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American Horror Story: Murder House (Serie de TV) (2011)

Sinopsis
Serie de TV (2011). 12 episodios. Tras sufrir algunas desgracias familiares, Ben (McDermott) y su esposa Vivien (Britton) dejan Boston y se trasladan a una casa de Los Angeles con la esperanza de reconstruir su vida. Moira O'Hara, una chica que trabajó en esa casa, aparece a los ojos de Vivien como una sexagenaria (Conroy); Ben, en cambio, la percibe como una mujer joven (Breckenridge). (FILMAFFINITY)
Director
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Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
American Horror Story: Murder House (TV Series)
Duración
50 min.
Guion
Ryan Murphy, Brad Falchuk, James Wong, Tim Minear, Jennifer Salt, Jessica Sharzer
Música
James S. Levine
Fotografía
Christopher Baffa
Productora
Emitida por la cadena FX; 20th Century Fox Television
Género
Serie de TV Terror Drama Sobrenatural Casas encantadas Fantasmas Familia
Grupos  Novedad
American Horror Story
10
De terror psicológico a terror psicopático
Las casas encantadas ya apenas tienen encanto. Se ha abusado tanto en el género de explotar el terror entre las cuatro paredes que uno ya ni se inmuta ante una puerta que chirría o un columpio que se mueve solo. Ahí están Insidious en la gran pantalla y Marchlands en la pequeña, como ejemplos recientes de producciones que ya no logran sorprender al espectador. Hasta que ha llegado American Horror Story y ha trastocado nuestros prejuicios. El miedo psicológico y sus manidos recursos dan paso con esta nueva serie a un terror mucho más evidente, con una intención más agresiva y perturbadora. Ya no es tanto la casa, sino sus oscuros habitantes, los que producen pavor. La experiencia, por fin, vuelve a resultar satisfactoria.

Es evidente que la propuesta bebe directamente de la atmósfera esquizofrénica de El resplandor. Esas visiones surrealistas, que rozan la locura, nos trasladan enseguida a los minutos finales de la cinta de Kubrick. Imágenes inquietantes que nos advierten que la serie no se moverá en torno al terror psicológico sino que se dirigirá más bien hacia el psicopático, el enfermizo, el delirante. Una perspectiva inédita en televisión que sólo podía encajar en un canal de pago adicto a romper moldes como FX.

American Horror Story todavía tiene más mérito si tenemos en cuenta que ha sido ideada por Ryan Murphy y Brad Falchuk, creadores de Glee, con lo cual se certifica que la serie parte de mentes un tanto bipolares, capaces de crear bodrios de instituto en forma de musical y a su vez esta siniestra ficción de factura brillante. También es cierto que figura en su currículum Nip/tuck, una prueba más de que si algo mueve a ambos productores es el riesgo.

American Horror Story no parte de crímenes o asesinatos en serie sino de una brutalidad mucho más abstracta. El origen del miedo está en una mansión con historial macabro, a la que se muda un matrimonio en crisis y su hija adolescente. Lo que no sospechan sus nuevos inquilinos es que la increíble oferta de alquiler venía acompañada de otros habitantes, reales y surreales, que convertirán su existencia en una pesadilla.

El primer episodio no escatima en recursos narrativos para enganchar al espectador. Están los sustos de rigor que pueblan toda producción del género, pero también apariciones fantasmagóricas revestidas de látex, escenas de sexo y masturbaciones inéditas en televisión. También situaciones dramáticas, como la gran bronca de la pareja, de la que apenas nos ahorran detalle. Un cúmulo de efectos, no necesariamente especiales, que quitan el hipo durante 50 minutos. Y un elenco de infarto, con Jessica Lange a la cabeza, que completa la hazaña. American Horror Story se presenta, de esta manera, como la serie más prometedora de la nueva temporada.
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87 de 117 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Interesante pero irregular
Al parecer la propia serie en sí no ha acabado, pero, puesto que se trata de temporadas autoconclusivas, y que probablemente no vea la segunda, me veo con derecho a escribir una crítica de esta primera temporada, que deja un interesante principio para acabar en un convencionalismo que a veces roza la mediocridad.
El principio de la serie es brutal. El piloto es una auténtica declaración de intenciones, con su concepción formal que engloba un montaje brutal, así como el uso de la cámara. Zooms cortados, saltos de eje y cortes en el otro eje. Toda las reglas del montaje canónico saltan por los aires para provocar un clima de inquietud perfectamente logrado. Ninguno del resto de los capítulos llega al nivel de tensión e incluso miedo que se siente con los dos primeros. Puesta en escena brillante y buenas interpretaciones, y un ambiente de delirante surrealismo que prometía muchísimo.

A esto le añadimos un divertido juego pos-moderno de homenajes, clichés que se dan la vuelta, y juego con los códigos del genero (principalmente terror). Las influencias aparecen de forma exhibicionista con Kubrick como estandarte, pero desde La Semilla del diablo hasta Shutter Island, pasando por los pseudoclásicos de terror de los 80 y noventa. Hay momentos fantásticos de escenas claramente de terror en cuanto a lo que ocurre que no dan nada de miedo, y secuencias en apariencia normales, que te tienen completamente acongojado (buenísima la secuencia en la que una escena de tensión pura acaba en un simple adulterio).

Sin embargo la serie no es capaz de aguantar el nivel, y a partir del tercer capítulo se diluye. Aun se disfruta, pero la sensación de brillantez inicial desaparece. La serie empieza a preocuparse de hilar tramas y crear personajes, profundizar en ellos, y ahí es cuando empieza a fallar. No porque en sí crear personajes profundos y tramas complejas perfectamente bien hiladas me parezca mal, de hecho es todo lo contrario. Si no porque lo que hacía que esta serie algo distinto y audaz era ese punto subversivo tanto en lo formal como en lo argumental, ese punto surrealista en el que no entiendes muy bien que pasa, esa lluvia de personajes que aparecen y desaparecen. Y todo ello era lo que provocaba las sensaciones, el miedo, la tensión, y, por tanto la diversión. Evidentemente así lo único que iba a conseguir la serie era convertirse en un sencillo pero brillante divertimento pos-moderno. Pero es que tampoco estaba llamada a ser más. Al apostar por el convencionalismo argumental la serie se vuelve una más, los golpes de efecto pierden fuerza. Porque de hecho es que ni si quiera lo hacen muy bien. El guion es más bien normalito, y está repleto de incongruencias, unas más perdonables que otras. Quizás el interés no se diluye pero más por curiosidad que por otra cosa.

Sigue en spoiler, pero sin spoiler.
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34 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
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