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Lejos de la Niebla (1941)

6,7
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Sinopsis
Jonah Goodwin (Thomas Mitchell) y Olaf Johnson (John Qualen) son dos pescadores a los que el gángster Harold Goff (John Garfield) extorsiona, exigiéndoles dinero a cambio de la protección de su barco. Temerosos de ir a la policía, deciden encargarse personalmente del asunto, tras descubrir que Goff se ha enamorado de la hermosa hija de Jonah (Ida Lupino). (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Out of the Fog
Duración
85 min.
Guion
Robert Rossen, Jerry Wald, Richard Macaulay (Obra: Irwin Shaw)
Música
Max Steiner, Heinz Roemheld
Fotografía
James Wong Howe (B&W)
Productora
Warner Bros. Pictures
Género
Cine negro Drama Crimen Pesca
7
Homme Fatal
Se han hecho un montón de filmes con la tradicional Femme Fatal, pero éste es de los pocos que se le da la vuelta a la tortilla y es un tía la que pierde el oremus por un pavo.

Además el Homme Fatal de la peli es John Garfield, o sea que no es precisamente un galán. Su encanto es que es malo y no lo esconde. Es un canalla sincero y descarado, y ya se sabe que eso obnubila a cierta clase de mujeres.

La gracia de la película es que no se nos presenta esto como el típico dramón pasional, sino que se centra más en el personaje de Thomas Mitchell, que es el padre de la chica con ardores, y su compinche de pesca, que son extorsionados por el mafiosillo Gardfield.

El tono es más de comedia, así que es ciertamente singular, porque combinar cine negro con comedia y que el resultado sea intrigante tiene su mérito.
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12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
El otro muelle de las brumas
Toda la niebla de los muelles no esconde el origen teatral de esta película cuya puesta en escena no es capaz de traducir en cine una trama que se queda en escenografía de entremés, limitación que prima el desarrollo de la historia hacia un cariz tan melodramático como ramplón en detrimento del envero noir que posee el film y que le hubiese servido de aderezo revitalizador. No así, asistimos a una peripecia que roza la parodia del cine de gánster tan poco creíble como los mal dirigidos Garfield y Lupino, forzados a interpretar la antítesis de la condición dramática por la que se consagraron y que, por contra, aquí representan respectivamente a un malvado de opereta y a una díscola con caletre de quinceañera. Este desajuste se acentúa aún más si comprobamos que la pareja es literalmente engullida por Thomas Mitchel y John Qualem, lo mejor de la película pese a alguna caída en lawrenhardysmo. En conjunto “El mar es testigo mudo” resulta un producto fallido por simplista, previsible y teatral (¿dónde estaba Robert Rossen?), pero Litvak en su itinerante carrera por países y géneros fue siempre más pretencioso que eficaz.
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8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil