nueva demostración de poderío de Lon Chaney, quien cuenta por goleadas cada nueva aparición en mi televisor. Es asombroso lo de este hombre, espero que Bucco tenga ya con un pie al cuello su nombre tallado en piedra. Cuando Chaney aparece en pantalla cualquier pero pierde importancia, pero haberlos haylos. El director, un tal Wallace Worsley con el que me estreno y que por lo visto tuvo a Chaney como escudero en sus obras más recordadas, no se puede decir que sea un dechado de valentía y creatividad a los mandos. Aunque la película data de 1920, tampoco sería justo pedirle demasiado en este aspecto, supongo. Pero el mayor grano en el culo de la obra no es otro que la BSO, obvio punto clave de cualquier función muda, y que en este caso deja bastante que desar. Aséptica, carente de sentido y reiterativa, realza secuencias con una torpeza exasperante y apenas lleva en volandas al espectador, y lo que es peor, desaprovecha momentos para el lucimiento y la emoción que la trama sirve en bandeja de plata, dado el amor del personaje de Chaney por tocar el piano. En definitiva, un completo desastre. Pero ya digo, todo esto pasa a ser perejil cuando Chaney, que domina apabullantemente la obra de cabo a rabo, aparecen en pantalla, y gracias a Bon Scott esto ocurre en el 80% de los planos. Hasta la fecha, he tenido que contemplar todos los papeles de este prodigio de la naturaleza con las dos manos libres, en disposición de ponerme a aplaudir en cualquier momento, y este Blizzard no ha sido la excepción. Aquí Chaney vuelve a abrirse de nuevo en canal para deleite del respetable, dotando a su personaje de aristas, profundidad y veracidad con un autoridad insultante, reventando cremalleras y botoneras con cada mueca, cada gesto dramático. Nadie necesitó menos las palabras que este tipo para arrojar un torrente de sensaciones y emociones sobre el espectador, es inaudito. Ovación, alfombra roja y qué sé yo, salvas mil, definitivamente.
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil