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Sueños de gloria (1944)

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Hoy en día esta película apenas sirve más que para calibrar el espectacular giro hacia la propaganda cívica que dio todo Hollywood al entrar Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. En este caso, el mensaje se centra en el esfuerzo realizado por el mundo del espectáculo de cara a la contienda: sus viajes y actuaciones a cualquier lugar donde hubiera tropas estadounidenses, con menciones explícitas a Leslie Howard y Carole Lombard, quienes acababan de entrar a formar parte del listado de víctimas mortales del conflicto. El forzado melodrama que aquí protagoniza George Raft carece por completo de interés. Pero, además de observar el tono semidocumental del producto (con cameos de multitud de estrellas secundarias del Hollywood del momento), merecen la pena, si no todos, algunos de los números cómico-musicales que se incluyen: el dúo de bailarines cómico-acrobáticos Donald O’Connor & Peggy Ryan, la armoniosa cantante Dinah Shore, las dinámicas hermanas Andrews, que eran la sensación pop del momento, o el improvisado dúo cómico formado nada menos que por Orson Welles y Marlene Dietrich. Como todavía Hollywood tenía cierto complejo de inculto, añade al plantel nada menos que al pianista Arthur Rubinstein, interpretando una pieza de Chopin. Y, como toque culto exótico, un fulgurante número de la mítica bailadora española Carmen Amaya (¿qué pintabas tu ahí, shiquilla?), que zapatea vestida de hombre con un vigor que impresiona. Por algo decían que desprendía fuego y ritmo.
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