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Todas las mañanas del mundo (1991)

Sinopsis
Francia, Siglo XVII. Narra la historia del maestro de viola más importante de todos los tiempos y su relación con un alumno en la corte de Luis XIV de Francia. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Tous les matins du monde
Duración
115 min.
Guion
Pascal Quignard, Alain Corneau (Novela: Pascal Quignard)
Música
Jordi Savall
Fotografía
Yves Angelo
Productora
FR3 Films Production / Le Studio Canal+ / Sédif Productions / Divali Films
Género
Musical Drama Drama de época Siglo XVII Música
8
SON CAMINOS SIN RETORNO
A través del misterioso señor de Saint Colombe, de quien se ignora el nombre, esta película de Alain Corneau realiza una bella aproximación a la naturaleza del Arte. Presenta la música como “Ars Magna”, que permite transmutar el dolor y afecta a la manera de estar en el mundo, manera incompatible con la que usa la música como espectáculo, entretenimiento o malabarismo.

Toca también la necesidad de transmitir el conocimiento sin profanarlo, la relación crispada y conflictiva que surge entre maestro y discípulo, la duda sobre si éste merece ser instruido.

Todo el film es un extenso flasback: ya mayor, y saciado de triunfos cortesanos, el violagambista de la corte de Luis XIV, Marin Marais, evoca intensamente conmovido los años de complicado aprendizaje junto a la familia del señor de Saint Colombe, enigmático maestro de la viola. Enigmático porque estaba tan entregado a crear música que no se molestaba en anotarla. Crear música la mayor parte del día era su forma de vivir; y apasionadamente, además. Inventó la sujeción de la viola entre las piernas, añadió la 7ª cuerda y depuró la técnica del manejo del arco. Quería conseguir que el instrumento abarcase todas las inflexiones de la voz humana.
La muerte prematura de su esposa le había hundido el ánimo. En un rincón del jardín construye una cabaña de madera y allí pasa los días, tocando sus violas para moverse entre los mundos e invocar al espíritu de la amada. Jansenista vinculado a Port Royal, rechaza con inmenso desprecio la llamada del rey para que toque en su presencia. Como a mercachifles, expulsa desafiante a los mensajeros. “¡¡Díganle que su palacio cabe en mi cabaña!!”, les ruge.

Cuando el joven Marais se presenta con voluntad de aprender, el señor de Sainte Colombe recela: lo encuentra habilidoso, con ambición social, y le pronostica lucrativo éxito mundano. “Estás envuelto en música, pero no eres músico”. Intenta enseñarle a captar la música en los sonidos del agua, del viento (durante un paseo en que sopla, le señala el aria por encima del bajo), de los pasos, del pincel en el lienzo…

Jordi Savall se encarga de ejecutar magistralmente la selección musical, piezas del señor de Sainte Colombe, Marais, Lully y Couperin. Entre los actores sobresale un impresionante Jean-Pierre Marielle; también la clara fisonomía de Anne Brochett.

El texto, adaptado de la ‘nouvelle’ del filosófico novelista Pascal Quignard (Gallimard, 1991) tiene pulcra altura literaria. La recreación de la época, minuciosa en cada detalle de vestuario, muebles y edificios, con depurada fotografía de aire pictórico y frecuentes interiores iluminados por velas, es de exquisita estética y pide un ritmo sobrio y pausado, el idóneo para la casi humana voz de la viola.

(8,5)
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43 de 44 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
SEVERIDAD, VIOLA DE GAMBA E INSTROSPECCIÓN
«Todas las mañanas del mundo son caminos sin retorno». En esta frase se resume el argumento severo, artístico, musical, hemosísimo, centrado en los dos violagambistas franceses más notorios del siglo XVII, Sieur De Sainte-Colombe y Marin Marais (el primero maestro del segundo), además de la hija mayor de Sainte-Colombe, también violagambista, la cual mantuvo amores con el citado discípulo de su padre, Marin Marais, quien años más tarde fuera importantísimo músico de la corte del rey de Francia.

Impresionante film por dos cosas principales: la fotografía tan excelente y la música de la viola de gamba que nos cautiva el alma poniéndola en comunión con la tristeza, la nostalgia de lo que no vuelve y el misterio del más allá.

Estamos ante una película extraordinaria, un majar para los oídos, un regalo para los que gustan de la música serena, introspectiva, clásica, barroca. ¡¡¡Sensacional dirección musical!!!, nada más y nada menos que a cargo del mejor maestro de viola que hay en el mundo: el violonchelista y musicólogo español, especializado en la viola de gamba y en música antigua, Jordi Savall; éste toca composiciones suyas y también de Sainte-Colombe, Marin Marais, Jean-Baptiste Lully y Francois Couperin. ¡¡¡Una verdadera delicia para el estado meditativo!!!

Fej Delvahe
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30 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil