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¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (1964)

¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú
Trailer
7,9
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Sinopsis
Convencido de que los comunistas están contaminando los Estados Unidos, un general ordena, en un acceso de locura, un ataque aéreo nuclear sorpresa contra la Unión Soviética. Su ayudante, el capitán Mandrake, trata de encontrar la fórmula para impedir el bombardeo. Por su parte, el Presidente de los EE.UU. se pone en contacto con Moscú para convencer al gobierno soviético de que el ataque no es más que un estúpido error. Mientras tanto, el asesor del Presidente, un antiguo científico nazi, el doctor Strangelove, confirma la existencia de la “Máquina del Juicio Final”, un dispositivo de represalia soviético capaz de acabar con la humanidad para siempre. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Reino Unido Reino Unido
Título original:
Dr. Strangelove, or How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb
Duración
93 min.
Guion
Stanley Kubrick, Terry Southern, Peter George (Novela: Peter George)
Música
Laurie Johnson
Fotografía
Gilbert Taylor (B&W)
Productora
Columbia Pictures / Hawk Films
Género
Comedia Bélico Sátira Comedia negra Guerra Fría Holocausto nuclear
"La más demoledora sátira sobre la guerra fría y el peligro atómico de la historia del cine. El genio creador de Kubrick desborda en cada secuencia y alterna farsa y drama, crítica ácida y apabullante dominio técnico para relatar esta delirante odisea. La puesta en escena resulta un prodigio de imaginación visual, redondea una obra maestra absoluta, divertida y angustiosa a partes iguales"
[Diario El País]
10
CÓMO APRENDÍ A AMAR A STANLEY KUBRICK Y SUS LOCOS PROYECTOS DE BOMBA
Sin lugar a dudas una de los mejores comedias de todos los tiempos dirigida por el genial Kubrick quien nunca dejó de sorprendernos con cada nuevo mastodóntico proyecto que iniciaba.

En este caso, si bien la obra fue inicialmente concebida como algo serio, finalmente Kubrick decidió imprimirle el carácter de comedia justo en el último momento, para destensar el ambiente ya de por sí enrarecido dentro del contexto de plena guerra fría en el que por aquel entonces el mundo entero estaba sumido, y más aún con el difícil y angustioso tema de la amenaza de guerra nuclear entre los dos bloques antagónicos que tanto acongojó a John Fitgerald Kennedy poco tiempo antes de rodarse el film...

Luego, ¡manda los huevos que tuvo Kubrick de satirizar y comediar sobre un tema de tanta actualidad y tan candente por aquel entonces!.

Así pues y contando inicialmente con que la película no era más que una locura-tomadura de pelo de Kubrick intentando con ello distendir el ambiente, uno va ya predispuesto a tomar el asunto como lo que es, esto es, a parte de un broma de la factoría Kubrick, todo de lo que de ello se deriva, es decir, una obra maestra de la comedia satírica de todos los tiempos. Algo así como la Vida de Brian de los Monty Pyton.

Peter Sellers está sencillamente genial, y la cinta en sí es todo una joya cinematográfica por estilo narrativo, decorados, diálogos, puesta en escena y en definitiva y en conjunto por el incisivo perfeccionismo que caracteriza en general cada uno de los proyectos iniciados por este genio entre los genios.

El reparto coral es simplemente devastador, y cada una de sus interpretaciones roza la perfección.

La mítica sala de guerra, el disparatado consejo de guerra en ella celebrado, los intentos del capitán Mandrake por evitar la catástrofe frente a la loca tozudez de un fanático anticomunista como el personaje interpretado por Sterling Hayden ( recuperado por Kubrick para la ocasión),y el discurso de éste a Mandrake sobre la esencia de la vida, ...así como sobre todo la maravillosa construcción del personaje que da título a la película, Dr Strangelove, y que Sellers diseña con mimo y esmero son ingredientes justos y necesarios para catalogar a esta obra de Kubrick como la gran obra maestra del humor satírico de la historia cinematográfica universal.

A DISFRUTAR.
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149 de 185 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Cine para congresistas
La Guerra Fría fue un juego peligroso, pero dio pie a algunas cosillas buenas: a) un fabuloso progreso científico y tecnológico, b) un molón aunque efímero intento de conquista espacial y c) la mejor película de Stanley Kubrick, que no es poco.

Algunos directores afirman que su intención es entretener... otros se las dan y pretenden hacernos pensar... los más pesados aspirar a mostrar sentimientos que llevan dentro (ai, uix)... Kubrick dejó de lado estas chorradas y se planteó un reto gordo: salvar a la humanidad. En serio.
El Pentágono, tras leer el guión, apretó el culito y se negó a colaborar en el invento, pero tras ver la película no fueron pocos los peces gordos que se replantearon un par de cosillas. Me los imagino meditando en la oscuridad de un multisalas, con una caja de palomitas en una mano y un refresco de cola con mucho hielo en la otra, la boca abierta sin masticar y mirada perdida, introspeccionandose el alma y preguntándose ¿qué coño estamos haciendo? ¿y si fuese verdad que eso de que la destrucción mutua asegurada no es una buena idea? ¿y si valiese la pena replantearse algunas de nuestras estrategias más cafres?
Algunas escenas incluso fueron proyectadas y analizadas en el Congreso, menudo cachondeo, que bien se lo pasan los peces gordos, yo de mayor quiero ser congresista estadounidense.

Y una de las máximas metas a las que puede aspirar un cineasta (o un ser humano en general) es lograr que la gran superpotencia mundial responsable de las mayores matanzas de civiles de la historia se lo piene un par de veces antes de arriesgarse mandar a tomar por culo todos los bichos y plantas del planeta que no sean compatibles con la lluvia radioactiva, no me digan que no.
Pueden decirse muchas cosas buenas sobre esta farsa, pero todas quedan eclipsadas al preguntarnos ¿cuantas vidas habrá salvado? Quizá todas, menudo peliculón.

Que encima sea una película divertídisima a la par que acojonante ya es lo de menos. Parte de una novela tontorrona y la convierte en una bacanal de hilarante suspense, un festival de pallasadas, una tarta de frases memorables. Y sale el Peter Sellers (por triplicado), pero la estrella no deja de ser George C. Scott y sus preciosos fluidos corporales.

Hoy estaba leyendo las memorias de Kurt Vonnegut y el tío dice que Dr Strangelove se hizo tan popular debido a su gran final feliz. Menudo personaje, este también... We'll meet again, don't know where, don't know when, but I know we'll meet again some sunny day.

Nota: matrícula de honor.
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108 de 133 usuarios han encontrado esta crítica útil