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Gritos y susurros (1972)

Gritos y susurros
Trailer
7,8
8.115
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Sinopsis
Ante la proximidad de la muerte de una de ellas, tres hermanas se reúnen en la vieja mansión familiar. Una vez en la casa, comienzan a recordar el pasado, y cuando la enferma entra en la agonía desvela la parte más oscura y tortuosa de su vida. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Suecia Suecia
Título original:
Viskningar och rop (Cries and Whispers)
Duración
91 min.
Guion
Ingmar Bergman
Música
Johann Sebastian Bach, Georg Friedrich Händel
Fotografía
Sven Nykvist
Productora
SFI Filmkonsulent / Cinematograph AB
Género
Drama Enfermedad Familia
9
La muerte
Film nº 33 de Ingmar Bergman, escrito y dirigido por él a los 54 años. Se rueda en Taxinge-Nasby (Suecia), con un presupuesto de 400 mil dólares. Nominado a 5 Oscar, gana uno (fotografía). Producido por Lars-Owe Carlberg, se estrena el 21-XII-1972 (NYC).

La acción tiene lugar en una mansión solariega suiza, en los primeros años del s. XX. Se reúnen en la mansión familiar, ahora propiedad de Agnes (Andersson), sus hermanas Karin (Thulin) y María (Ullmann). Agnes se halla enferma de cáncer de matriz. La asiste su sirvienta Ann (Sylwan), que lleva 12 años con ella.

El film es un drama que desarrolla una historia de mujeres. Sólo aparecen fugazmente 4 hombres: los maridos de Karin y María, el médico y el pastor luterano. Está considerado como uno de los films más femeninos del realizador. El guión elabora un estudio bien matizado y diferenciado de los caracteres protagonistas. Karin es reservada, fría y hostil y no soporta al marido. María es frívola e insegura, engaña al marido y no le asiste cuando le pide ayuda. Ann es discreta, leal y de buen corazón. Agnes y Anna, solteras, son amantes.

Bergman dedica la obra a glosar una de sus principales obsesiones, la muerte. Analiza su influenica sobre las personas y sus relaciones con el dolor, el valor efímero de la vida, las relaciones familiares, el silencio y la ausencia de Dios. Para el realizador, la muerte es un tránsito doloroso, cruel y desolador, que frustra las ilusiones de inmortalidad y trascendencia. De paso se refiere a otras obsesiones, como la infidelidad conyugal, las disfunciones del matrimonio, la incomunicación, la soledad, la religión, el masallá, etc. Incorpora al relato elementos tomados del cine de terror (besos vampíricos y muertos que en sueños vuelven a la vida).

El film se presenta inmerso en color rojo oscuro, que se hace presente a través del papel que cubre las paredes, las alfombras, las cortinas, los fundidos, etc. Para Bergman el rojo evoca la sangre, la muerte y la espiritualidad. Se sirve de la voz en off del narrador, flashbacks que muestran el pasado, primeros y primerísimos planos que captan sentimientos en momentos de extrema emoción. Recurre a elipsis y a supuestos (conversación de María y Karin sin que se oiga la voz). Se sirve de símbolos convencionales, como el reloj (paso del tiempo). Crea imágenes que evocan símbolos: cuando Ann acuna a Agnes para aliviar el dolor, compone una imagen de "La Piedad".

La música incorpora unos pocos fragmentos breves de piano ("Mazurca, op. 17/4", de Chopin) y cello ("Suite nº 5 para cello solo", de J.S. Bach), que inspiran sentimientos y emociones acordes con el relato. La fotografía, de Sven Nykvist, construye imágenes de gran belleza y potente esteticismo. Hace un uso expresionista del color (rojo, blanco, negro). Las interpretaciones de las 4 protagonistas son magníficas. Película sobrecogedora.
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145 de 156 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Continuo aprendizaje
Incluso si tienes el peor día de tu vida, esta devastadora historia, es capaz de hacerte gozar. El cine de Bergman, despierta a las personas, es un enfrentamiento con uno mismo y un aprendizaje continuo. Y eso, jamás puede ser malo.

El encuentro de dos hermanas (Ingrid Thulin y Liv Ullmann) que acuden a cuidar a su enferma hermana (Harriet Andersson) sirve de pretexto para hablar de la envidia, el miedo, la soledad, el cinismo... De lo egoístas que somos los seres humanos. Es una historia demoledora. Verdaderamente demoledora.

Con una banda sonora prácticamente inexistente, como si la presencia constante de la muerte enmudeciera las notas de Bach y Chopin. El silencio, los gritos y susurros y el tic, tac del reloj marcan el ritmo de la película, junto al color Rojo y las velas...

Se podría hablar de tantas cosas que no acabaría nunca. A modo de apunte solo comentaré una cosa: la duda, tema eterno en la filmografía de Bergman, en el personaje del cura: "Su fe era mucho más firme que la mía".

Una extraordinaria película, con una magnífica fotografía de Nykvist, donde la muerte está más presente que nunca, con unas interpretaciones sublimes que aguantan los primeros planos con maestría y veracidad.

Un verdadero placer, como siempre.
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84 de 84 usuarios han encontrado esta crítica útil