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Mi ex-mujer y yo (1936)

5,7
32
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Sinopsis
Las relaciones entre el doctor Brad y su ex mujer, Paula, son sorprendentemente buenas. Se divorciaron porque Brad odiaba estar involucrado en los asesinatos a los que Paula, escritora de misterio, era adicta. Pero Brad se ve involucrado en una extraña muerte mientras disputaba una partida de póquer. Entonces entra en escena su ex mujer, que pretende obtener cualquier pista sobre el caso. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Ex-Mrs. Bradford
Duración
82 min.
Guion
Anthony Veiller (Historia: James Edward Grant)
Música
Roy Webb
Fotografía
J. Roy Hunt (B&W)
Productora
RKO Radio Pictures
Género
Comedia Intriga
7
Una pareja atípica
Única vez (creo) que han trabajado juntos Powell y Arthur, donde recrean a una ex pareja que investigan un "supuesto" asesinato de un jinete en el transcurso de una carrera de caballos, y en el que resultan cómicas y pintorescas algunas situaciones durante la investigación. Powell, haciendo una vez más las funciones de detective; ésta vez sustituyendo a Myrna Loy por una Jean Arthur de lo más simpática y, a veces, un poco torpe. Al igual que en "La cena de los acusados", reúne a los sospechosos para descubrir al asesino al estilo "Poirot". Quizá la película hubiera estado más afinada con un director como Curtiz o van Dyke; no obstante resulta entretenida.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Crímenes y simpatía
No se me pidan explicaciones de por qué soy adicto a un actor como William Powell, cuya simpatía se trasluce en un repertorio de gesticulaciones, sobre todo miradas, capaces de conectar con el 80% de los espectadores de sus películas. Esta, con Jean Arthur parece, en realidad, una más, pero sin Asta, la perrita, de la encantadora serie que protagonizó con Myrna Loy basada en la serie de novelas de Dashiell Hammett, El hombre delgado, un elegante y popular detective cuyas aventuras acababan siendo de dominio público. En esta ocasión, y secundado por una Jean Arthur en estado de gracia, cómplice perfecta de la ironía matrimonial, ex-matrimonial y de nuevo matrimonial, todo en la misma película, con el Dr. Bradford, quien se ha divorciado no por desamor, sino por las complicaciones en que lo metía su mujer, escritora de novelas de crímenes. Contra su voluntad inicial, su ex se instala con él y juntos acabarán investigando el extraño caso de la muerte aparentemente por causa natural, fallo cardíaco, de un jockey que iba ganador en una carrera en el hipódromo antes de desmayarse, perderla y, con esa pérdida, facilitar la ganancia inmensa de quienes habían apostado por el colocado en dicha carrera. NI siquiera me tomaré la molestia de irme a la zona spoiler para comentar el final, solo diré que su originalidad merece seguir viendo la película hasta el final porque, en efecto, se trata de un tipo de muerte la mar de ingeniosa y novedosa, en el mundo de películas de este tipo, que es el mismo del de las basadas en las obras de Agatha Christie o Georges Simenon, salvando las enormes distancias entre la inglesa y el belga, claro está. La película tiene una puesta en escena calcada de la de los musicales glamurosos de aquella época, con personajes con mayordomo en casas de lujo y con un vestuario acorde con esa posición. Lo sorprendente es lo poco exigido que está por su trabajo el Dr., que tanto tiempo libre le queda para dedicarse a las investigaciones, pero ya se entiende que lo importante no es cómo se gana uno tan bien la vida, sino lo interesante que se vuelve cuando ha de convertirse en detective privado aficionado, siempre presto a ser golpeado por su propia mujer o disparado por cualquier hampón con mala puntería. Es decir, ninguna inverosimilitud puede afectar al placer con que se siguen las aventuras el doctor detective y su encantadora ex, dispuesta a recuperarlo con sus mejores armas: el uso de la inteligencia y la complicidad, amén del extraordinario sentido del humor que comparten. Que hay química entre ambos actores se advierte desde que entra Jean Arthur en escena, con su peculiar voz nasal, imposible de doblar sin hacerle perder buena parte de su encanto. En fin, se trata de una película de las calificadas "para pasar un buen rato", y a fe que, en ese género, puede considerarse que cumple con creces, y aun más allá de lo exigible, su papel. Los diálogos, llenos de pullas y de ironías sutiles, contribuyen lo suyo a seguir con una sonrisa permanente en los labios, una trama bien construida y con un final de mérito, para los aficionados al género de los detectives con crímenes insólitos.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil