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Los cuatro hijos de Katie Elder (1965)

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Sinopsis
Tras muchos años de ausencia, los tres hijos mayores de Katie Elder regresan a su pueblo natal para asistir al funeral de su madre. Pronto averiguarán que su padre murió asesinado después de perder su rancho en una partida de cartas. A partir de ese momento, no descansarán hasta encontrar al asesino y recuperar sus propiedades. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Sons of Katie Elder
Duración
122 min.
Guion
William H. Wright, Allan Weiss, Harry Essex (Historia: Talbot Jennings)
Música
Elmer Bernstein
Fotografía
Lucien Ballard
Productora
Paramount Pictures
Género
Western Familia
"Western de aliento épico y desarrollo robusto que sigue los pasos de cuatro hermanos ante la obligada misión de vengar la muerte de su madre."
[Diario El País]
7
Balas vengadoras
Es el cine de Henry Hathaway como esos equipos de Primera acostumbrados a transitar sin sobresaltos por la zona media de la tabla, sin aspiraciones europeas pero sin sufrir tampoco por el descenso. Ello se traduce en un prestigio crítico limitado, de tipo enciclopédico, bajo esa tópica etiqueta de "eficaz artesano al servicio de los Estudios, sin intencionalidad de autoría", que es más o menos la que reciben este tipo de cineastas. Hay algo de injusto en ese veredicto, porqué conduce a estos directores al ostracismo, aún cuando hayan dejado estupendas películas e incluso numerosos destellos de genialidad (véase spoiler).

"Los cuatro hijos de Katie Elder" es un buen ejemplo de este saber hacer. Como "Río Lobo" o las producciones en esos años de Andrew Victor McLaglen o Burt Kennedy, se trata de uno de esos westerns que pretendían perpetuar el clasicismo formal y temático del género, en unos tiempos dónde éste se asomaba hacia nuevos derroteros (Peckinpah, Leone…). Contaban para ello con los actores y técnicos más emblemáticos. Así, cuando al inicio del relato, sólo tres hermanos parecen estar presentes en el funeral de su madre, Katie Elder, la cámara nos muestra, en un encuadre bellísimo, al hijo mayor, John Wayne —su primera aparición en el film—, contemplando la escena desde lo alto de un cerro recortando el cielo. Las razones dramatúrgicas para que el personaje esté de incógnito son más bien endebles; se trata, ante todo, de establecer una complicidad emocional y meta-cinematográfica con el público, que en ese momento no percibe a un hijo de Katie Elder, sino al mito por antonomasia del Oeste, John Wayne, en su aparición estelar.

Como decía, pocos reparos tiene el film desde el punto de vista de la puesta en escena, con una fotografía espléndida de Lucien Ballard (destacan las composiciones enmarcando a los personajes bajo los porches de las casas y la limpia mirada sobre el paisaje), un ritmo vivaz y una épica partitura de Elmer Bernstein, prima hermana de la compusiera para "Los siete magníficos".

Lamentablemente, dónde flojea notablemente la propuesta es en el guión, que desaprovecha el punto de partida —cuatro hermanos muy distintos que se reencuentran tras muchos años y vengarán los agravios sufridos por sus padres—, al no desarrollar más y mejor los rasgos de cada hermano y sus interrelaciones. Se pasa, así, sin solución de continuidad de los recelos y las tensiones a una camaradería bromista, sin decantarse definitivamente por ningún tono. La química entre Wayne y Dean Martin, al contrario que en "Río Bravo", se torna casi inexistente, y si allí los momentos "relajados", como cuando cantan en la cárcel, se contaban entre los mejores, aquí resultan los más monótonos y prescindibles. Es en el movimiento, en la acción pura de las escaramuzas, las luchas y los tiroteos, dónde Hathaway tiene la única y gran ocasión de demostrar todo su poderío, y a fe que lo consigue.
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26 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
El western en estado puro
Henry Hathaway fue uno de los clásicos del Hollywood dorado de los años cuarenta y cincuenta. Como otros grandes directores de entonces, Hathaway se dedicaba a cultivar varios géneros de forma intermitente, sin especializarse en ninguno de ellos.
Con los años, sin embargo, el director norteamericano encontró en el western su espacio natural. En los años sesenta, centrado más en este género, dirige sus mejores films entre los que se encuentra, sin duda, "Los cuatro hijos de Katie Elder".
Un John Wayne que lucía ya un cierto aire crepuscular -había tenido su primera batalla contra el cáncer, de la que había salido temporalmente victorioso- ayudado de Dean Martin (como en "Río Bravo") y de unos grandes secundarios sirven a Hathaway para realizar esta gozada de western al más clásico estilo, donde los espacios naturales abiertos y grandiosos se mezclan con oscuras tabernas y con no menos oscuras pasiones.
El film recuerda un poco a "Valor de ley", película ésta que Hathaway filmaría cuatro años después (1969) y en la que John Wayne realiza uno de sus mejores trabajos. Lo difuso que es a veces el límite entre el bien y el mal, tragedias familiares que en el lejano oeste eran asumidas con naturalidad, el personaje aparentemente desaprensivo que no lo es tanto contra el ciudadano aparentemente modélico que luego es un desaprensivo y, sobre todas las demás cosas, ese aroma de aventura y de amor a la vida que tanto Hathaway como Wayne supieron transmitir en estos grandes films.
Cuando acabé de ver "Los cuatro hijos de Katie Elder", al igual que cuando acabé de ver "Valor de ley", mi pensamiento fue el mismo: aunque el camino a veces está muy cuesta arriba y hay que sufrir para seguir viviendo, ¡qué bello es vivir! -Frank Capra dixit-.
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17 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil