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El amor de la actriz Sumako (1947)

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Sinopsis
Shimamura es un inquieto dramaturgo que quiere introducir en Japón el teatro occidental de autores como Ibsen. Sumako, la actriz que interpreta el papel de Nora en "Casa de muñecas", encuentra un amor apasionado que la lleva a romper con su familia y con las convenciones sociales que hasta entonces había respetado. No obstante, su relación amorosa no estará exenta de sentimientos de culpa. Vida y arte convergen en unas actuaciones apasionadas con estallidos de gran intensidad emocional. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Japón Japón
Título original:
Joyû Sumako no koi
Duración
96 min.
Guion
Yoshikata Yoda (Obra: Hideo Nagata)
Música
Hisato Osawa
Fotografía
Minoru Miki (B&W)
Productora
Shôchiku Eiga
Género
Drama Romance Teatro
8
El teatro de la vida; teatro de amor, de sufrimiento, de tragedia
Tras interpretar a la torturada protagonista de "Resurreción", los compañeros de Sumako se acercan a felicitarla por su gran actuación.
Uno de ellos, muy sabiamente, afirma "No ha sido una interpretación, sino una extensión de la realidad".

Así es, las desgracias y tristezas de la vida real se transfieren, se transmiten al arte, y viceversa, todo formando un círculo infinito de sensaciones, incluso a veces sin poder distinguir la realidad de la ficción; de este modo el maestro Kenji Mizoguchi vuelve a hacer hincapié en una de sus más grandes pasiones después del cine: el teatro. Y lo hará tras preguntarse una vez más por el estatus del artista en "Utamaru y sus Cinco Mujeres", viajando desde la era Edo a la era Taisho (1.912-1.926), breve periodo en la Historia de Japón marcado por los movimientos liberales y contestarios.
Pero el director se sitúa lo más lejos posible de conflictos políticos para centrarse en contarnos, a partir del guión de Yoshikata Yoda (basado en la obra de Hideo Nagata), la historia de Sumako Matsui, considerada en su época como la reina del teatro, el cual revolucionó, imponiéndose como actriz femenina frente a los oyama (hombres que se disfrazaban de mujeres en las piezas kabuki) y cuyo trágico final la condujo a la leyenda. Al filmar su biografía, donde se relata el romance con su maestro Hogetsu Shimamura, Mizoguchi se aleja de la verdad histórica para explorar la pasión amorosa de una actriz y su rechazo a plegarse a las convenciones sociales y teatrales.

Para más inri, esta adaptación, donde veremos cómo se enfrentan los ideales tradicionales con los modernos, no podría haberse llevado a cabo en un momento más acertado, pues el final de la 2.ª Guerra Mundial había dado pie a la democratización y destrucción de los remanentes del Japón feudal (la era Taisho y la era Showa tras la derrota comparten puntos en común), así como a los films de propaganda. "El Amor de la Actriz Sumako" nos presenta un grupo de teatro partidario del arte occidental (como a los que el director era aficionado en sus años de juventud) que prepara obras de autores extranjeros según los principios del naturalismo.
Shimamura desea estrenar la celebérrima "Casa de Muñecas" de Henrik Ibsen (la primera obra teatral feminista), pero aún no tiene a la actriz idónea para el papel de Nora Helmer, hasta que conoce a Sumako, cuya energía e independencia femenina la convierten al instante en la elegida; la fascinación de Shimamura por la joven intérprete se transformará en atracción amorosa. A partir de ahí la desgracia parecerá invadir al dramaturgo, para quien se debe vivir según los principios de la honestidad y los sentimientos, sobre todo al abandonar su hogar por Sumako, convirtiéndose ambos en objeto de habladurías y desprecio en una sociedad de rígidos tradicionalismos.

Mizoguchi profundiza en dos de sus grandes obsesiones. La primera es el teatro, donde completa la serie iniciada con "Historia del Último Crisantemo", entrando de nuevo en la vida de esos artistas shingeki que sienten más que actúan, rodando las representaciones escénicas de manera documental, manteniendo la distancia y nunca introduciéndose del todo en el escenario, aunque sí creando un vínculo casi místico entre las obras que interpretan los personajes y su realidad; así se establecerán las semejanzas entre Sumako y sus papeles de Nora, Katerina y Carmen, mujeres decididas, atormentadas o condenadas a un final terrible, con los que ella se identificará cada vez más intensamente al avanzar la trama (Shimamura incluso abandonará su hogar al igual que Nora).
Por otra parte entran en conflicto, como bien mostraría Ozu en "Primavera Tardía" poco después, el pensamiento tradicional japonés y el moderno, el liberal, importado de Occidente. Los chismorreos, las calumnias y la presión social poco importan a Shimamura cuando se propone iniciar el romance con Sumako, quien no sufre reparos a la hora de admitir sus dos divorcios; ésta expresará, del mismo modo, su libre y tajante decisión amorosa ante sus compañeros, quienes la reprochan sobre su inmoral conducta. Para apoyar este discurso tan propio de la época, Haruko, la hija del dramaturgo, anunciará convencida su deseo de permanecer soltera y no casarse jamás.

Dichas reflexiones y opiniones estarán tratadas desde el más puro melodrama, evitándose, como es propio en Mizoguchi, el maniqueísmo esquemático, el final feliz y los momentos de gran carga emocional que sí serían explotados por cineastas occidentales (no veremos ni la agonía de Shimamura durante su enfermedad ni el suicidio de Sumako), retratando a sus personajes con dureza y no dejándoles otra salida salvo la decadencia, la culpa y la muerte, encontrando así la negrura de las obras de la escuela naturalista mientras rinde tributo a sus admirados Ibsen, Tolstói y Georges Bizet.
En el film todo descansa en su bella estilización: planos-secuencia a menudo fijos, rodados con sobriedad, puesta en escena teatral, clásica, y al mismo tiempo realista, rechazo de los primeros planos con la excepción del rostro de la protagonista al final, apoyándose en la suave fotografía de Minoru Miki y la dramática música de Hisato Osawa. So Yamamura, Eijiro Tono, Eitaro Ozawa y Chieko Higashiyama brindan unas notables actuaciones, pero Kinuyo Tanaka, hecha a la medida de su personaje y soberbia desde todos los ángulos, termina eclipsando al resto del plantel; su presencia devora la pantalla, siempre ha sido así.

Estamos ante un gran melodrama, poético, absorbente y tremendamente descorazonador en última instancia, sin embargo Mizoguchi no estaría satisfecho con él, sin duda porque su tema le obligaba a respetar la forma de teatro naturalista defendida por Sumako, de la que él se había ido distanciando desde sus primeras obras.
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1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil