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La coleccionista (1967)

La coleccionista
Trailer
7,3
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Sinopsis
Adrien y Jenny forman una pareja estable, pero han decidido pasar el verano separados. Adrien, propietario de una galería de arte, quiere estar un mes tranquilo sin hacer absolutamente nada. Sin embargo, al llegar a la casa de campo de un amigo se encuentra con Daniel, un pintor conceptual, y con la joven Haydée, una guapa chica con mucho éxito entre los hombres. Ante la actitud aparentemente indiferente de Adrien, Haydée parece aceptar los propósitos de serenidad y descanso declarados por los dos hombres. Poco a poco, sin embargo, Adrien acaricia en su imaginación la idea de que Haydée pretende seducirle, añadiéndole a su "colección". (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
La collectionneuse
Duración
82 min.
Guion
Éric Rohmer
Música
Blossom Toes
Fotografía
Néstor Almendros
Productora
Les Films du Losange
Género
Drama Romance Comedia Drama psicológico Nouvelle vague
Grupos  Novedad
Cuentos morales de Eric Rohmer
8
Una película hablada.
La laxitud del protagonista es una forma de arrogancia. Su peculiar atalaya de rigidez moral e intelectual desde la que analizar constantemente e imponer su afectado narcisismo (algunos pueden decir que el cine de Rohmer tiene mucho que ver con la actitud del protagonista). Pero la vulnerabilidad que todo ser humano lleva dentro aparece, casi sin darnos cuenta, en las caderas de una chiquilla caminando por la playa, en sus silencios, en sus miradas lánguidas. El instinto se libera incluso en las mentes más racionales, venciendo las ansias de presuntuoso letargo, hasta con las putitas más desaconsejables.

Rohmer articula este cuento moral con su habitual serenidad, simplicidad y frialdad. Su problema no creo que sea tanto el aburrimiento o los diálogos estirados sino, quizás, que nos plantea las cuestiones que le interesan desde una cierta separación emocional (sus reflexiones excitan lo racional y no lo emotivo) y, no voy a negarlo, una artificiosa complejidad que no siempre es tal finalmente. El dilema moral planteado es claro, pero su desarrollo es complejo por los ampulosos diálogos que a veces aportan pero otras simplemente rellenan. De todas formas tiene mucho encanto y tampoco soy yo de los que piden que le cuenten las cosas del mismo modo siempre. El “toque Rohmer” (elitista y afectado) me parece artificial sí, pero irresistible a ratos.

Hay una fascinación por la protagonista por parte del director. El inconveniente es que la actriz representa un mero papel secundario desencadenante del problema moral pero sin hálito alguno. Un elemental, y bello, adorno retratado desde, incluso, la fascinación (vaya inicio a lo Godard!!), pero absolutamente plano el personaje. Y en esto nunca caería el cine americano de la época, menos reflexivo en apariencia, en el que ese personaje femenino sería tratado como debe. Menos diálogo sobre la ética y más desarrollo de personalidades. Y es que una adecuada descripción de Haydée es tan importante para representar el dilema como las peroratas de esos dos snobs de medio pelo. También, es cierto, puede argüirse que ese personaje femenino sin pulir está dibujado así para no despistar con respecto a la encrucijada del protagonista, para comprender mejor la fascinación por esa chica a la que no entendemos y de la que apenas sabemos nada. Insisto, esto puede ir a favor de la reflexión, pero no de la emoción. Y ni siquiera estoy de acuerdo en que Rohmer retrata el erotismo. Rohmer nos muestra situaciones aparentemente eróticas, pero no extrae goce sensual de ellas ya que la imagen en su cine va por detrás de las palabras.

Rohmer habla del ser humano (mejor o peor según los casos y opiniones), y cada uno habla de ese tema como le da la gana. No me parece cine exclusivamente para intelectuales. Creo que se puede disfrutar más allá de ese tópico.

A veces engañabobos, a veces certero analista de la condición humana. Siempre aburrido, siempre interesante. Eric Rohmer es francés. Y se nota.
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56 de 65 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
VERANO, AMOR Y 'DOLCE FARNIENTE'
Del ciclo ‘Cuentos Morales’, “La coleccionista” se ajusta al esquema común a las seis películas que lo componen: un hombre vinculado a una mujer se interesa por otra, o permite que ésta se interese por él. Y este episodio de amor amagado, con el correspondiente desenlace fijo, constituye el núcleo de cada film del ciclo.

Al llegar el verano, el anticuario y galerista Adrien decide no acompañar a Londres a su novia, fotógrafa, y descansar unos días en una casa prestada, en la Costa Azul. Allí coincide con un amigo, Daniel, artista conceptual poco activo, y la joven Haydée, presentada al espectador en el prólogo, a partir de su físico, mediante una sucesión de intensos planos cortos de su cuerpo, tomados mientras pasea por la playa en bikini (no obstante, ella lee en ratos muertos un ensayo titulado “El Romanticismo Alemán”).
Mientras conversan, como filósofos natos, sobre el vacío existencial, la importancia de poseer un carácter cortante, la imposibilidad de interesarse por lo desprovisto de belleza, o sobre la conveniencia de no pensar, dejándose llevar hacia la nada absoluta, etc., Adrien y Daniel manifiestan escaso interés por Haydée, a quien encuentran elemental.
Ella sale cada noche con un amigo distinto y lleva una desenvuelta vida amorosa. Aspira a mantener un trato sencillo y normal con la gente.

Aparte del alto nivel intelectual de la película, de las formas elaboradamente naturales con que muestra Rohmer su pensamiento, “La coleccionista” mantiene hoy interés sociológico.
El film es de hace 40 años, de la época del Simca 1000 y del Mehari (modelos de coche que aparecen en pantalla), pero con su característica ponderación el director plantea una cuestión que sigue actual: un hombre que ejerce sin ataduras su libertad sexual, y disfruta de numerosas relaciones, tiende a ser visto como tipo meritorio, conquistador y envidiado. A una mujer que hace lo mismo se la considera una buscona a quien todos usan, “una de esas mujeres que se comparten” (“una coleccionista, una putita sin moral”).
Esta doble vara se nota en el proceder de los protagonistas masculinos quienes, por resabios machistas, se preguntan si no deberían intentar la seducción de la chica, y no dejan de revolverse con violenta arrogancia si sospechan que pueda ser ella quien esté llevando la iniciativa en el juego erótico.

La ambientación propicia el lánguido flirteo: una casona aislada, sin apenas amueblar; sol, chicharras, cala escondida, moscas, calma, agua marina transparente, tumbonas, Obras Completas de Rousseau a la sombra de un árbol…

Todo ello, intelectual y al mismo tiempo visual y cinematográfico, lo expone Rohmer sin entrar a juzgar actitudes, mediante su lenguaje sobrio, libre de tópicos y ornamento, con la colaboración de los actores (aportaron contenidos propios a los abiertos diálogos de los personajes) y con la contribución esencial de Néstor Almendros a la hora de reflejar la luz densa y sensual del verano mediterráneo.
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37 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil