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Carbón (Camaradería) (1931)

Carbón (Camaradería)
Trailer
7,5
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Sinopsis
Carbón -camaradería, en la traducción literal del título original- está basada en una reconstrucción de un desastre en una mina que ocurrió en Courrières cerca de la frontera entre Francia y Alemania en 1906. El fuego ha estallado en el lado francés. Se carece del equipo necesario para combatirlo. Todas las instalaciones están disponibles en el lado adyacente alemán que ha sido separado por una valla subterránea desde 1919. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Alemania Alemania
Título original:
Kameradschaft (Comradeship)
Duración
93 min.
Guion
Anna Gmeyner, Peter Martin Lampel, Karl Otten, Gerbert Rappaport, Ladislaus Vajda, Léon Werth
Música
G. von Rigelius
Fotografía
Robert Baberske, Fritz Arno Wagner (B&W)
Productora
Coproducción Alemania-Francia; Nero Film / Gaumont-Franco Film-Aubert
Género
Drama Drama social Basado en hechos reales
10
Obra maestra
Carbón es una película insólita en todos los sentidos. Enmarcada en el contexto de entre guerras, surge como un canto en defensa de la hermandad entre personas que se vieron enfrentadas en una guerra absurda instigada por intereses que no les eran propios. Pabst dirige con maestría este alegato pacifista en contra del absurdo de las fronteras entre seres humanos que padecen los mismos sufrimientos y el mismo destino. Con una planificación cuidada en su más mínimo detalle, y una historia que te atrapa poco a poco, hasta hacerte suyo completamente, Pabst nos demuestra por qué es uno de los grandes en la historia del cine. Los poderosos e impresionantes movimientos de cámara son fruto de una dirección de fotografía magistral por parte de su operador habitual, Fritz Arno Wagner. Este director de fotografía, a pesar de no ser tan conocido, es tan grande como Karl Freund o Gregg Toland, y en su haber tiene tal listado de obras maestras que uno no se extraña de que esta película tenga tal perfección visual. Por citar algunas: Nosferatu, M, Doctor Mabuse, Las tres luces, etc...
Esta película merece verse no una, sino muchas veces.
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12 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
¡Mineros del mundo: uníos!
Pabst realizó dos versiones de este film, una en francés y otra en alemán, basándose muy libremente en la catástrofe de Courrières de 1906 en el que más de mil mineros franceses murieron por una explosión que devastó toda la mina.

El director austríaco se sirve de la mayor catástrofe de la historia de la minería europea para entregarnos una idealizada historia de solidaridad internacionalista, inaudita y sorprendente en el enrarecido ambiente de entreguerras y más aún en el terreno de las relaciones diplomáticas entre Francia y Alemania, cuyos territorios de Ruhr habían estado ocupados hasta escasos años antes por fuerzas francesas.

Soberana lección de cine que no ha perdido un gramo de valor, convicción ni fuerza cinematográfica, el argumento reúne varias historias en torno al rescate: el padre que desesperadamente busca a su hijo, el equipo de rescate alemán que ayuda desinteresadamente a los alemanes o los tres amigos alemanes que por su cuenta se ponen a colaborar.

La película está llena de cualidades admirables y hallazgos supremos al servicio de una narración intensa, de aire documental y gran emoción, con potentes imágenes visuales –a destacar, por ejemplo, las tensas horas de espera de los familiares- en las que Pabst sabe recrear magníficamente el trabajo en la mina y la posterior carrera por rescatar el mayor número de mineros. Su sentido visual y constructivo –encuadres exactos, movimientos de cámara justos y precisos- unido a un fantástico trabajo de los operadores de cámara Robert Baberske y Fritz Arno Wagner con la prodigiosa iluminación del trabajo en la mina- permiten a Pabst mantener una tensión constante, lo que no impide una enorme capacidad de observación de la conducta humana.

La visión idealizada del mundo de los mineros debe su influencia a Eisenstein a la que Pabst añade un pacifismo humanista, que una al género humano por encima de sus diferencias –ay, bendita ingenuidad en las prostimerias de la segunda carnicería mundial- pero también un idealismo simbólico que borrase las barreras que separaban a Francia de Alemania –véase la significativa escena de la frontera subterránea con el icónico plano en el que las manos derriban la frontera física pero también mental entre los viejos enemigos no demasiados años después de la primera guerra mundial-.

Apasionante obra maestra.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil