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Pygmalion (1938)

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Sinopsis
Cuando el profesor Higgins, un especialista en fonética, conoce casuamente a Elisa, una vendedora de flores, la vulgaridad e incorrección de su lenguaje despierta extraordinariamente su interés. Decide entonces realizar un experimento con ella: transformar a Elisa hasta convertirla en una respetable dama de la alta sociedad. El trato que Higgins dispensa a la chica no es muy considerado: a él sólo le preocupa la dicción, el perfeccionamiento de la voz y el aprendizaje de exquisitos modales. Adaptación de la obra de teatro homónima de Bernard Shaw, en la que también se inspiró "My Fair Lady" (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Reino Unido Reino Unido
Título original:
Pygmalion
Duración
95 min.
Guion
W.P. Lipscomb, Cecil Lewis, Ian Dalrymple, Anatole de Grunwald (Obra: George Bernard Shaw. Diálogos: Kay Walsh)
Música
William Axt, Arthur Honegger
Fotografía
Harry Stradling Sr. (B&W)
Productora
Pascal Film Productions
Género
Drama Comedia Romance
6
Galatea
Dirigido por Anthony Asquith y Leslie Howard, el film se basa en la obra de teatro "Pygmalion" (1914), de George Bernard Shaw, que se responsabilizó de la redacción del guión. Se rodó en los Pinewood Studios (RU). Nominado a 4 Oscar, ganó uno (guión). El productor fue Gabriel Pascal y se estrenó en 1938 (RU).

La acción tiene lugar en Londres a lo largo de unos 6 meses, en 1937/38. El profesor Henry Higgins (Leslie Howard), especialista en fonética, apuesta con el coronel George Pickering (Scott Sunderland) que en 6 meses conseguirá que Eliza Doolitle (Wendy Hiller), vendedora callejera de flores, hable con el acento y dicción de una dama londinense. Transcurrido el tiempo establecido, la llevará a una recpción real en el palacio de Buckingham, donde nadie dudará de su alcurnia.

La película establece que se puede conocer el lugar de nacimiento y el grupo social de una persona por la forma de pronunicar las palabras que usa en el lenguaje hablado. La dicción identifica el origen y el grupo social de las personas, en 1938 y ahora, si bien en la actualidad la universalización de la enseñanza y la pulsación de la TV y de los medios audiovisuales han reducido las diferencias. Mediante el aprendizaje, toda persona, incluso la de extracción más humilde (la florista callejera) puede conseguir una pronunciación correcta y elevada, lo que le permite superar barreras sociales y laborales. Eliza acepta el reto de Higgins porque desea convertirse en vendedora de floristería. Medio año de trabajo intenso, ininterrumpido y esforzado, da los resultados previstos. Entre profesor y alumna se establece una relación de afecto, que da lugar a un atisbo de enamoramiento. El film está salpicado de comicidad y buen humor (baño de Eliza a manos de la Sra. Pearce, aturdimiento de Eliza ante un espejo, visita del padre, personaje de Aristid Karpathy, las bolas en la boca, el loro enjaulado, etc.). Eliza encarna la figura de una mujer independiente, autónoma, fuerte y decidida, capaz de realizar un gran esfuerzo de aprendizaje. No establece con Higgins relaciones de dependencia, no acepta el servilismo y no se deja deslumbrar ni por el dinero ni por la posición social.

La música, de Arthur Honnegger, es variada (percusión, cuerdas, órgano, viento y voz), avanzada temporalmente y adaptada a las resonancias de la acción. La fotografía, de Henry Stradling, realiza un gran esfuerzo de dinamización del relato con largos y notables travellings, encuadres inferiores y elevados, énfasis en escenas de movimiento colectivo (baile), la acumulación de acciones simultáneas de los actores (secuencia en Covent Garden) y el uso del collage para explicar el avance del aprendizaje de Eliza. Muestra la llegada de la reina mediante una imagen reflejada en un gran espejo, que realza la solemnidad de la ceremonia y la tensión de la prueba que Eliza ha de superar. El guión adapta con fidelidad la obra teatral, de la que se aparta sólo en la escena de cierre.
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12 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
El profesor y la florista
Creo que es muy superior a su versión musical, "My fair lady". Cuenta la historia mejor y en bastante menos tiempo, y además me creo a la protagonista tanto en el papel de florista callejera como en el de dama. Audrey Hepburn tiene tal elegancia innata que ni vestida de harapos me parece una humilde vendedora.

Las escenas de comedia me divierten, sobre todo ese baño mientras los gritos de Eliza se oyen desde abajo. Y el proceso de aprendizaje me interesa.

Mis momentos favoritos:

Eliza de espaldas a la cámara apretando los puños, tras haber oído al profesor felicitándose por el éxito obtenido como si el mérito fuera sólo de él.

Eliza diciendo: "La diferencia entre una florista y una dama no está en cómo se comporta, sino en cómo la tratan".
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10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
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