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Terraferma (2011)

Terraferma
Trailer
6,1
1.012
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Sinopsis
En una pequeña isla próxima a Sicilia, cuya principal actividad había sido siempre la pesca, vive el joven Filippo con su abuelo y su madre viuda. Pero ya nadie puede sobrevivir gracias a la pesca; tampoco ellos, de manera que no tendrán más remedio que resignarse y comenzar una nueva vida. Deciden, pues, alquilar su casa a los turistas durante el verano, y terminada la estación venden la barca. Un día Filippo y su abuelo salen a pescar y se encuentran con una patera llena de inmigrantes que está a punto de naufragar. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Italia Italia
Título original:
Terraferma
Duración
88 min.
Estreno
27 de julio de 2012
Guion
Emanuele Crialese, Vittorio Moroni
Música
Franco Piersanti
Fotografía
Fabio Cianchetti
Productora
Coproducción Italia-Francia; Cattleya
Género
Drama Inmigración Pesca
7
Neorrealismo aún
Da la sensación de que el cine italiano permanece anclado a unos esquemas que se repiten tanto en sus formas como en su fondo, alardeo de un costumbrismo conscientemente imperfecto al que se remite sistemáticamente, limitando la diversificación de sus propuestas y conformándose con ello. No obstante, no es tanto una cuestión de concepción como de distribución la que afecta nuestra percepción de todo ello, ya que son las producciones más genuinamente italianas –en el sentido más conservador de la expresión– las que llegan a nuestras salas, a excepción de puntuales rarezas como Un lugar donde quedarse (Paolo Sorrentino, 2011) o Yo soy el amor (Luca Guadagnino, 2009). Y es que la sombra del neorrealismo italiano y de sus ilustres nombres propios es alargada, casi perjudicial para una generación que aun pretendiendo abogar por lo nuevo y rupturista ve como el conjunto de la industria incentiva la continuación en busca de pequeños De Sicas que reafirmen lo perenne de esta forma de hacer cine.

Ante eso, el resultado es una reducción de matices entre el deleite y el desinterés hacia el cine del país transalpino, que sólo encontrará público en quien se sienta atraído por sus bien sabidas fórmulas. Y con esas que llega estos días a nuestras carteleras una propuesta tan poco innovadora como altamente recomendable de marcado carácter costumbrista e inequívocamente italiana. Se trata de Terraferma, obra tan coherente como austera que retrata la temporada veraniega en una pequeña isla italiana, próxima a Sicilia, en la que los habitantes se dedican a una pesca cada vez más empobrecida y a la explotación del turismo joven de domingueo. Podría ser la obra de Emanuele Crialese la descripción de un romance veraniego postadolescente, y de hecho así se adivina en su primera media hora, en la que su protagonista –un Filippo Pucillo que va de menos a más– parece destinado a caer en las manos de una desinhibida turista milanesa. Sin embargo, Crialese opta por un nudo más complejo e incorpora a la trama el drama de la inmigración ilegal, planteando con tono humanista y alejado de juicios la difícil conciliación que ello supone; rescatar o no a náufragos dependiendo de su condición, procurar ayudarlos o desentenderse y delegarlo todo a un sistema deshumanizado y sabidamente injusto, renunciar a según qué principios en pos del propio beneficio…

Y es que la de Crialese no es tanto una crítica social como una observación transversal de la sociedad y las inevitables discordancias generacionales y culturales que en cualquier punto de reunión se pueden vislumbrar. En este sentido, que la acción transcurra en una isla resulta útil también como metáfora, sociedad a pequeña escala extrapolable a un ámbito global. Así, el claro contraste que supone la llegada simultánea a ella de turistas e inmigrantes, y las repercusiones que esta dualidad provoca, pasan a ser el principal motivo del film.

En todo caso, no es ésta una obra cifrada que necesite hondas reflexiones para dilucidar su significado, pues su narrativa es tan simple como su fotografía, antónimos de lo ostentoso. La estructura sencilla y lineal de la trama demuestra una gran coherencia, desprendida de pretensiones y volcada en ser fiel a su mensaje. La vida humilde que rueda Crialese está condimentada, además, con una selección actoral nada casual en lo cualitativo y en lo físico, transmitiendo autenticidad y desmarcándose desde el primer fotograma de la repulsiva tendencia al guapismo gratuito que films como Manuale d’amore (Giovanni Veroneri, 2005, 2007, 2011) o Perdona si te llamo amor (Federico Moccia, 2008) llevan por bandera. Más bien pudiera compararse Terraferma con la entrañable película de Aki Kaurismäki El Havre (2011), que con similares códigos trabajaba la misma temática si bien en esta última reinaba un buenismo quizás exagerado que Crialese omite automáticamente, concibiendo en definitiva un film italianísimo en el mejor de los sentidos.

Lo mejor: la coherencia de su conjunto.

Lo peor: llega, quizás, un par de años tarde.

[Tupeli.es]
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6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Neorrealismo desnatado
Terraferma es una cinta cobarde, o, si se quiere menos cruelmente, tímida. Y de la misma manera que la cobardía- o la timidez- son un lastre para cualquiera adornado con tan discutibles virtudes, también lo son para una película. Es cobarde- o tímida- porque no se atreve a llegar hasta el fondo de las dos posibilidades con las que juega durante un metraje que, además, se ve bruscamente cercenado en su precipitado final; como si la productora, o el director, en un arranque de vergüenza torera, hubiesen decidido poner fin a lo que, de haber durado más, efectivamente pudiera haberse convertido en un despropósito. Ambas posibilidades giran en torno al regreso a los postulados neorrealistas. Una, más relacionada con la denuncia descarnada de un Rossellini. La otra, aderezada con gotas de humor que hagan del drama de la inmigración ilegal algo más digerible, al estilo de un De Sicca. Y es aquí donde topamos con el gran problema de la película: su incapacidad para decidirse por una de las dos vías. De manera que se queda a medio camino en todo. Con el agravante de que la opción por la pincelada humorística está mucho más cerca de la chocarrería felliniana de "I Vitelloni"- salvando las distancias, claro- que de la sutil ironía que De Sicca destila con cuentagotas en "Ladrón de bicicletas".
La cobardía- o la timidez- son tales, que ni siquiera se atreve a explotar la veta del contraste entre italianos septentrionales y meridionales, una senda muy trillada, sí; y de eficacia más que probada también.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil