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Jeannette, la infancia de Juana de Arco (2017)

Jeannette, la infancia de Juana de Arco
Trailer
5,7
147
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Sinopsis
Francia, 1425. En medio de la Guerra de los Cien Años, Jeannette, con sólo 8 años, cuida sus ovejas en el pequeño pueblo de Domremy. Un día, le dice a su amiga Hauviette que no puede aguantar más el sufrimiento que causan los ingleses. Madame Gervaise, una monja, intenta razonar con la niña, pero Jeannette está lista para tomar las armas y lograr la salvación del imperio francés. Guiada por su fe, se convertirá en Juana de Arco. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Jeannette, l'enfance de Jeanne d'Arc
Duración
115 min.
Estreno
16 de marzo de 2018
Guion
Bruno Dumont, Charles Peguy
Música
Gautier Serre
Fotografía
Guillaume Deffontaines
Productora
3B Productions / ARTE / Arte France
Género
Musical Histórico Religión
7
Soy rebelde
Dumont y el más difícil todavía. El desvío hacia la comedia que el director tomó con El pequeño Quinquin parece hoy ya una autopista allanada por la que conduce con total destreza. La miniserie producida por Arte supuso un cambio de registro total para el director, pasando del oscurantismo de dramas como Hadewijch, Hors Satan o Camille Claudel 1915 a la luminosidad de una comedia absurda, aunque siempre fiel a su propio estilo. Justo después, La alta sociedad se convirtió en el súmmun de esta aventura cómica gracias a una mayor disposición de medios. Cuando ya parecía anunciarse el fin del periplo del director antes de volver al drama, Dumont asesta un nuevo revés al público: la austeridad técnica de Jeannette supone una mejor percepción de su vis cómica, lejos de adornos, pudiendo así ser mostrada en estado bruto, apuntando además a uno de los iconos históricos más sagrados de Francia.

Con El misterio de la caridad de Juana de Arco de Péguy como guía, Dumont desacraliza el teatro refinado de las letras francesas convirtiendo los versos del texto original en ópera-rock. Además, humaniza iconos históricos y religiosos de dos maneras: en primer término, centrando el relato en la infancia de la heroína, en los momentos que la llevaron a transformarse en una figura clave de la Historia sin narrarnos sus grandezas posteriores. El mismo Péguy se lleva el mérito de este logro, pero el efecto de humanizar lo sacro se multiplica cuando Dumont, como muchas más veces ya ha hecho en su carrera, cede todos los papeles a actores no profesionales.

Esta no es la única ruptura que Dumont provoca con un producto tan irreverente, pues Jeannette supone un musical atípico como nunca antes visto. Basadas sobre versos libres que recuerdan a oraciones, las melodías parecen desarrollarse espontáneamente sin que los espectadores puedan seguirlas con facilidad. Los actores no son cantantes profesionales, los estilos musicales cambian del heavy-metal al rap sin desentonar y la cámara de Dumont se desenvuelve con total libertad de movimiento, sin buscar la perfección de un plano, sino intentando acoplarse al movimiento de los personajes: a una pierna que se estira, a una melena que golpea el viento, a un pato que está siendo desplumado. Todas ellas armas de doble filo, sin embargo, que hacen que la película se alargue pese a contener mayor carga dramática hacia el final.

Más allá del género musical, lo más sorprendente de la película es su puesta en escena. Dos actos, la infancia y la adolescencia, en el mismo paisaje. Un par de dunas de la costa de Ópalo como si fueran la Lorena. En cada una de las dos partes, los personajes y los números musicales salen al encuentro del plano mientras que la protagonista camina, desde su encuentro con unos huérfanos hambrientos hasta la visión de los santos en el primero, de una de sus conversaciones con Dios hasta su huída clandestina a la guerra, en el segundo. Una continuidad perfecta y de tal simpleza que golpea a unos espectadores desprevenidos ante tal ejercicio de libertad y demuestran que Dumont es capaz de expandir los límites de cualquier género.

hommecinema.blogspot.fr
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
El musical al estilo Dumont
El francés Bruno Dumont dirige su noveno largometraje, además de la miniserie " El pequeño Quinquin " que se proyectó en los cines en una película de 3 horas. No he visto sus primeros trabajos y la primera película que pude ver hace unos años no me convenció, se trata de " Camille Claudel 1915 ( 2013 ) ", que me pareció demasiado pesada. Sin embargo tanto " El pequeño Quinquin ( 2014 ) " como " La alta sociedad ( 2016 ) " me convencieron y me lo pasé muy bien con ese humor tan surrealista rozando lo absurdo a partir de unos argumentos simples y con unos personajes bastante inútiles, que recuerdan a Monsieur Hulot de las películas de Jacques Tati. Su cine es apreciado por los festivales europeos ya que ha estado presente en el festival de Cannes en 5 ocasiones, y en España sus películas han pasado por lugares tan diferentes como Sitges, Valencia, Gijón, Sevilla o San Sebastián.

Su nuevo trabajo se presentó en el pasado festival de Cannes ya que formó parte de la sección Quincena de realizadores, y en España se pudo ver por primera vez en Gijón ya que estaba englobada dentro de la sección oficial de la 55ª edición del FICX, en donde la pude ver, y en general no fue muy bien recibida por la crítica y el público asistente a la localidad asturiana.

La película no es fácil de digerir como los trabajos anteriores del director y está basada en la obra " Les Mysteres de la charite de Jeanne d'Arc " escrita por el dramaturgo francés Charlrs Péguy en 1910, cuya historia se desarrolla en el siglo XV y tiene como protagonista a Juana de Arco, pero no a la que conocemos por los libros de historia, sino a una bastante peculiar ya que canta, teniendo en cuenta que la propuesta es un musical, con dos etapas bien diferenciadas, una cuando Juana de Arco es una niña de 8 años y otra en su etapa adolescente.

La primera mitad funciona bastante bien como musical y crítica social, en donde los textos cantados por la pequeña Lise Leplat Prudhomme ponen su punto de mira en lo absurdo de las guerras, y también en una crítica a la política y las religiones. Además la niña canta bastante bien y esas canciones bastante poéticas tienen unas letras interesantes. Un gran trabajo interpretativo de la niña, que es lo más destacado de la película. Alrededor de la protagonista van apareciendo otros personajes que en algunos momentos intercambian diálogos y en otros cantan canciones. Esa primera parte me parece notable, pero la propuesta se estropea en la segunda mitad cuando hay un cambio en los intérpretes. En la parte final lo que cuentan se vuelve menos interesante, las canciones se vuelven mucho más potentes y enérgicas al estilo del rock más duro que no encajan en la historia.

Los escenarios naturales son un río y unas dunas que parecen el mismo lugar en donde se grabaron sus dos trabajos anteriores, y de nuevo Dumont no busca un diseño de producción complejo sino elementos naturales sencillos que encajen bien en la historia, y en esta ocasión vuelven a ser adecuados para esta historia. El vestuario diseñado por Alexandra Charles y algunas situaciones cómicas son otros aspectos destacados de la película, que no pasará a la historia como la mejor película del director francés, pero que tiene su público que disfrutará con esta película extraña y alejada de los cánones del cine actual. No al recomiendo al público medio, ni siquiera a los aficionados a los musicales, y únicamente a los incondicionales del cine de Dumont.

LO MEJOR: La actuación de Lise Leplat Prudhomme, sus canciones durante la primera mitad.
LO PEOR: La segunda mitad no funciona al nivel de la parte inicial.

Pueden leer esta crítica con imágenes y contenidos adicionales en: http://www.filmdreams.net
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