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India Song (1975)

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Sinopsis
Recreación de la India de los años 30 a través de la historia de Anne-Marie, la esposa del vice-cónsul francés en el país. Harta del tedio cotidiano en que se ha convertido su vida, la mujer inicia una serie de aventuras amorosas que su marido conoce, pero pretende ignorar. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
India Song
Duración
120 min.
Guion
Marguerite Duras
Música
Carlos d'Alessio
Fotografía
Bruno Nuytten
Productora
Les Films Armorial / Sunchild Productions
Género
Drama Romance Años 30 Cine experimental Colonialismo
6
Misión imposible
Hay momentos en que "India Song" parece una obra maestra. El problema es saber de qué: ¿del cine?, ¿de la literatura?, ¿de una expresión artística que todavía no tiene nombre? Otros momentos parecen, sin embargo, susceptibles de provocar esa irritación asociada a la pretenciosa oquedad de lo pedante.

Recurramos a las hipotéticas y no contrastadas opiniones de algunas dilectas plumas de esta página y, sin embargo, amigas.

- Servadac poetizaría sobre voces que se ven e imágenes que se escuchan.

- Chago77 dudaría si ponerla por delante o por detrás de "El año pasado en Marienbad" como anuncio de perfume más largo de la historia.

- Helen, curtida ya en las más altas exigencias de gafas de pasta como buena superviviente de las siete horas y media de "Sátántangó", se la comería con patatas (aunque después pediría un chupito de "Vengador tóxico" para hacer la digestión).

- A GVD le gustaría que no le gustara, aunque existe la seria posibilidad que acabara llevándose un disgusto.

- Vivoleyendo se haría el harakiri con la mano izquierda, aprovechando la derecha para teclear y enviar su crítica a FilmAffinity.

- Entrañable la encontraría interesante, pero no tanto como el esperadísimo remake protagonizado por Steven Seagal, donde les corta la cabeza a las voces en off y acaba convirtiendo la película en un cortometraje porqué ya no sabe qué hacer.

- A antipseudo se le haría larga (la película, se entiende).

- Taylor diría: "Es rara de cojones".

- (Por si acaso, el PP la llevaría al Tribunal Constitucional)


En fin, creo que hablar sobre "India Song" es casi más difícil que verla. Como todo aquello que exhibe la etiqueta de "experimental" en su acepción más acérrima y extrema, tiene la capacidad de descolocar al espectador, que puede pasar sin solución de continuidad de la fascinación más boquiabierta al bostezo más exasperante. De ahí mi nota, no como valoración unívoca ni como promedio, sino más bien como signo de mi propia impotencia para saber a qué atenerme.
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23 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Guided by voices
La voz de un narrador anónimo nos sitúa en el film. Es esa voz asincrónica la que te ubica en los parajes y en las imágenes en una suerte de postcine donde la experiencia sensorial se eleva a primer término, aunque sea la imagen visual independiente de una narración que se presenta como texto literario a través de una palabra escrita (o leída) que parece habitar una (a)temporalidad al margen de lo que la pantalla refleja.

Y es que 'India Song' se va contando, como literatura en imágenes, desde la postal, mediante voces que recuerdan a lo apuntado en off en 'Hiroshima, mon amour' (film guionizado por la propia Marguerite Duras). Lo señala Jacques Aumont en 'Las teorías de los cineastas': «La imagen es transportada en la escritura; antes que nada es dicha en la escritura». Esa “lectura” de la imagen ofrece, por su estatismo (“el único remedio la inmovilidad, la lentitud. Ralentizar la sangre“), una tendencia pictórica en la composición fotográfica (separando el texto y la puesta en escena) tanto en los eternos escenarios interiores como en exteriores de melancolía impresionista que, por esa disociación texto-imagen, provocan en el espectador la sensación de abstracción, de, según Youssef Ishaghpour, habitar un no-lugar y un no-tiempo (ver 'Agatha et les lectures illimitées de Marguerite Duras. El texto literario y su (irre)presentación fílmica').

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«El gris del día, el movimiento específico de la luz, la alternancia de la luz solar y la lunar, el sol que se pone en el agua, la percepción líquida». Gilles Deleuze a propósito de 'India Song'.
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Hay una historia detrás de toda esta quietud y morosidad: romance, infidelidad, diplomáticos… Un melodrama. La trama es clásica aunque fragmentada. Incluso cierta y previsible metáfora de imperio colonial decadente, gigante ocioso que se va hundiendo en sus raíces. Por no hablar de la interpretación feminista y de liberación de la mujer que debe acompañar a cualquier comentario sobre esta directora-escritora. Pero más allá de esas cuestiones, y ahí radica el rasgo estilístico definitivo, es la literatura la que enarbola sus voces y nos canta la trama, la que se inmiscuye en mitad del espectáculo cinematográfico reclamando su espacio, su parcela (aspecto que Duras llevará al extremo en 'Agatha et les lectures illimitées', mostrando el propio texto escrito directamente dos veces a lo largo de la película). Como dijera Joyce: «The world made word, the flesh made word». Los actores y el plano permanecen, así, en una coreografía inerte y ralentizada de letras y esculturas de mármol.

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«'India Song' establece un extraordinario equilibrio metaestable entre una imagen sonora que nos hace oír todas las voces (in y off, relativas y absolutas, atribuibles y no atribuíbles, todas rivalizando y conspirando, ignorándose, olvidándose, sin que ninguna tenga la omnipotencia o la última palabra), y una imagen visual que nos hace leer una estratigrafía muda». Gilles Deleuze.
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La novelística (subvirtiendo la clásica relación cine-literatura donde suele ser la fuente literaria la que queda sometida a las necesidades cinematográficas) se impone hasta tal punto que la imagen enmudece ante la letra. Reviste, como mucho, no representa en sentido fílmico-teatral convencional . No reproduce lo que la voz “habla”; simplemente, y no es poca cosa, lo evoca. La imagen sirve de foto fija o panel. Ornato, ilustración o viñeta. Una escenografía que nos sitúa a nosotros, espectadores, allá donde siempre está la literatura: en un territorio atemporal. Porque el que lee, sabemos, no tiene tiempo. O se sitúa al margen de él durante unas pocas páginas. Así rompe Duras el ritmo cinematográfico de una trama que permanece en el éter, no en su desarrollo narrativo; así crea unas imágenes que se reproducen en el bucle lento de un fenaquistiscopio potenciando el efecto poético del film. El tiempo se alarga mediante planos fijos y secuencia, o en breves panorámicas donde los personajes miran al infinito y son proyectados por la letanía y oración de la voz en off.

Los actores son, consecuentemente, de una bressoniana languidez y anonimato en su ejecución (más maniquí con Duras, eso sí, que modelo). Algo así como un funambulismo del vacío por el que los personajes se mueven en un trance propiciado por la propia realizadora, que rodaba las escenas con música en el plató para provocar esas interpretaciones en estado de embriaguez.

Bressonianamente, también, el motor del Lancia negro.
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8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil