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Cuando pasan las cigüeñas (1957)

Cuando pasan las cigüeñas
Trailer
7,9
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Sinopsis
Veronica y Boris son dos enamorados moscovitas que se ven obligados a separarse cuando estalla la Segunda Guerra Mundial, y Boris es reclutado para ir al frente. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Unión Soviética (URSS) Unión Soviética (URSS)
Título original:
Letyat zhuravli (The Cranes are Flying)
Duración
94 min.
Guion
Viktor Rozov (Obra: Viktor Rozov)
Música
Moisey Vaynberg
Fotografía
Sergei Urusevsky
Productora
Mosfilm
Género
Romance Drama Drama romántico II Guerra Mundial
8
CONCIERTO DE CÁMARA
Al triunfar la revolución soviética, Lenin señaló al cine como el arte futuro. Décadas después, cualquier rastro de iniciativa creadora estaba apisonado por Stalin, tras cuya muerte comenzaron síntomas de descongelación.
La película-insignia del rebrote fue ésta de Kalatozov, que en plena Guerra Fría alcanzó distribución en USA.

Tradicional historia de amor y guerra (basada en una obra de teatro de Rozov), cuenta cómo la destrucción bélica incide devastadoramente en la vida sentimental.
En la retaguardia sufre la joven cuyo prometido no envía noticias desde el frente, no se sabe si porque ha muerto. Y también en la retaguardia permanece un pianista librado de la movilización, un tipo de artista insolidario especialmente detestado en la mentalidad soviética. Además de al parasitismo, se dedica a acosar a la novia de su primo.
Hay algo de novedad en desplazar tanto el foco al drama emocional, dejando muy al fondo los acontecimientos propiamente militares, aunque el dilema de las mujeres que intentan mantenerse fieles al novio o esposo soldado, mientras sufren el asedio de dudas y aprovechados, es un tema muy clásico.
Y el final, moldeado ideológicamente, cuando se hace la luz en la conciencia y se revela el alma colectiva que redime todo sufrimiento, no puede ser más ortodoxo.

Pero lo que en esta película destaca es la riqueza y modernidad del lenguaje visual, el dinamismo extraordinario de la cámara (Urusevski), animada sin cesar por un espíritu danzante, coreográfico.

Kalatozov tenía varios oficios en la industria: actor, técnico de laboratorio, operador y montador. Sus primeras obras habían consistido en trabajos de montaje con material de noticiarios, en la línea de un cine documental y propagandístico.
Como si fuera la última oportunidad de plasmar la destreza técnica, los conocimientos y recursos acumulados, hay aquí un aprovechamiento total de la grúa y el travelling, la profundidad de las panorámicas, la viveza incansable de la cámara en mano, en lo que se ha encontrado (vía Festival de Cannes) anticipación de la Nouvelle Vague.

Son muchas las escenas memorables, como la subida a la carrera por la escalera interior de un edificio de pisos, acompañada por la cámara en espiral ascendente; la descripción inicial del amor de los jóvenes, en su vagar por calles geométricas y desiertas como en un ballet constructivista; la huida de la chica en paralelo al tren, dando imágenes troceadas a ritmo de bólido; las carreras frenéticas de ella entre la multitud; el regreso de las tropas en un convoy que entra en un Moscú atestado y jubiloso… Pero, sobre todas, la escena en que, entretejidas a unos árboles que giran, se disparan las visiones de quien al borde de la muerte ve cómo en la pantalla de su conciencia se suceden en vértigo los recuerdos y anhelos esenciales de su vida. Quien haya vivido una experiencia semejante puede reconocer cómo aquí se representa con asombrosa habilidad, como pocas veces en el cine.
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95 de 98 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Sin noticias de Boris
Como peli de amor y de guerra ambientada en la gran madre Rusia prefiero “Doctor Zhivago”, la verdad, pero ésta no está mal. Nada mal. Es más, si logramos abstraernos de algunos momentos y algunas situaciones de incuestionable cariz sensiblero y pasteloso, constataremos, sin lugar a dudas, que el saldo resultante a nuestro favor es el de una obra profundamente conmovedora y visualmente prodigiosa. De ahí mis indiscutibles ocho estrellitas.

No voy a redundar, sin embargo, en todos aquellos planos y secuencias de extraordinario interés narrativo o estético que tan espléndidamente nos ha glosado Maese Lupo. Permitidme, empero, que insista en las virtudes melodramáticas de “Cuando pasan las cigüeñas” porque no es frecuente apreciar en una peli rusa un tono trágico y emocional tan intenso. Muy pocas veces podremos ver trasladados a una gran pantalla con tanta convicción todos esos proverbios que nos remiten a la esperanza (‘la esperanza es lo último que se pierde’, ‘el que espera, desespera’) y que, gracias a pelis como la de Kalatozov, dejan de ser meras frases hechas para convertirse en verdaderos actos de fe a prueba de bombas. Pero no sólo eso. Politiqueo al margen, el desenlace de esta peli es uno de los más tristes y preciosos que recuerdo y la interpretación de su bellísima protagonista, francamente sobrecogedora.

Una excelente oportunidad, en suma, para evaluar la sensibilidad estética y emocional de cada uno. Y si hasta un tocho como yo es capaz de sentir y apreciar ciertas cosas, es que la peli merece la pena. Palabra.
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34 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil