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El cuarenta y uno (1956)

El cuarenta y uno
Trailer
7,2
264
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Sinopsis
Primeros años de la Revolución Bolchevique. Una unidad del Ejército Rojo lleva a cabo una operación de exploración en los desiertos del Asia central. Con los soldados viaja María, que destaca entre los mejores francotiradores de la unidad. En la última operación hace prisionero a un soldado de Ejército Blanco. La situación en la que se encuentran hace surgir una compleja pasión entre quienes son enemigos de clase. Historia de amor que cautivó al jurado del Festival de Cannes en 1957, que le otorgó a la película un premio especial. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Unión Soviética (URSS) Unión Soviética (URSS)
Título original:
Sorok pervyy
Duración
88 min.
Guion
Grigori Koltunov (Novela: Boris Lavrenyev)
Música
Nikolai Kryukov
Fotografía
Sergei Urusevsky
Productora
Mosfilm
Género
Bélico Drama Romance Revolución Rusa
10
CUANDO LA IDEOLOGÍA SE INCRUSTA MÁS QUE EL AMOR
La historia que nos presenta la película "Sorok Pervyy" o "El cuarenta y uno" transcurre primeramente sobre la aridez desértica habida entre los lagos Caspio y Aral (también llamados mares) y más tarde en las orillas y en el interior del citado mar Aral, o sea en toda una zona que por aquel entonces, producida la revolución bolchevique (décadas de los años diez y veinte del siglo XX), formaba parte de la URSS y hoy concretamente del país llamado Kazajistán.

Geográficamente esto queda claro en los cinco primeros minutos del filme, cuando una sección de soldados del ejército rojo-revolucionario huye de las fuerzas del ejército blanco-zarista, hacen una parada nocturna para descansar en la cual una voz narrativa nos cuenta que este grupo de soldados bolcheviques son los restos del destacamento de Guriev (ciudad situada en la orilla norte del Mar Caspio, hoy llamada Atyrau y perteneciente a Kazajistán), y entonces habla el comisario o jefe del grupo militar diciendo que no tienen más remedio que marchar hacia el Este, hacia la población de Kazalinsk (hoy Kazalnsk, en la orilla Este del Mar de Aral, todo ello dentro de los límites del hoy país independiente Kazajistán), donde dice se encuentra el Estado Mayor del ejército rojo, para lo cual deberán rodear toda la costa norte del lago Aral. Ante el descomunal y casi imposible objetivo, ya que apenas tienen agua y alimentos, un soldado refunfuña que para lograrlo tendrán que comerse unos a otros. Entonces el comisario le replica a gritos: "¡Sin objeciones, sabes lo que es el deber de un revolucionario, de lo contrario irás a un paredón!" Amenaza que el contestatario masculla por lo bajo, con esta guasa: "Aquí no hay ningún paredón, tan sólo la arena maldita."

Preciosa, especialísima, digna de verse y reverse muchas veces, la relación de ideología-amor-ideología que va desarrollándose entre la soldado bolchevique Maruskha (Izolda Izvitskaya), cuya feminidad y talento más afinado consiste en abatir por disparos certeros a los enemigos que se le ponen a mediana distancia, y el apuesto, fino y elegante prisionero zarista o teniente Nikolayevich (Oleg Strizhenov, un hombre cuya belleza es casi de icono, cuasi-divina, delgado, de nariz recta, pelo rubio abundante e iris del color del mar, vamos un ejemplar ante el cual hasta la enemiga más encarnizada se humedecería sensual y sexualmente, de ahí que ella le confiese: "Tienes unos ojos peligrosos para las mujeres, penetran en el corazón, alteran el alma."). Desgraciadamente en esta religación de ideología y amor, entre dos ideologizado-enamorados, acaba imponiéndose de facto la fuerza de la ideología.

Sin duda es una película especial, extraordinaria; para mí de las cien mejores de la historia del cine.

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18 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
¿Sentimiento o reacción?
Chukhrai, logra con "El cuarenta y uno" que, en su primer tramo, el espectador pueda verse subyugado por un espectáculo brillante, donde la enorme plasticidad de la fotografía y los magníficos recursos expresivos que usa el cineasta soviético, plasman con veracidad, esmero y potencia el bagaje por el desierto de esos soldados que no parecen tener un destino concreto.
Los primeros planos de sus agotados rostros reflejan a la perfección el temor y la duda de pisar terrenos tan apáticos y moverse por una zona tan dura como es la desértica. Entre todos ellos, pero, se encuentra la enardecida tez de una combatiente que rehusa mostrar cualquier tipo de sentimiento y entre órdenes y avances a través de la escurridiza arena, va haciendo cuentas y anotando mentalmente a todos aquellos que son abatidos por su rifle.

Sus compases iniciales pues, son esperanzadores y dan un hipnótico prólogo al espectador para aferrarse a una narración compacta, un tremendo trabajo visual y una definición de sus escuetos pero trabajados personajes magnífica.

A partir de ese instante, y todo el tramo desarrollado en zona desértica, Chukhrai se sigue aprovechando de unos recursos que no sólo se los otorga ese magnífico uso de la iluminación, sino también su pericia en el momento de componer imágenes y otorgarles un sentido.
Sin embargo, es llegado su ecuador, cuando el relato empieza a perder enteros. No tanto por la pérdida de sus recursos mejor administrados, sino por la conversión de su narrativa en una narrativa tosca y fofa, que desaprovecha lo que podría haber sido un vigoroso retrato, y lo lanza por la borda buscando la construcción entorno a una relación de la que hasta ese momento apenas habíamos dilucidado nada.

Para colmo, el desarrollo de la relación entre ambos protagónicos se torna distendida y no deja destellos sobre sus caracteres que no hubieramos visto antes, simplemente se dedica a otorgar a su estructura el suficiente espacio como para que creamos que todo ello ha podido dar pié a algo... eso sí, en cuanto empieza a dejar algún que otro destello, a pocos minutos para el final, "El cuarenta y uno" recobra súbitamente su interés para rematar con una conclusión... indescriptible. Una de esas conclusiones que, ante todo, logran dejar un ligero poso de reflexión en el espectador preguntándose "¿Por qué?" e intentando generar una respuesta empática que, en mi caso, parece haber funcionado. De todos modos, en su final sigue habiendo algo que no me convence, pues tampoco penetra en mi como hubiese sido lógico...
Quizá sea cuestión de darle otra oportunidad.
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12 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil