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Gett: El divorcio de Viviane Amsalem (2014)

Gett: El divorcio de Viviane Amsalem
Trailer
7,0
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Sinopsis
Viviane Amsalem, separada desde hace años de Elisha, su marido, quiere conseguir el divorcio para no convertirse en una marginada social. En Israel no existe aún el matrimonio civil; según las leyes religiosas, sólo el marido puede conceder el divorcio. Sin embargo, Elisha, se niega a hacerlo. Viviane tendrá que luchar ante el Tribunal Rabínico para lograr lo que ella considera un derecho. Así se verá inmersa en un proceso de varios años en el que la tragedia competirá con lo absurdo y absolutamente todo se pondrá en tela de juicio. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
  Ver reparto completo
Año / País:
/ Israel Israel
Título original:
Gett, the Trial of Viviane Amsalem
Duración
115 min.
Estreno
1 de abril de 2015
Guion
Ronit Elkabetz, Shlomi Elkabetz
Fotografía
Jeanne Lapoirie
Productora
Coproducción Israel-Francia-Alemania; arte France Cinéma
Género
Drama Drama judicial Familia
8
Kafka en Israel: La pasión de una mujer quebrada
Durante el visionado de esta apasionante cinta vienen a la memoria dos películas muy diferentes y distantes: “La pasión de Juana de Arco” (1928) de Carl Theodor Dreyer y “Nader y Simin, una separación” (2011) de Asghar Farhadi. De la primera toma el mínimo, ascético y aséptico decorado donde se desarrolla toda la acción (ese juzgado y sus tétricas salas de espera y de vistas), así como la importancia de los rostros y de los primeros planos. De la segunda toma el tema del divorcio en un país regido por una legislación teocrática y gazmoña, notoria y tajantemente injusta con la mujer y su papel en el matrimonio. Sumisión y subordinación al hombre como realidad y condena. Aunque deudora de esos potentes y aquilatados precedentes, consigue erigirse en un documento recio y contundente contra una injusticia manifiesta y recalcitrante. La libertad tiene un precio y ay de aquellos que apelan a la justicia para encontrar apoyo o restitución.

Pero también vienen a la mente los relatos de Franz Kafka y sus angustiosos e inhóspitos laberintos burocráticos, cárcel sutil y acerba que no hay forma de escapar, trascender o vencer. Porque estamos ante una situación única y contumaz: la comparecencia ante un tribunal de un matrimonio, cuya esposa quiere el divorcio, pero las arcaicas leyes vigentes en Israel lo convierten en un sinsentido obtuso, en una farsa injusta, en una pantomima lacerante, donde la mujer no tiene derechos sino sólo obligaciones, donde el hombre es dueño y señor del destino de su pareja, pudiéndole hacer la vida imposible y encadenándola a una existencia estéril, sin piedad ni dignidad. Sin compasión.

Produce pavor y espanto comprobar que los derechos de la mujer aún brillan por su ausencia en demasiados países, en demasiadas culturas y mentalidades. Aquí con mínimos elementos el efecto que se consigue es devastador. Mejor que el más comprometido y beligerante documental, más cruel que cualquier retrato descarnado de violencia física, abruma hasta la náusea contemplar la indiferencia hacia el sufrimiento y dolor de una mujer que tan sólo aspira a una brizna de dignidad y paz, pidiendo que se le conceda el anhelado divorcio. Pero el erial obtuso de sus conciudadanos, unas leyes manifiestamente parciales y abusivas, vuelven la vida invivible y amargan su existencia.

Cabe destacar sobre todo la labor de la actriz protagonista, Ronit Elkabetz, también codirectora y coguionista de la cinta. Ella es el alma de todo y su atormentado rostro se incrusta en la retina del espectador. Un prodigio ingrato, intenso, amargo e inolvidable.
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41 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Viviane y Elisha: Una separación
Desde Europa tenemos la sensación de que Israel, fuera del siempre polémico tema militar, funciona prácticamente como una democracia occidental. Buena parte de culpa para mantener tal idea reside en el hecho de que es el aliado más fuerte de EEUU y la UE en una zona tradicionalmente inestable, lo que conlleva a su vez un tratamiento mediático bastante más favorable que el otorgado a sus vecinos. Sin embargo, lo que nos cuenta la película Gett: El divorcio de Viviane Amsalem sorprenderá a mucha gente. En el mencionado país, el divorcio está lejos de ser un derecho absolutamente reconocido. En efecto, todo miembro de una pareja que desee divorciarse del otro deberá aportar pruebas contundentes de que el matrimonio va a la deriva y éstas deberán ser aprobadas por una autoridad, que a menudo tiende a responsabilizar a la mujer de la debacle matrimonial.

Ronit Elkabetz y Shlomi Elkabetz exponen en la mencionada Gett, última parte de un tríptico sobre matrimonio y familia, un caso bastante peculiar: Viviane Amsalem está convencida de que su matrimonio ya no da para más y, tras vivir dos meses separada de Elisha, acude a los tribunales para solicitar formalmente el divorcio. El marido, un tipo de firmes creencias religiosas y que luce un semblante aburrido, asegura seguir queriendo a su mujer, suplicando a ésta que regrese a casa para intentar de nuevo formar "un buen hogar judío". Viviane, impávida, escucha como el juez da la razón al hombre y se ve obligada a cumplir su designio de regresar al hogar para que así el magistrado le permita divorciarse.

De primeras, sorprende la acidez con la que está tratada cada conversación. Lo que muchos pensábamos que iba a ser un drama judicial al uso se convierte en una sátira sobre una cuestión bastante espinosa en Israel como es la relación entre Estado y religión, a priori indisoluble pero que en ciertos casos como el aquí expuesto supone un serio contratiempo para los que desean un impulso en la modernización del país. Este humor fino tan arriesgado confiere a la obra un estatus importante a la película como es el de hacer remover conciencias no sólo en Israel, sino también para todos los espectadores que desde fuera desconocíamos esta problemática, aunque cambiando el contexto y varios detalles también se podrían aplicar ciertas cosas a nuestro país desde una óptica feminista.

Pero no sería justo reivindicar Gett: El divorcio de Viviane Amsalem exclusivamente desde el punto de vista social, porque cinematográficamente también funciona muy bien. Los numerosos diálogos, habida cuenta de que estamos ante un tipo de película filmada en escenario único, no resultan farragosos en ningún momento, ya que los directores se muestran hábiles a la hora de llevar la evolución de la trama de tal manera que se pueda mantener la tensión dramática hasta el final. Un punto importante aquí es el de las ya comentadas situaciones cómicas, que logran distender el ambiente sin pasarse de absurdas. Esto alcanza su máxima expresión al llegar al clímax de la película, cuando los hermanos Elkabetz se sacan de la manga un momento tenso que goza de un impacto brutal, también motivado indiscutiblemente por la gran interpretación de la propia Ronit Elkabetz.

Difícil no quedarse admirado ante lo que propone Gett: El divorcio de Viviane Amsalem. Si a una idea, como es tratar de manera valiente un problema de cierta entidad en Israel y que muestra una realidad bastante severa hacia la mujer, se le une la grata realización cinematográfica de los hermanos Elkabetz, que ponen mil y una facilidades para que el espectador se enganche a la línea argumental y evite cualquier atisbo de aburrimiento, el resultado es una notable película cuyo ejemplo reside en las ampollas que ha levantado en ciertos sectores del país. Y como en el cine es muy decisivo el post-visionado o la huella que te deja el filme, tras Gett habrá que seguir la pista de sus directores para ver qué más nos pueden ofrecer, pero también a los sucesivos gobiernos de Israel con el objeto de descubrir cuándo llegará el día en que esta situación jurídica acabe por revertirse.


Álvaro Casanova - @Alvcasanova
Crítica para www.cinemaldito.com (@CineMaldito)
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19 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil