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Peppermint Frappé (1967)

6,5
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Sinopsis
Pablo (Alfredo Mayo), un amigo de Julián (López Vázquez), acaba de casarse con Elena (Geraldine Chaplin), una sofisticada extranjera. Julián se obsesiona tanto con ella que empieza a cortejar y a tratar de cambiar el aspecto físico y los hábitos de la enfermera que atiende su consulta, ya que se parece bastante a Elena. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ España España
Título original:
Peppermint Frappé
Duración
92 min.
Guion
Carlos Saura, Rafael Azcona, Angelino Fons (Argumento: Carlos Saura)
Música
Luis de Pablo
Fotografía
Luis Cuadrado
Productora
Elías Querejeta P.C.
Género
Drama
"Con el paso de los años se ha convertido en lenta, aburrida y algo incomprensible"
[Diario El País]
8
Caminos soñados
-El final-

Manejándose en dos niveles (realidad-irrealidad), la película culmina en un estallido catártico que vomita lo obsesivo y lo compulsivo del protagonista en una postrera superposición de niveles textuales fundiéndose y confundiéndose (el mundo interior, por un lado; y el exterior del entorno por otro).

A ese desenlace –que menciono de forma imprecisa, sin explicitar detalles– se va consagrando la construcción del metraje en sucesivas referencias que unen el plano onírico con el real. Fogonazos de memoria suprarrealista o inventada emergiendo poco a poco hacia el plano racional (Geraldine Chaplin va y viene de la realidad al ensueño, ya sea a través de fantasías o de reconstrucciones usando a otra mujer, ofreciendo la dualidad de lo simulado y lo real, lo real y lo soñado, etc).

-Simbolismos-

Separándonos de la configuración narrativa, y en lo que se refiere al orden temático, la película se centra en los elementos simbólicos ya mencionados en la página por otros usuarios: las dos Españas (la de pujanza económica de los 60, burguesía acomodada, moderna; y la provincia tradicional de usos, costumbres y represiones pacatas).

-Blow Up-

La música pop, las medias rojas, la falda verde, la peluca, la cámara de fotos, Antonio Saura, los museos, el arte contemporáneo… Y, sobre todo, el tratamiento de película donde las reglas de una línea narrativa real o veraz y otra de ensoñación confluyen en una misma materia cinematográfica sólida e independiente que va más allá de un orden articulado para la ficción y la representación.

-Buñuel-

Cabe destacar también el elemento buñueliano (expresamente subrayado por Carlos Saura) en la anécdota de la ruta de tambores de Calanda y el clima cerrado, atrabiliario en su intimidad, de una fisicidad que se desborda contenida en el tratamiento fetichista del sexo (condición enferma de un erotismo complejo y acomplejado como forma de posesión-sumisión de un objeto).

-La Rompida de la hora-

Enormes los planos de la Rompida de la hora, con Geraldine Chaplin aporreando tambores en plena Semana Santa. Imagen que sirve como muestra del revoltijo en la mente de un López Vázquez de tradición religiosa, represión y a su vez fascinación por el ideal de mujer pecaminosa y cosmopolita que tan lejos quedaba del españolito medio (con sus medias de rejilla y sus pestañas postizas). Imagen que refleja una psique, una sociedad y el universo creativo de un director de cine. Y casi, diría, de cierto tipo de cine español que habría de venirse.
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33 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Choque de culturas en la España de los sesenta
En los numerosos viajes que hacía el gran director Carlos Saura a Cuenca a visitar a su hermano, el pintor Antonio Saura, le debió impresionar el choque de culturas que se vivía en nuestro país -y en todo el mundo- entre la rancia y oscurantista España profunda y el incontenible soplo de brisa fresca en forma de rebelión social pacífica que se vivía en los años sesenta (París en 1968, San Francisco, Londres, y, un poquito, Madrid y Barcelona).
Para alguien que venía de Madrid, el contraste entre el Museo de Arte Abstracto, el ambiente de los pintores y otros artistas que se unieron al movimiento cultural que se cocía en la pequeña ciudad manchega (Zobel, Torner, Tapies, Chillida, A. Saura, etc.) y la Cuenca profunda, más cerca de la Vetusta que describió Alas Clarín en "La Regenta" que de ese espíritu innovador, exhuberante e iconoclasta que invadía de forma imparable el mundo occidental por entonces; debió ser una buena fuente de inspiración para rodar el que es, probablemente, el mejor film de este director junto a "Cría Cuervos".
Una cuidada fotografía, que recuerda a las mejores películas de Michelangelo Antonioni, unas brillantes interpretaciones de Geraldine Chaplin, José Luis López Vázquez y un sorprendente -por bueno- Alfredo Mayo en uno de los mejores papeles que le recuerdo, una B.S.O. estudiada al milímetro (Los Canarios con su sensual rock progresivo versus la cruda grabación de los tambores de Calanda), el morbo de Luis Buñuel (a quien está dedicada esta magnífica película), un guión solvente y una dirección brillante e innovadora sirvieron para cocinar esta pequeña maravilla cuyo rodaje aún se recuerda con orgullo en Cuenca.
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30 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil