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Barton Fink (1991)

Sinopsis
En 1941, Barton Fink viaja a Hollywood para escribir un guión sobre el luchador Wallace Berry. Una vez instalado en el Hotel Earle, el guionista sufre un agudo bloqueo mental. Su vecino de habitación, un jovial vendedor de seguros, trata de ayudarlo, pero una serie de circunstancias adversas hacen que se sienta cada vez más incapaz de afrontar su trabajo. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Barton Fink
Duración
113 min.
Guion
Joel Coen, Ethan Coen
Música
Carter Burwell
Fotografía
Roger Deakins
Productora
Circle Films
Género
Drama Cine dentro del cine Años 40 Literatura
9
Una de las obras más reconocidas y densas de los hermanos Coen
Film independiente, cuarto de los hermanos Coen. Se rodó en los estudios Culver, City Hall y LA (California), con un presupuesto de 9 M dólares. Nominado a 3 Oscar, ganó en Cannes 3 premios (Palma de oro, director y actor).

La acción tiene lugar en NYC y en LA, en 1941, época dorada del cine americano. Narra la historia de Barton Fink (John Turturro), autor teatral de cierto éxito en Broadway, reclamado como guionista de películas B por un estudio de Hollywood. Empeñado en escribir obras que reflejen el alma del ciudadano medio, recibe el encargo de elaborar un guión sobre la vida del púgil de lucha libre Wallace Berry. Alojado en una habitación del hotel Earle, viejo y sombrío, cae en un estado de colapso creativo que le sume en la postración y desmoralización. A esto se añaden ruídos extraños, las visitas intempestivas del huésped de la habitación contigua, Charlie Meadows (John Goodman), la falta de apoyo del realizador Ben Geisler (Tony Shalhoub), los desoladores consejos del veterano guionista W.P. Mayhew (John Mahoney), la retórica hueca del presidente de Capitol Pictures, Jack Lipnick (Michael Lerner) y la visita de dos agentes de policía que investigan los crímenes de Karl Mundt, "Mundt el loco".

La película parodia el mundo de Hollywood, poblado de directivos fatuos e incompetentes; realizadores sin ideas; muchos más guionistas de los necesarios; el alcoholismo como respueta a la frustración; la búsqueda obsesiva del éxito de público; la reiteración de temas y argumentos tópicos. En un nivel más profundo se explica el papel del buen guionista ("que trabaja con dolor, sacando a la superficie verdades ocultas de la vida"). En un tercer nivel se critica con sorna el antisemitismo, el militarismo, la fuerza bruta, las burlas del trabajo intelectual, la violencia doméstica. Mediante símbolos se explica el desmoronamiento interior de Barton (papel de la pared, cola derretida), el coito de Barton y Audrey (lavamanos), el alcoholismo a la romana (urinario), las masturbaciones de Barton (manchas del muro), la mente en blanco de Barton (gafas sobre almohada) y la presencia de la locura asesina (incendio dantesco). Destacan los ambientes sórdidos y opresivos, reforzados con la presencia de elementos perturbadores, como el vuelo invisible del mosquito, mosquitos necrófilos, paquetes misteriosos, llamas que no consumen lo que queman, timbres de sonido interminable.

La música ofrece composiciones sutiles y pausadas, con abundantes solos, que evocan sentimientos del protagonista. La fotografía se apoya en encuadres muy cuidados, movimientos de cámara sorprendentes, planos picados y "travellings" cenitales, preferencia por la geometría y por los marrones, grises y dorados. El guión contiene diálogos de dobles y triples intenciones, con toques de humor negro y macabro. La interpretación de Turturro, premiada en Cannes, es excelente y es brillante la de Goodman.

Densa y compleja, es una de las obras más reconocidas y estimadas de los Coen.
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232 de 273 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Con cara de gilipollas
"Barton Fink" es una enrevesadísima historia solo apta para "gafapastas" de pura cepa, pseudointelectuales amaestrados y fervientes aduladores de los hermanísimos Coen. Si bien "Sangre fácil", "Muerte entre las flores" y "Fargo" pueden catalogarse con total merecimiento como verdaderas obras maestras -de culto diría yo-, "Barton Fink" expele cierto tufillo a tomadura de pelo. No sé, tal vez me equivoque. Es más: quisiera equivocarme, rectificar y así coincidir sin ruborizarme con las valoraciones de cinéfilos de tomo y lomo como Miquel, Listo Entertainment o Bloomsday, que la tienen allá arriba, en los altares. Os prometo volver a verla más adelante, pienso darle una segunda oportunidad. Sin embargo, a día de hoy y consciente de mi insolencia y/o necedad, la película de los Coen me parece pretenciosa, tramposa, defraudadora y deliberadamente caótica.

¿ Por qué ? Porque partiendo de un sustrato argumental absolutamente prometedor e interesante ( los entresijos del proceso creativo, el pánico al fracaso ), los Coen acaban cebando su vástago con excesivas metáforas, alegorías y lecturas paralelas que no hacen más que sembrar el desconcierto, zancadillear el ritmo narrativo e impedir que la comunión espectador-película llegue a buen puerto.

Aún así, reconozco y valoro muy positivamente las impecables interpretaciones de Turturro y Goodman, así como la meticulosa escenografía "made in Coen" y ese humor negro, negrísimo, casi surrealista, que compensa ampliamente otras deficiencias. Sin embargo, y eso es lo que me mosquea, todo ello no logra mitigar la desagradable sensación de imaginar la cara de gilipollas que a un servidor se le quedó al término de visionar esta película.

Acato solemnemente la correspondiente pérdida de puntos de mi carnet de cinéfilo y espero redimirme de mi herejía tragándome en sesión contínua y de una sola tacada "Persona", "Solaris" e "Inland Empire" y si ello no es suficiente, me comprometo a servir cafés todos los domingos por la tarde sin cobrar ni un solo euro en la sede del CROF.
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