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Nymphomaniac. Volumen 2 (2013)

Nymphomaniac. Volumen 2
Trailer
6,6
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Sinopsis
Historia de una ninfómana contada por ella misma. Una fría noche invernal, un viejo solterón (Stellan Skarsgård) encuentra en un callejón a una joven (Charlotte Gainsbourg) herida y casi inconsciente. Después de recogerla y cuidarla, siente curiosidad por saber cómo pudo haber llegado a semejante situación; escucha atentamente el relato que ella hace de su vida, una vida llena de conflictos y turbias relaciones. Para su estreno comercial se dividirá en dos partes, aunque hay una versión completa de cinco horas y media que sólo se verá en algunos actos culturales. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Dinamarca Dinamarca
Título original:
Nymphomaniac - Volume II / Nymphomaniac (2)
Duración
124 min.
Estreno
24 de enero de 2014
Guion
Lars von Trier
Fotografía
Manuel Alberto Claro
Productora
Coproducción Dinamarca-Alemania-Francia-Bélgica; Zentropa Productions
Género
Drama Erótico Drama psicológico Secuela
7
La película es mía y me la f***o como quiero.
Aviso: La parte sin spoiler tiene spoilers del primer volumen.

Si me preguntaran con qué película Lars Von Trier ha disfrutado más escribiéndola y dirigiéndola creo que diría que ésta sin lugar a dudas. Al igual que Tarantino con Kill Bill, aquí encontramos al Lars Von Trier más auténtico y completo de su carrera. Ha llevado la posmodernidad a un nivel más personal y para llevar a cabo su historia no le tiembla la mano a la hora de mezclar géneros y estilos que puedan chocar al espectador (aunque ya está acostumbrado al modo en que se las gasta el danés). El drama y la comedia negra van juntos de la mano en un relato explicado desde el pesimismo y la depresión, la obsesión que es capaz de poseer e invadir a la voluntad humana, al raciocinio, la entereza y la cultura humanizada en la figura del viejo Seligman.
Se establece pues una interesante dicotomía, dos formas totalmente distintas de enfrentarse a la vida, el pesimismo lastrado por las inclemencias de un cuerpo que domina a su mente y el optimismo del hombre recto, culto, leído y calmado, capaz de analizar cada situación a través de metáforas y elementos artísticos.
El relato de la ninfómana se desarrolla a partir de ocho capítulos, cada uno con su personalidad propia, tanto de estilo como de contenido. A Lars Von Trier le apetecía introducir un elemento cómico que ocupara un parte importante del metraje y encaja a una Uma Thurman en uno de los capítulos más curiosos y divertidos del film, pero no contento con esto, en el siguiente capítulo vemos un blanco y negro muy inicio killbilliano volumen 2 que finaliza con una de esas escenas que no sabes si admirar u odiar, pero que no te deja indiferente, que te remueve por dentro y admiras la belleza de la imagen y te horrorizas por el contenido de ésta (sí, estoy hablando de la gotita que cae por la pierna). Si querías ser trangresor Lars, de verdad que lo has sido. A todo esto, decide amenizar la película con penes, decenas de penes, bellos, feos, gordos, delgados, negros, blancos y amarillos. Y mi novia me mira como diciendo “¿pero qué cojones es esto?” y yo le miro con cara de “es su película y se la f***a como quiere”. ¡Y bien que hace!
La historia trata sobre una adicta al sexo, que en sus inicios se vale de los demás para conseguir sus objetivos, se centra en el sexo como casi un sustituto del amor hasta que finalmente se siente traicionada por sus propios sentimientos (curiosidad: Joe raja de mala manera de aquellas chicas del club que se han acostado más de una vez con el mismo hombre, pudiendo caer en ese inenarrable sentimiento llamado amor. Pues resulta que Lars Von Traer es cofundador del Dogma95, y al igual que Joe con el club de ninfómanas, ha abandonado por completo su manifiesto). “Vulva vulva, mea vulva”.
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59 de 67 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Todo sobre mi (). Parte 2
Si consideramos el primer volumen como un fálico tren en el que el ‘enfant terrible’ del cine europeo pasó por todas esas paradas (y vulgares-comunes habituales del cine porno) para desmitificar y, al mismo tiempo, embellecer la vida de su ninfómana protagonista, ahora llegamos a un oscuro túnel antes de la última estación. “Nymphomaniac. Volumen 2” es mucho más lóbrega, cruel, psicóloga, dolorosa y con menos (inclusive) escenas de sexo explícito. A la espera de comprobar el resultado al completo y sin censura, la mutilación a conciencia para la distribución internacional de “Nymphomaniac” nos deja también un sorprendente díptico en el que el director danés revela sus intenciones sin engañar a nadie desde su póster, como en las desgastadas portadas de una cinta X de videoclub. El porno fue utilizado como herramienta provocativa (y comercial) y gancho enmarcado en un ejercicio de pesca en su primera entrega y, ahora con la segunda, toca sufrir. ¿Si usted odió “Nymphomaniac. Volumen 1”, qué hace aquí?, parece decirle Von Trier a sus haters mientras prepara su fusta de diseño y ornamental antes de arrearles en su desnudo pompis con otra nueva ración de su cine.

