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Dirección prohibida (1949)

Dirección prohibida
Trailer
6,5
118
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Sinopsis
Cuando Joan Boothe (Barbara Stanwyck), hace un viaje de acompañamiento a Las Vegas, junto a su esposo, el periodista y escritor David Boothe (Robert Preston), el juego va a despertar en ella un alto interés, cuando al recibir unas fichas por parte de Horace Corrigan (Stephen MacNally), el empresario de un casino, sienta que ganar "no es para nada difícil". Lo que sigue, quizás le demuestre que el juego es traidor. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Lady Gambles
Duración
99 min.
Guion
Roy Higgins, Halsted Welles (Historia: Lewis Meltzer, Oscar Saul)
Música
Frank Skinner
Fotografía
Russell Metty (B&W)
Productora
Universal International Pictures (UI)
Género
Drama Juego
7
Ludópata
Barbara Stanwyck realiza aquí una impresionante exhibición sobre la enfermedad de su personaje: miente bien y se miente, le brillan los ojos cuando está ansiosa por jugar, le brillan aún más cuando está desesperada; mérito enorme para una actriz con los ojos pequeños pero la mirada enorme.
Ésta pelicula no ha envejecido y es de obligatoria revisión. El tema que trata continúa alertándonos en la actualidad y está muy bien diagnosticado, algo que sorprende para una película de finales de los años cuarenta, muy bien documentada en el caso médico que nos ocupa y muy bien tratada con respecto al personaje del marido que sabe que su mujer está enferma y utiliza todo su amor
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8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Cuando el juego nos lleva hasta el fondo
Se empieza jugando por entretenerse… Se sigue jugando, luego, porque "he tenido suerte" o porque "confío en recuperar lo perdido"… Después, el juego se vuelve interesante porque "ya conozco algunos trucos con los que podré mejorar mi suerte"… "Ahora tengo una buena racha y no puedo dejarla de lado"… "Estoy perdiendo ahora, pero, 'sé' que me recuperaré… "Venderé, empeñaré o robaré si me toca, porque 'estoy seguro' que la próxima es la vencida"…

Más o menos así, es el sendero que siguen los ilusos seres humanos que creen que, jugando, será el camino para hacerse ricos. Quizás se enriquezcan los que establecen los negocios -quienes sensatamente no juegan-, pero los que usan los dados… las cartas… y las manivelas de las máquinas… casi siempre perderán su dinero, sus pertenencias, su dignidad, su salud y probablemente su vida. El dinero “fácil” es el camino más fácil para perderse.

Desde la perspectiva de la mujer –rol que, Barbara Stanwyick, había representado ya en “Gambling lady” (1934) de Archie L. Mayo-, el director Michael Gordon, decide adentrarse en el mundo del juego y sus deplorables consecuencias, recreando a la esposa de un periodista y escritor, quien, tras un viaje a Las Vegas acompañando a su esposo, comenzará a caer en las trampas de la ludopatía, hasta seguir el penoso sendero que tantos otros han trasegado.

Gordon, sale avante de este proceso, que puede resultar un tanto predecible, primero, porque ambienta muy bien su historia; la edición y la fotografía son muy cuidadas, logrando, por momentos, una alta estética; y la actuación de sus protagonistas es intachable, reluciendo, Barbara Stanwyck, con esa capacidad polifacética que, merecidamente, la tuvo entre las grandes. También, Stephen MacNally, resulta muy sólido recreando a un empresario que, no sólo entiende, sino que se solidariza con su clienta… aunque sólo sea porque aspira a llevarla a la cama. Por su parte, Robert Preston, es el marido curtido por las experiencias de la vida que, con madurez ejemplar, enfrentará la situación que padece su esposa.

El drama se desenvuelve con marcada soltura; los diálogos son muy precisos, y hasta se hace un guiño a la vida real, al mencionar el primer nombre de Corrigan (Horace), correspondiente al nombre de pila del actor; y el proceso de ascenso y caída de un jugador… o jugadora para el caso, queda finamente trazado desde todas sus perspectivas.

¡Ah! El botones que entrega una carta a Joan en el hotel donde se ha hospedado, es una joven promesa, hijo de inmigrantes húngaros y nacido como Bernard Schwartz… a quien pronto, el mundo entero conocería como Tony Curtis.

Título para Latinoamérica: “PRISIONERA DEL AZAR”
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil