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Blackjack (1982)

Blackjack
Trailer
4,6
60
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Sinopsis
Harold, un jugador profesional, y su novia Bonita siguen a un croupier llamado Willie por todos los casinos del Oeste de Estados Unidos. Harold cree que Willie le da suerte. Bonita, que está harta de los malos tratos de su novio, tiene una aventura con Willie, y le pide que asesine a Harold, para repartirse el dinero de su seguro de vida. Última película dirigida por Don Siegel. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Jinxed!
Duración
103 min.
Guion
Frank D. Gilroy, David Newman
Música
Miles Goodman, Bruce Roberts
Fotografía
Vilmos Zsigmond
Productora
Metro-Goldwyn-Mayer
Género
Comedia
6
No habrá paz para los gafados
Y Don Siegel parecía realmente estarlo en su última etapa como director, si no explíquenme esas rachas de mala suerte que el pobre tenía y que no veía ocasión de quitárselas de encima.
Como él, los protagonistas de esta película, un jugador empedernido, una cantante de vida desgraciada y un joven crupier con una carrera profesional arruinada. Todos tienen algo en común: ¡el estar gafados!

Es un hecho demostrado que la década de los '80 resultó beneficiosa para muchos pero desastrosa para otros, en todos los ámbitos (que sirvan de ejemplo aquellos grupos de "rock" de los '70 considerados enormes en su momento y que se vieron sepultados bajo modas y tendencias en la década posterior, desapareciendo para dejar sitio a competidores más jóvenes). En el mundo del cine ocurría lo mismo: veteranos que habían librado innumerables batallas en los estudios con tal de hacerse un hueco en la industria y cuya carrera se veía condenada al ostracismo al llegar la nueva década.
Sidney Lumet lo vivió (aunque se sostuvo con fuerza gracias a algunos títulos) y John Frankenheimer, y el pobre Sam Peckinpah, que acabó sus días sufriendo en la producción de "Clave: Omega". Y como ellos, Don Siegel, un hombre cuya pericia y oficio tras la cámara y cuyo instinto para rodar lo que quería a la primera le sirvió para inscribirse entre los más hábiles realizadores de su generación, quedando demostrado en maravillas como "La Invasión de los Ladrones de Cuerpos", "Contrabando", "Fuga de Alcatraz" o "Harry, "el Sucio" ". Su talento le permitía hacer mucho con poco dinero y en el tiempo justo, un don que no muchos poseían.

Después de un fatídico rodaje cargado de problemas en el que sería su penúltimo trabajo, "Golpe Audaz", un extraño "thriller" donde se mezclaban comedia, romance y las películas de ladrones de joyas de toda la vida, Siegel, que contaba 69 años en aquel momento, fue contratado para llevar a la gran pantalla la adaptación de la novela "The Edge", del escritor y director Frank D. Gilroy (responsable de títulos como "Personajes Desesperados" o "Sucedió entre las 12 y las 3"); los productores quisieron de protagonista a la exitosa cantante Bette Midler y el guión se retocó tanto que Gilroy apareció acreditado como Bert Blessing.
En él, a un violento y borracho jugador llamado Harold, le entra la manía de seguir, casino por casino, al crupier Willie, al que despluma sin piedad provocando la desconfianza de sus jefes y llevándole a un continuo despido; por si fuera poco, a Harold le acompaña Bonita, una chica maltratada y frustrada que sólo desea ser cantante y alejarse de los problemas. Willie, en un arrebato vengativo, seduce a Bonita, pero este romance clandestino dará paso a un retorcido plan al que ella le viene dando vueltas desde hace tiempo: matar a Harold y cobrar el seguro; un plan perfecto si les abandona el signo del gafe bajo el que están todo el rato...

Hecho cuanto menos curioso: Midler sugiere que Siegel dirija el film, pero entre ellos no hay otra cosa salvo hostilidad en un rodaje que cuesta un ataque cardíaco al último; entre tanto, un Peckinpah desesperado por trabajar encuentra el apoyo de Don, quien le ofrece ocupar el puesto de director de la segunda unidad. A un fan de la etapa clásica de Siegel, de sus "thrillers" de acción y "westerns", le resultará muy difícil encontrar algún rastro de su sello en "Jinxed!", donde el suspense y el humor negro se citan en una película irregular, mal desarrollada, mal escrita.
Durante la primera y lenta media hora todo es confuso: violencia, drama y comedia a la vez, aunque se aboga más por lo último; a partir de que Bonita diga a Will "ayúdame a matar a Harold" la historia pega un vuelco y cobra interés, sale el cinismo y la mala leche de Siegel, los personajes se hacen suyos, asistimos a una retorcida farsa, muy prometedora...pero que va perdiendo fuerza en su último tramo, 25 minutos en los que Midler toma las riendas, yendo de aquí para allá, sucumbiendo la trama a un disparate tras otro, cada uno mayor y más absurdo que el anterior.

Una escena significativa: Bonita se detiene en un pueblo abandonado y entra en una mina donde la esperaba un cruel bandido. Pareciera que Siegel desea retornar a su lugar de origen, a sus poblados del Oeste, al polvo del desierto, a sus hombres despiadados; una parada momentánea donde se recuerdan tiempos pasados, olvidados por unos, ridiculizados por otros (resulta patético cómo Bonita consigue huir de allí).
Este momento, junto al personaje interpretado por el genial Rip Torn, es lo único que goza en el film de llevar la inconfundible huella de Don Siegel. Midler (de la que sólo se salvan su voz y su delantera) y Ken Wahl, que se llevaban como el perro y el gato en el set de rodaje, dan vida a una improbable y poco creíble pareja. Siegel, por su parte, aparece como el dueño de la tienda de vídeos para adultos, espetando amargas palabras a su rebelde actriz; la última vez que le veríamos ante la cámara. Nueve años después, Don Siegel fallece a causa de un cáncer. Se va uno de los grandes.

"Jinxed!" es al fin y al cabo una película entretenida, mejor de lo que uno espera, mejor que "Golpe Audaz", pero un punto bajo para el director. Y encima un fracaso de taquilla...
¿Descansaría en paz sabiendo que había acabado su carrera con un film tan mediocre? El caso es que para una filmografía llena de títulos emblemáticos, un bache como este no significaba mucho, por no decir nada.
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