Al igual que plasmó en la imprescindible “Riget” respecto al cine de terror, el director se replantea la comedia negra como solución a los clichés que delimitan los géneros, de trazar una solución sexual como mero recurso dentro de un drama que debate los mecanismos que utiliza la pornografía y sus articulaciones de narración: gratuitas, desiguales, caóticas. Si nos quedamos en ese anticlímax, vacío existencial, absoluta soledad y también el infierno (y pérdida del placer dentro del relato interno) de nuestra antiheroína, continuamos con su ‘folletín’ y relato cuestionado por un cultivado (y más sabio) espectador. El juego de roles de Joe y Seligman prosigue y la reconstrucción a lo Keyser Söze es desmitificada y cuestionada por un anti-narrador. Nada nuevo, aunque “Nymphomaniac. Volumen 2” sigue dejando ese choque entre la coherencia y el caos con sus manifiestas interiorizaciones buñuelianas donde nada realmente encaja. La actual Joe (Charlotte Gainsbourg) es idealizada en las figuras antagónicas de Ananya Berg o Stacy Martin, así como su padre permanece inmortal (y joven) dentro del cuerpo de Christian Slater o Michael Pas desmitifica a Shia LaBeouf, por ejemplo. Gainsbourg demacra su personaje y los rasgos provectos de Willem Dafoe o Udo Kier junto con sketches fálicos sirven a ese plantemiento de anticine del director danés para que la razón y la locura choquen como si fueran dos grandes y mastodónticos trenes (con órganos sexuales).

Este segundo volumen (y conclusión) es más turbio y sucio, más amoral y oscuro. Dejamos la pesca o la polifonía y nos centremos en el nudo Prusik, Poe, Freud e incluso Ian Fleming junto a ‘El Decamerón’ y ‘Las mil y una noches’ para arremeter con un debate controvertido sobre los pedófilos pasivos o la hipocresía reinante en la sociedad y democracia. El filtro del relato lo ejercerán lo profano y blasfemo y el discurso psicológico y la perspectiva maternal desempeñarán una manipulación y abstracción mucho más cruel dentro de ese mosaico de referencias culturales. La asexualidad es la cura de la sobredosis de sexo pero, ¿podemos llegar a serlo? ¿Es posible llegar a convertirse en ese solitario e inclinado árbol sobre una colina perdida e inaccesible?

El chiste queda como epílogo de la novelesca recitación y enmarca la moraleja de una coherente, agónica, mutilada y brutal obra: los seres humanos estamos atrapados dentro de nuestra propia sexualidad, dentro de nuestra propia mentira y máscara que disfrazados de raciocinio frente a la sociedad. Los dos volúmenes de “Nymphomaniac” realmente conjugan una gran burla que admite cuantiosas lecturas: todo es mentira y todo es real dentro de un gran espectro en el que el director de “Dogville” teatraliza y reinterpreta las cintas Gerard Damiano (“Memories Within Miss Aggie”, “Garganta Profunda”) para someterlas a su juego cinematográfico y a esa interrogación intelectual en su pornográfica visión de un drama existencial sobre la soledad, la vida y la muerte. ¿Es un troll cinematográfico Von Trier o un absoluto y controvertido genio? El tiempo dirá si ese árbol inclinado sobre una enigmática y solitaria cumbre se cae o prevalece a todos nosotros, series expectantes de una lubricidad superficial (y máscara) fílmica que esconde profundas y potentes reflexiones. Porque la incuestionable verdad es que nadie toma en serio al danés hasta que le volvemos a tomar en serio. He ahí su sádico truco y vuelta de tuerca: conseguir hacer que un supuesto chiste se deforme, como el sexo, en una tan oscura y profana como luminosa y mística revelación.
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40 de 50 usuarios han encontrado esta crítica útil
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