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Alfred Hitchcock presenta: Father and Son (1957)

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Sinopsis
Londres, 1912. Joe Saunders se niega a prestar dinero a su hijo Sam, quien está ansioso por impresionar a una cabaretera.
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Father and Son
Duración
30 min.
Guion
Obra: James P. Cavanagh. Historia: Thomas Burke
Fotografía
John L. Russell (B&W)
Productora
Shamley Productions. Distribuida por CBS [USA] / Universal Pictures Home Entertainment [USA]
Género
Thriller Intriga Crimen
7
Codicia desesperada
Alfred Hitchcock presenta: Father and son (Padre e hijo), temporada 2, episodio 36, dirigido por Herschel Daugherty en 1957. Tras saludar, Hitch pide ayuda a la audiencia para localizar un secundario, imprescindible para una acción deportiva que tiene previsto realizar con el artilugio que sostiene entre las manos. Encontrado el secundario y realizado el ejercicio, no parece que el resultado sea el más óptimo, por lo que decide definitivamente cambiar de práctica; pero antes, el poco tiempo que le queda a nuestro anfitrión lo dedica a presentar la historia de hoy desarrollada en un entorno familiar muy contrastado.

En toda relación familiar se producen ocasionalmente situaciones de alto riesgo, la no comunicación, los reproches, el descarado recurso al mal uso de la conciencia, la moral o el sentido de responsabilidad mal empleado, además del interesado aprovechamiento social que hace de la situación Sam Saunders (Charles Davis), un hijo que sobrevive a base de falsas promesas y continuos reproches a la conciencia de su padre el señor Joe Saunders (Edmund Gwenn), de quien depende pecuniariamente para poder cumplir los ocultos deseos materiales que tanto le perturban. Situación filmada con acertados primeros y primerísimos planos junto los necesarios planos detalle entre otros, donde Herschel Daugherty dramatiza convincentemente la narración surgida de James P. Cavanagh y Thomas Burke (obra e historia respectivamente).

Mae (Pamela Light) vive al día, las promesas de su enamoradizo Sam, no son suficientes para satisfacer sus necesidades. En su desesperación el desdichado protagonista cree dar con la solución a la pobreza económica que le persigue, cumpliendo así las promesas hechas a su admirada artista de la escena, por la que haría cualquier cosa. La oportunidad para cambiarlo todo se presenta en casa de los Saunders inesperadamente: Gus Harrison (Frederick Worlock) antiguo amigo del señor Saunders pide cobijo, ocultándolo temporalmente de la justicia. Desde la compinchada sombra Sam asiste a la situación creada percibiendo inmediatamente el beneficio que podría obtener de ella, ayudándose asimismo, provocando un percance que lo cambiará todo. Se trata pues, de una desgarradora historia donde el plano contraplano es fundamental para entender la fría relación entre padre e hijo creando el perfecto retrato sobre la codicia desesperada de un patán en la necesidad de redimirse ante la aplastante realidad que nos ofrece la historia de nuestro holgazán protagonista en su tramo final.

Nuestro conmovido Hitch, tratando de aclarar lo sucedido por las relaciones familiares, nos ofrece un convincente resumen sobre el ocioso protagonista y su paciente padre mientras saborea una sana y vistosa fruta que siempre le beneficiará en sus actividades deportivas. En ese estado de cosas Hitchcock se despide desde la convicción que próximamente veremos “una nueva y dulce historia”.
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