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El círculo del poder (1991)

El círculo del poder
Trailer
6,4
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Sinopsis
Basada en hechos reales. Crónica sobre la vida de Ivan Sanshin, un leal ciudadano soviético que fue el operador cinematográfico de Stalin. Filmada en el Kremlin. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Unión Soviética (URSS) Unión Soviética (URSS)
Título original:
The Inner Circle
Duración
137 min.
Guion
Andrey Konchalovskiy, Anatoli Usov
Música
Eduard Artemev
Fotografía
Ennio Guarnieri
Productora
Coproducción Unión Soviética (URSS)-Estados Unidos-Italia; Mosfilm / Columbia Pictures Corporation / Numero Uno International
Género
Drama Biográfico Años 30 Basado en hechos reales
9
La luz y la sombra de Iósif Stalin
Para contar la historia de un controvertido revolucionario, qué mejor que basarse en hechos reales contados por un hombre tan cercano que, no sólo fue su proyeccionista durante largos años, sino que llegó a hacer parte de su Círculo Interno (The Inner Circle). Aleksandr Ganshin (Ivan Sanshin en la película), conoció cara a cara a Iósif Stalin, sintió su aroma de líder aguerrido y respetado, pero también llegó a temblar con esa mirada escrutadora y con esas afiladas y certeras palabras que, en ciertos momentos ponían, a quien erraba, a sentir el frío de la muerte.

Ivan Sanshin, hombre modesto, experto en el manejo de cámaras reproductoras de películas, casado con la noble Anastasia, y amigo de los Gubelman, cuya hija Katya pronto quedará huérfana cuando se sepa que sus padres son opositores al régimen, “ama” a Stalin de la misma manera como tantísimas personas “aman” a Dios: Con ciega veneración y con profundo temor. Para él, como para sus seguidores incondicionales, Stalin es la luz del pueblo, su protector invencible, y el proveedor de todo cuanto necesita. Pero, muy dentro suyo y aunque se niega a reconocerlo, Sanshin siente que, el verdadero amor, es otra cosa y que se parece más a lo que por él manifiesta su esposa o al compromiso osado e irrestricto que la misma Anastasia asume con la pequeña Katya.

Rodada en el mismísimo Kremlin, con esmerada precisión, milimétricamente medido cada movimiento para no sobrepasarse en la luz ni en la sombra que hacían parte de su cuestionado y alabado, odiado y admirado personaje, el director ruso Andrei Konchalovsky, pone en escena los alcances revolucionarios de Stalin, su buen gusto artístico, su generosidad con los leales… al tiempo que entrecruza su temida intolerancia, su predisposición a arrasar con los detractores del sistema, y el abuso de poder que ejercieron algunos de los colaboradores que llegaron a hacer parte de su particular Círculo Interno.

La historia ahonda, de manera eficaz y muy significativa, en el carácter de sus protagonistas, haciendo que logremos sentirlos como personajes de carne y alma; y lo que ocurre, en escena, es tan intenso y sentido que casi podemos penetrar en sus corazones y en sus mentes como si fuéramos nosotros mismos los que estuviésemos viviendo aquella dramática historia.

Tom Hulce, exaspera con su candidez, pero brilla cuando sentimos que su conciencia comienza a expandirse. Lolita Davidovich, nos da ejemplo de la mujer objetiva, leal única y exclusivamente a sus sentimientos y emociones; y Aleksandr Zbruev, representa al líder de la, por entonces, Unión Soviética, como esa clase de hombre que se odia o que se ama... pero, al que nadie puede mirar con ojos indiferentes.
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15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Una de círculos del poder
Está basada en una historia real y la recomiendo a aquellos cinéfilos de la 2ª Guerra Mundial, justo cuando Stalin dejó de joder a sus propios paisanos, cuando Rusia terminó de consolidarse ese estado-guía, y cuando el nazismo tenía los días contados.

Se plasma ese comunismo creador del miedo, las conspiraciones, los obstáculos de la gente sencilla y la transformación del amor de una pareja (Tom Hulce y Lolita Davidovich), en la vejación de la mujer por la supervivencia en el mundo cruel de ese tiempo.

La película es un clima de temor constante a sufrir la acusación de cualquier conspiración contra el amo Stalin, y transcurre en esa vida diaria llena de desconfianza entre todos, obligados a buscar constantemente un ámbito de privicidad que jamás existiría.

Destaca el papel de Bob Hoskins como el comisario ruso Beria y el de Lolita Davidovich.
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11 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil