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Macbeth (1948)

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Sinopsis
Inglaterra, Edad Media. Macbeth es un noble caballero escocés. Un día, después de una batalla en la que se gana el favor del monarca, encuentra a tres brujas que le profetizan que algún día llegará a ser Rey. Después del cumplimiento de otras dos profecías formuladas por las brujas, inevitablemente Macbeth se pregunta cómo podrá cumplirse la tercera, ya que el Rey Duncan todavía esta vivo y, además, tiene dos hijos que pueden heredar el trono. En realidad, en cuanto Macbeth escuchó la profecía, la idea del asesinato de Duncan no dejó de rondar por su mente, aunque, al principio la rechazó. Sin embargo, su mujer, cuya ambición y voluntad de poder es más fuerte que la suya, intentará incitarlo a cometer el crimen. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Macbeth
Duración
105 min.
Guion
Orson Welles (Obra: William Shakespeare)
Música
Jacques Ibert
Fotografía
John L. Russell (B&W)
Productora
Republic Pictures
Género
Drama Edad Media Siglo XI
Grupos  Novedad
Shakespeare: Macbeth
"Obra maestra que da cuerpo a las palabras del autor con una apabullante sensación de realidad. Un Macbeth atormentado y espectral: nunca su tragedia tuvo en el cine tanto rigor, tanta fuerza física y visual. Tampoco fue nunca tan radicalmente amarga"
[Diario El País]
8
La ambición, la locura y la codicia flmadas
Sabiendo que Welles siempre ha tenido predilección por lo original, por explorar nuevos campos, sin que ello signifique volverse pedante o plasta, es sorprendente comprobar que aparte de la faceta de creador, también sea un magnífico adaptador. Y es brillante en esto último porque no se limita a poner la obra en imágenes, sino que coge el universo de la obra y lo funde con el suyo propio, ese mundo barroco, tortuoso y extravagante, pero rara vez gratuito. Y si ambos estilos, el de Shakespeare en este caso y el de Welles, son fascinantes por sí solos, la unión de ellos no lo es menos.

"Macbeth", relato de la ambición del hombre, de nuestra permanente glotonería por el poder, que desata nuestros instintos más abominables, glotonería que atrapa y no deja escapar, llevándonos por el sendero de la conciencia y la culpa, y terminando en la locura. Para mí, una de las grandes obras de la literatura (aunque sea una obra de teatro) universal. Y Welles en todo momento es fiel al original, pero también imprimiéndole su único e inmediatamente reconocible estilo.

El juego de luces y sombras, de picados y contrapicados, de tortuosos escenarios en ruinas que sirven de marco a la tragedia del personaje, el mundo de irrealidad, el ambiente teatral llevado inmejorablemente al cine, todo ello en un mes de rodaje y un presupuesto escaso, son utilizados por Welles para captar el espíritu de la obra. No se anda por las ramas, no cuenta la historia, su única misión es capturar, plasmar y grabar la pura esencia de la ambición, la locura, la fatalidad, y una vez conseguida hacerla fascinante, transmitirla. Y el resultado es perfecto.

Y aunque los monólogos puedan volverse cargantes o monótonos, a mí no me lo parece, creo que son una buena forma de mostrar la malicia de los personajes, lo cobardes y ruines que pueden llegar a ser. Magistral interpretación de Welles como el propio Macbeth. Cada vez que veo una película de Welles me asombro siempre por la genialidad que el muy cabrón poseía como director y como actor. Era acojonante, puro genio.

Y qué queréis que os diga, para mí esta adaptación supera a la de Kurosawa. La de Kurosawa era el cuento, la historia, y tú sacabas las conclusiones. Aquí Welles no te permite nada de eso, directamente te mete un chute de las conclusiones en estado puro, locura, maldad, codicia; subyuga y fascina. Absolutamente genial.
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34 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
1. La palabra
“Macbeth” es, de las tres adaptaciones shakesperianas de Welles, la más endeble. Sumido siempre el director en luchas por recortes presupuestarios o manipulaciones en el montaje de sus obras por parte de las Majors, será esta, la película que resulte más perjudicada por dichos contenciosos.

El “Macbeth” de Welles es ante todo la palabra. Como adaptación de una obra literaria al lenguaje cinematográfico es pobre, pero la fidelidad del director hacia la obra de Shakespeare es máxima. Es, de cuantas versiones se han hecho, la más fidedigna con el texto escrito y la que más se podría considerar lo mal llamado “teatro filmado.”

Soy consciente de las extremas limitaciones económicas de “Macbeth”, pero ello no es óbice para evaluar el producto por el resultado final sin supeditarlo a lo que pudo ser o a lo que es, aún con sus restricciones. Innegable es que la paupérrima dirección artística (Welles llegó a usar decorados de otras producciones) es una de las trabas con las que tuvo que lidiar el director, sobre todo si el objetivo era alejarse del teatro y “su escena”.

La cámara de Welles no puede sobreponerse (como sí hizo en “Otelo” años después) a unos decorados tan mugrientos. Es más, el intento del director de salvar el obstáculo perjudica aún más que beneficia. El pequeño abanico de planos que decide imponer Welles a “Macbeth” acaba por matar la imagen. En esta adaptación, sólo queda la palabra. La ausencia casi de planos generales y un excesivo número de contrapicados (donde el decorado es innecesario) empobrecen el lenguaje cinematográfico y embrutecen su resultado final.

Tampoco ayuda mucho la promoción casi exclusiva de la imagen de Macbeth (el propio Orson Welles) en detrimento de los demás personajes. Welles saca (como siempre) una interpretación magistral, de una intensidad no vista en pantalla y de una ferocidad no superada por cualquier otra versión, pero está focalización provoca también un detrimento, sobre todo, en el rico personaje de Lady Macbeth que Shakespeare escribió. Jeanette Nolan no es una buena Lady Macbeth pero no está claro sin por el excesivo protagonismo de Macbeth o por culpa de la propia actriz.
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31 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil