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La edad de oro (1930)

La edad de oro
Trailer
7,3
4.012
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Sinopsis
Después de un prólogo documental sobre las costumbres del alacrán, unos bandidos descubren a un grupo de arzobispos orando en un acantilado. La fundación de la Imperial Roma, celebrada en el sitio donde oraban los clérigos, se ve interrumpida por los lances amorosos de una pareja que es separada. El hombre es conducido a prisión pero logra escapar y se refugia en casa de su amada. Durante una fiesta, la pareja intenta consumar su pasión sin éxito. Finalmente, los sobrevivientes de una criminal orgía, entre los que se encuentra el duque de Blangis, salen del castillo de Selliny. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
L'Âge d'or (La edad de oro)
Duración
62 min.
Guion
Luis Buñuel, Salvador Dalí
Música
Georges Van Parys
Fotografía
Albert Duverger (B&W)
Productora
Vizconde de Noailles
Género
Drama Surrealismo Sátira
7
Surrealismo grosero (como debe ser).
Buñuel se despacha a gusto en esta baratísima cinta con el clero, la burguesía, el poder, la patria, la familia... Es un auténtico manifiesto surrealista de controvertido resultado que en su día debió causar pesadillas por sus referencias acerca de la iglesia, la forma de vivir el amor por encima de otros condicionantes, las castradoras formas a mantener en las relaciones sociales, las referencias sexuales, fetichistas etc.

Nuestra cultura es zarandeada por Buñuel y Dalí de una forma despiadada. Quizás a un espectador actual no le parezca tan escandalosa pero ¡es de 1930!. En todo caso, y siempre según el propio Buñuel, la colaboración entre el director y el pintor no fue en esta ocasión tan estrecha como en “Un perro...”, al parecer la excesiva influencia de Gala en el pintor y su tendencia a un exagerado esteticismo provocó que Buñuel escribiera el guión y que Dalí contribuyera con ideas sueltas al mismo.

Para esta película Buñuel no siguió exactamente el mismo sistema de asociación de ideas que para “Un perro...”, no basta aquí con hacer surgir imágenes irracionales sino que en la “Edad...” hay un hilo conductor que va uniendo escenas a través de detalles y la crítica social aparece de forma más evidente (o aparece a secas, ya que Buñuel insistió mucho en que Un perro andaluz no tenía tal crítica social y que debía disfrutarse desde la perspectiva del poder de las imágenes, sin interpretaciones).

La película tiene hallazgos visualmente importantes, pero no todos tienen un sentido concreto, muchos son simplemente ideas que por sí mismas debían provocar efecto en el espectador.

La cinta fue financiada por una familia aristócrata muy liberal que tuvo serios problemas (con la iglesia por supuesto) una vez la película fue proyectada, con un grupo de ultraderecha asaltando uno de los cines en que se exhibió. Está claro que en aquella época se escandalizaba con poquito pero, aún así, la audacia de Buñuel está fuera de toda duda.
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53 de 62 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
L'AMOUR BRUT
Tras el éxito de “Un perro andaluz” en los círculos artísticos parisinos, el vizconde de Noailles puso los francos para otra película surrealista.
Buñuel no quería hacer arte sino “realizar una cinta romántica con frenesí surrealista”. O sea, la escenificación filmada de “l’amour fou”, canon erótico de Breton y su grupo.
A diferencia de la salvaje eclosión de la obra precedente, “La edad de oro” tiene episodios en progresión narrativa, unas veinte ideas-gag (y de todas ellas sólo una del borrado Dalí, la del gorro de piedra).

Tras una exposición documental de la vida de los escorpiones, en la dimensión humana son presentados unos obispos, en el pelado roquedal del Cabo Creus, y una banda de guerrilleros enfermos, con cachirulo. En el lugar desembarca una comitiva de autoridades mallorquinas para una ceremonia fundacional, junto a los esqueletos de los obispos: la primera piedra de la Roma imperial y vaticana, con discurso de un bigotudo exaltando la propiedad. El discurso es cortado por las sonoras efusiones de una pareja que en plena cópula se revuelca en el fango, un fango tratado con sugerencias escatológicas. Por separado, unas monjas se llevan a la joven y dos policías al hombre, quien lleno de frustración dará patadas a perros y pisoteará escarabajos. En adelante, los amantes lucharán por reencontrarse y, contra viento y marea, continuar sus revolcones.

El afán de ese amor ‘fou’ por zafarse de los guardianes de la moral que se les interponen dará varias escenas a la historia del cine:
-La vaca en la cama del suntuoso dormitorio.
-El espejo que no refleja a la mujer sino una sonora tormenta de nubarrones.
-La patada del violento amante frustrado a un ciego.
-Un carromato de arrieros cruza un salón palatino.
-Un guarda jurado y un niño que le estorba el fumar.
-Los amantes ruedan por el jardín entre estatuas y sones de Wagner.
-El ministro del Interior al teléfono.
-El amante iracundo arroja todo por la ventana: un árbol en llamas, un arado, un obispo, una jirafa...

En el final episodio sadiano, a partir de las 120 jornadas, un tanto descolgado, unos libertinos abandonan el castillo de Sellini tras una de sus extenuantes orgías.
Junto a la exaltación del amor sensual e impulsivo, Buñuel incrementa aquí sus proverbiales arremetidas antirreligiosas. Las referencias directas a símbolos cristianos provocaron gran escándalo. El gobierno secuestró la película y prohibió su exhibición.
La medida, esperable tratándose de un film vocacionalmente subversivo, estuvo vigente en Francia hasta 1981.
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32 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil