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El primer gran asalto al tren (1978)

El primer gran asalto al tren
Trailer
6,5
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Sinopsis
Pierce es un experto ladrón de mediados de siglo XIX y convence a dos compinches para robar 25.000 libras en oro de un tren en marcha. Sin embargo, antes de poder acercarse al botín, la banda criminal tendrá que conseguir hacerse con cuatro llaves que cuatro personas distintas tienen en su posesión. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Reino Unido Reino Unido
Título original:
The First Great Train Robbery
Duración
111 min.
Guion
Michael Crichton
Música
Jerry Goldsmith
Fotografía
Geoffrey Unsworth
Género
Aventuras Trenes/Metros Siglo XIX Robos & Atracos
Grupos  Novedad
Adaptaciones de Michael Crichton
"Típica entrega de golpe perfecto, se recrea demasiado en las descripciones técnicas del atraco, y resulta decepcionante como comedia. Lo mejor, el erotismo de Lesley-Ann Down"
[Diario El Mundo]
"Simpática"
[Diario El País]
6
El problema de ir de gracioso: O se es oportuno o puede resultar contraproducente.
A finales de los años setenta Michael Crichton estaba en su mejor momento (aunque en el ámbito económico estaría más forrado con "Parque Jurásico" que vendría años después). Era un reputado escritor de best-sellers que había escrito buenos guiones ("La Amenaza de Andrómeda" de Robert Wise) y que su salto a la dirección parecía consolidada con la notable "Almas de metal" y la interesante intriga médica "Coma". La gran película de presupuesto alto tenía que llegar y lo hizo con la adaptación de otra de sus novelas "El gran robo del tren". Para poner los medios y el dinero ahí estaba un hombre como John Foreman productor de “Dos hombres y un destino” y de muchas películas de John Huston, el director que rodaba sin prisa, es decir se iba a contar con un presupuesto considerable para una película que en principio prometía.

Atracos y robos ha sido siempre un subgénero cinematográfico que ha funcionado ya que la gente disfruta viendo los pormenores del plan.

Para ello se contaba con actores como Sean Connery, en un papel que siempre le fue muy bien y un algo más desaprovechado Donald Sutherland compartían cartel con la belleza irresistible de Lesley-Anne Down.

El resultado fue un importante descalabro. La historia es un híbrido entre aventura, acción y comedia que no termina de funcionar en casi ningún momento. Precisamente ese carácter de comedieta es realmente lo que le hace en ocasiones insoportable ya que toda la trama de atraco pierda verosimilitud con escenas grotescas más propias del gordo y el flaco que de una película de tal calibre y presupuesto.
El montaje de la película es también tramposo vendiendo gato por liebre continuamente.
No comprendo por qué el propio Crichton desvirtúa su novela cuando era esta mucho más serie y creíble.

De todas formas podemos disfrutar del alto presupuesto con un magnífico diseño de la Inglaterra victoriana, con su estación de tren, barrios pobres, paseos principales, edificios suntuosos, vestuarios y trajes de ensueño... y por supuesto de Geoffrey Unsworth, monstruo de la fotografía, que vuelve a dar lo mejor de sí.

El fracaso de la cinta supondría que Michael Crichton tuviera que olvidarse por un tiempo de dirigir películas y que nunca volviese a contar con un alto presupuesto para dirigirlas.

Discreto resultado de una película y una historia que daba para más. Lo que demuestra que a veces el que la escribe no es el mejor para dirigirla.

Nota: 5,7.
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26 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Fabulosa fantasmada
Subyaciendo a la trama principal, la del atraco, lo más destacado de la película es la amalgama de situaciones en las que un Connery impresionantemente atractivo se recorre una ciudad, Londres, en la que se codean por las calles seres del inframundo, del lúmpem, de las clases medias y de la aristocracia.

Allí, en la gloriosa época de la Reina Victoria, de las carreras de Ascott, de los banqueros y matrimonios de conveniencia, de las ferias de jardinería y carruajes, del esplendor de la época colonial y de la caballerosidad y flema británicas, se desenmascara también la vida en las cloacas de los prostíbulos, de las prisiones, de los patíbulos, de las alcantarillas, de las ratas, de las tabernas y de las casas de apuestas.

Lo mejor: son banqueros y aristócratas quienes configuran la clientela que sostiene todo ese submundo. Valientes hipócritas. Y así, la película, desmaquilla de tanto colorete, polvo y peluca a la temible, majestuosa y orgullosa sociedad victoriana: como a la más hipócrita de todas.

Los únicos que no se comportan como hipócritas son el trío de actores protagonistas: Connery, Sutherland y especialmente Lesley Ann-Down, que llega un punto más allá que sus dos compañeros de reparto, por ser mujer (en el encorsetado sistema de costumbres incorruptas) y por su chispa, suspicacia y sentido del humor. Gran acierto en la elección del trío protagonista.

¿La trama en sí?. Fabulosa. Pero en los dos sentidos: fabulosamente encantadora como fabulosamente falsaria. Semejante proeza no es sólo imposible, sino que además frivoliza con la inteligencia de todo el resto, volviendo a echar mano del británico recurso favorito para las historias de héroes de justicia en mano: los Robin Hoods aclamados por el populacho vulgo.

¿A quién no le seduce la idea de que el oro saqueado a las colonias sea el botín objeto del robo de este nuevo Robin Hood socarrón e irresistible?

Por eso la película es simpática, ingeniosa y llena de momentos en los que inconteniblemente se desata la carcajada. Pero carece de credibilidad porque del atraco perfecto han querido poco menos que convertir ese tren en un Caballo de Troya. Demasiado...

Pero recomendable, y mucho.
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17 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil