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Tarzán de los monos (1932)

Tarzán de los monos
Trailer
6,7
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Sinopsis
James Parker y Harry Holt organizan una expedición a África para hallar un cementerio de elefantes que les proporcione el suficiente marfil para hacerse ricos. La bella hija de Parker, Jane, se une a ellos de forma inesperada y despierta una atracción inmediata en Harry. Pero un hombre mono llamado Tarzán y sus amigos simios secuestran a la chica. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Tarzan, the Ape Man
Duración
99 min.
Guion
Ivor Novello, Cyril Hume (Personaje: Edgar Rice Burroughs)
Música
William Axt
Fotografía
Harold Rosson, Clyde De Vinna (B&W)
Productora
Metro-Goldwyn-Mayer
Género
Aventuras Simios Animales
Grupos  Novedad
Tarzán
La adaptación del famoso personaje de Edgar Rice Burroughs, protagonizado por un imponente campeón olímpico de natación, supuso un título clave del género de aventuras. Considerados unánimemente Weissmuller y Sullivan como la mejor pareja Tarzán-Jane de todos los tiempos, esta primera entrega fue, además, la primera de una larga continuación de aventuras del legendario rey de la selva. La serie que empezó con la Metro-Goldwyn-Mayer pasó luego a la RKO, Maureen O'Sullivan llegó a dejar en los años cuarenta su personaje en busca de otros papeles más "serios", pero para la historia del cine Weissmuller fue, desde esta película, sinónimo de Tarzán.
[FilmAffinity]
7
The sounds of the jungle
Creo que no he vuelto a ver ninguna peli de Tarzán desde que tenía -qué sé yo- ocho, nueve o diez años, pero de lo que estoy seguro es de que las he visto todas. Absolutamente todas. Sin excepción. Y si puedo afirmarlo con tanta rotundidad es porque, afortunadamente, mi infancia cinéfila se nutrió a base de clásicos como Tarzán. Clásicos para todos los públicos que los dos únicos canales de televisión reponían una vez tras otra y que ejercieron, sin lugar a dudas, una importantísima labor de pedagogía cinéfila en la formación de futuros amantes del séptimo arte.

Permitidme, por consiguiente, que haga hincapié en el inestimable papel de esos dos canales de televisión porque –aunque no me mueve ningún interés personal en el ente público ni jamás se me ocurriría defender ningún tipo de monopolio- he de admitir que, para mi, su influencia fue vital. Tan vital que me atrevería a certificar, incluso, que de no ser por la programación cinematográfica de la tele en los años setenta y ochenta un servidor -hoy en día- no sería cinéfilo. Y no lo sería porque la programación cinematográfica de las televisiones públicas es, en la actualidad, una auténtica basura. Entre otras cosas porque las escasísimas pelis de cierta calidad quedan relegadas a horarios intempestivos y lo que prima en las parrillas de máxima audiencia infantil o juvenil es, por desgracia, una verdadera bazofia. Así, mientras yo tuve ocasión de disfrutar tardes memorables gracias a “Solo ante el peligro”, “El vuelo del fénix”, “King Kong”, “La reina de África”, “Rio Bravo” o “Tarzán de los monos”, los desdichados niños de hoy en día no tienen más remedio que refugiarse en el nauseabundo Disney Channel si quieren evitar ser salpicados por toda la mierda que esparcen y airean día sí, día también, esos inmundos y putrefactos programas de telecarroña que parecen haberse asentado indefinidamente en nuestras largas y deprimentes sobremesas.

Y aunque no me considero ningún recalcitrante nostálgico de los viejos tiempos, lo que tengo muy claro es que si hoy soy cinéfilo, lo soy -en parte- gracias a naderías tan insignificantes como el tañido de los tambores en la selva, el barrito de los elefantes o el peculiar alarido de un plusmarquista olímpico en taparrabos. Posiblemente, mis recuerdos cinematográficos más remotos.
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40 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Pitilín, pitilín… ¿está Conchita? No. Está con Tarzán.
Cómo me pone Jane… uff..
Ya sé que a alguno de vosotros le pone Weissmuller, y a otros Chita, sobretodo en esta red de depravados, pero a mí me pone Jane.

La infancia está ahí latente, y al escuchar el TAM TAM de los tambores y ver la jungla en blanco y negro, pues te sale, y eres un infante de nuevo, y lo ves todo con ojos inocentes y te cuelgas de la cadena del retrete gritando ahhhhahhh ahh ahhh y la parienta te da una colleja por taparte los huevos con un trapo de cocina y te castiga poniendo Baila quien baila en la primera de principio a fin y sin zapear. Pero tú has vuelto a ser feliz por un ratito.

Weismuller fue elegido entre cientos de aspirantes, y como él era el mejor nadador de todos, pues ganó el casting, aunque no lo entiendo muy bien, porque para dar dos brazadas en una charca podían haber pillado hasta a Mickey Rooney...
Hoy Tarzán lo interpretaría Michael Phelps, pero claro, éste es un tío muy feo, a parte de estar muy mal hecho, y Jane se pensaría que es un gorila más. Entonces habría que contratar a la tía esa que ha envejecido fatal y se sentaba de cháchara con los monos, pero a esa ya no se la puede ver sin Alien al lado, y el presupuesto al final se dispararía, reduciendo en consecuencia el de los efectos especiales, que volverían a ser demenciales, a la par del disparate de mezclar cebras con mutantes clónicos del espacio exterior, en plan $pielberg, y para eso, como que nos quedamos con el clásico.

Pero cutre, lo que se dice cutre, y excesivamente demencial, es la barca de Tarzán del parque de atracciones de Madrid, donde los chavales saltan al decorado y te escupen desde el puente o escenifican que el cocodrilo de plástico les está comiendo el nardo cuando al pasar las abuelas con sus nietos el aligator ruge.

Jane. El día que ví en un documental que tuvieron que ponerle unas bragas negras, no sé si en un segundo rodaje o pintadas a mano, porque se le veía el culo y que cortaron varias escenas en las que salía desnuda, o se le veía un poco de pezón, casi me da algo. ¡Quiero ver el culo o el casi pezón de Jane! ¡Queremos los rollos originales!
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49 de 67 usuarios han encontrado esta crítica útil