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El viaje de los comediantes (1975)

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Sinopsis
Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Grecia sufre la ocupación de las tropas nazis. En esas circunstancias, una compañía teatral realiza una gira por el país, aunque sus representaciones se ven continuamente interrumpidas por los conflictos políticos. Por otra parte, una de las actrices intenta vengarse de su madre a la que responsabiliza de la muerte de su padre. Su hermano, un partisano, la ayudará a satisfacer sus propósitos. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Grecia Grecia
Título original:
O Thiassos (The Travelling Players)
Duración
230 min.
Guion
Theodoros Angelopoulos
Música
Loukianos Kilaidonis
Fotografía
Giorgos Arvanitis
Productora
Papalios Productions
Género
Drama Política Histórico Años 30 Años 40 Años 50 II Guerra Mundial Familia
9
SU MAJESTAD EL TIEMPO. Nota en el spoiler
Al decir, por ejemplo, “Colón llega a America en 1492”, un historiador utiliza el llamado ‘presente histórico’. Licencia parecida usa Angelopoulos al convertir todo tiempo en presente, fundir lo pasado y lo actual, a menudo en el mismo plano: los personajes entran en una calle por un extremo y cuando salen por el contrario se encuentran en otra década.
El juego temporal se mueve por los tres niveles de la narración: la obra fija que representa la compañía teatral ambulante (“Golfo, la pastora”, de Peresiades), interrumpida toda vez por algún acontecimiento sobrevenido desde la Historia, un nivel más. El tercero es el mito de los Átridas, que se interpreta y actualiza en la vida de los comediantes, ellos mismos llamados Orestes, Electra o Egisto, e involucrados también en la deriva de su país.

El planteamiento brechtiano marca gran distancia: lo más cercano es un protagonista coral, el grupo de actores que se mueve con baúl a cuestas por los escenarios del protagonista mayor: la memoria colectiva. Ésta contiene los avatares de Grecia entre 1939 y 1952, periodo sacudido por tres guerras y la intervención de tropas italianas, alemanas, británicas y norteamericanas, hasta la campaña del mariscal Papagos. En ese 1952, los fatigados cómicos salen de una estación de tren y empieza la película. Cuando tras innumerables bucles temporales vuelvan a salir de la misma estación, igualmente fatigados, estarán en 1939.

La amplitud con que está concebida la película en todos sus parámetros tiene el fuste de las tragedias clásicas.
Si son varios los planos-secuencia que comienzan en una época para desembocar por sortilegio en otra, también abundan los hechos que se narran fuera de campo (como un bombardeo aéreo que interrumpe la función sin que la cámara deje de enfocar al desierto escenario), o los planos que apuran la profundidad de campo hasta lo inverosímil, como cuando las sombras de los partisanos pasan ante el bar Picadilly en fiestas.
El modo en que los movimientos de cámara apuran los complejos espacios escénicos, la tenue y sublime belleza cromática, la perfección de las ambientaciones, la luz (siempre nublada, crepuscular o nocturna) exactamente calibrada, el paisajismo cargado de drama, la composición concienzuda que propicia escenas magnas (como la del baile de Fin de Año del 46, impresionante, antológica), las numerosas elipsis, las masivas coreografías, los movimientos multitudinarios, el manejo ambicioso y magistral de todos los recursos fílmicos, rodando sin guión, a partir de notas sueltas y clarividencia, ese modo alcanza por momentos nivel majestuoso.

Los espectadores no griegos estamos condenados a una doble melancolía, por la inevitable condición de extranjeros ante la historia interna de Grecia, que se nos aparece laberíntica, y por echar de menos una obra de semejante épica sobre la reciente historia de nuestro propio país. En España puede acercarse “El viaje a ninguna parte”, pero de lejos.
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31 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
La emoción de la contención
Sé bien que hablar de Theo Angelopoulos puede ser como predicar en el desierto. Pero si encima lo hacemos de "El viaje de los comediantes", la más radical y larga de sus películas, la cosa se complica aún más. Es comprensible: la duración media de los planos es de tres o cuatro minutos y son siempre generales; la acción se demora continuamente; la película hace un recorrido por la historia de Grecia entre 1939 y 1952 —de la dictadura del general Metaxas a la del mariscal Papagos (conquistada en las urnas con el eslogan electoral «Autoridad, disciplina, anticomunismo y reconstrucción», ¿alguien da más?), pasando por los cientos de avatares que sufre Grecia durante y después de la Segunda Guerra Mundial— sin hacer ninguna concesión al conocimiento que el espectador tenga de ésta, mezclando diferentes momentos cronológicos en el mismo plano. Todo ello, respuesta a un enfoque político–didáctico que huye del juicio individualizado, pero que afronta desde el ensayo poético la (triste) realidad de un país que es diseccionado de arriba abajo para dejar en carne viva las miserias que marcan el periodo referido. El método narrativo de Angelopoulos —que tiene sus referentes en el teatro de Bertolt Brecht y el cine de Antonioni y el húngaro Miklos Jancso, a su vez influenciado por el italiano— es audaz, pues, al no hacer énfasis en ninguno de los comediantes que dan título a la película, el procedimiento empleado se convierte en radicalmente opuesto a los utilizados —mecanismos basados en la identificación— por el cine clásico, lo que convierte al film en poco asequible al, digamos, espectador medio; incluso al espectador formado. Para mí, el descubrimiento de "El viaje de los comediantes" en un ciclo que la Filmoteca Española dedicó al cineasta griego hace unos nueve años —mientras Barça y Madrid disputaban su enésimo derby— supuso uno de los momentos de mayor emoción estética de mi vida, repetido poco después con el estreno en Madrid de "La mirada de Ulises" (1995). No ha sido así con el resto de su obra, pero sólo con estas dos obras maestras es suficiente.
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13 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil