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El editor de libros (2016)

El editor de libros
Trailer
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Sinopsis
Una crónica de los tiempos de Max Perkins (Colin Firth), el editor de libros más admirado en el mundo, que presentó al público a los más grandes escritores de este siglo, revolucionando la literatura americana. Incasablemente comprometido con el fomento del talento, fue la fuerza detrás de grandes estrellas literarias como F. Scott Fitzgerald (Guy Pearce), Ernest Hemingway (Dominic West) y Thomas Wolfe (Jude Law). (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
  Ver reparto completo
Año / País:
/ Reino Unido Reino Unido
Título original:
Genius
Duración
104 min.
Estreno
7 de diciembre de 2016
Guion
John Logan (Libro: A.Scott Berg)
Música
Adam Cork
Fotografía
Ben Davis
Productora
Riverstone Pictures / Michael Grandage Company / Desert Wolf Productions
Género
Drama Biográfico Literatura
3
El soberbio cacareo coralino del gallo
Íbamos bien. Hasta casi la mitad la historia tenía interés, los personajes eran buenos, había bellas palabras y estupendos contrastes, lo apolìneo y lo dionisíaco se batían en duelo, Thomas Wolfe nos tenía cogidos del cuello y nos arrastraba con su fuerza huracanada y su yo torrencial. Estábamos gozando moderadamente, si cabe tal contradicción aberrante y timorata.
Difícil me sería delimitar el momento preciso en el que se jodió el invento. Me gustaría echarle todas las culpas a la petarda de la Kidman (hubo un tiempo en que fue más maja), a su personaje insufrible y lastimoso, grotesca representación de imposible asunción. Pero tampoco, ella es solo la chispa que enciende el pandemónium resultante, ese engendro repleto de sermones a contrapelo, lloreras sin cuento, dramones a flor de piel y grandes luminarias de las letras convertidas en fantoches lamentables (Fitzgerald y Hemingway a cada cual más reducido a un arquetipo más simple, facilón y penoso), como títeres descabezados.
Diría, centrándome un poco más, que la cosa se tuerce cuando se pasa de la literatura a la histeria, o de los libros al psicodrama familiar, o del proceso de creación a la amistad más grande que el mundo; del arte a la homilía. Lo que apuntaba a recreación feliz de una relación fructífera y conflictiva se nos viene encima como fórmula narrativa esquemática y simplona con un contenido moral digno de una catequesis. Pero no nos adelantemos, antes deberíamos desmenuzar algunas cuestiones simpáticas. Por ejemplo:
- La escritura a cuatro manos. El escritor crea el boceto y posteriormente lo poda y desbroza en compañía del editor, que es el que dirige la orquesta formada por esos dos individuos tan extraños y dispares.
- El yo del autor como un monstruoso animal que arrasa con todo, ahíto de egoísmo y desmadre.
- El peligro, o el acierto, según se mire, de convertir la escritura en un juego en el que las palabras solo remiten a sí mismas y no cuentan nada, millones de sílabas danzando en torno a una música enloquecida, autorreferencial y delirante.
- La bohemia frente al orden. El quizás necesario cierto desequilibrio del autor debe ser constreñido, domeñado o compensado en alguna medida para que sus obra no sea ilegible, nada más que puro desahogo narcisista e incomunicable.
Y ahora veamos sus numerosos defectos:
- La innecesaria utilización de los elementos familiares como adornos engorrosos que trivializan, enfangan y atontan la narración. Tal y como están planteados, no aportan nada. Nicole es un estrambote. Laura apenas son tres o cuatro miradas. O las explicas bien o no las pones. No vale con recurrir al tópico de la queja y la muy cansina y socorrida letanía del siempre me dejas sola por tu trabajo, querido maridito o amante mío al que tanto quiero y deseo y que poco me lo agradece el puñetero con lo que yo lo valgo y le doy, ay.
- La correción política y la moralina apolillada. La película no se abre en torno a preguntas y ambigüedades, al contrario, se cierra y empequeñece cuando se dedica a impostar lecciones morales y soflamas clericales.
- Se tiende a la caricatura de museo de cera, al exceso, el meno, el mareo y el memuero, a la brocha gorda y la poca sutileza.
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19 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
El editor que cambió la literatura americana
El Editor de Libros se basa en el libro de 1978, Max Perkins: Editor de Genius por A. Scott Berg, y cuenta la historia de la simbiótica relación entre el editor Max Perkins (Colin Firth) y el excéntrico novelista Thomas Wolfe (Jude Law). Se puede afirmar con total rotundidad que Perkins (1884-1947) cambió la literatura americana más que cualquier otro editor y fue un héroe desconocido durante décadas que se preocupó por sus escritores más allá de la fama y del dinero. Trabajando en Nueva York para Scribners, fue el responsable de descubrir y dar forma la obra de genios literarios de la envergadura de F. Scott Fitzgerald y Ernest Hemingway, y en 1929 cuando conoció en su despacho a un Wolfe desilusionado e incrédulo tras haber sido rechazado en todas las editoriales visitadas, y después de leer sus extensos manuscritos, pensó que había encontrado a un nuevo talento al que pulir.

El tema principal de la película consiste en cómo, con la ayuda de Perkins, Wolfe fue capaz de reducir sus novelas de miles de páginas a una longitud razonable, convirtiéndose así en poco tiempo en un afamado y reconocido novelista. El proceso de cómo esto sucedió proporciona las escenas más entretenidas y originales de la película sobre todo en las que Perkins está agobiando a Wolfe para cortar y simplificar sus recargadas novelas de efectos literarios y en la tensa lucha que mantienen para crear un libro legible y comercial que no sea excesivamente largo y así reducir costes, ni demasiado descriptivo para hacer más amena la lectura, de esta manera lo que comienza como un hermoso párrafo elaboradamente escrito se reduce finalmente a unas pocas frases.

Sin embargo, el resto del relato da una sensación de déjà vu, de haberlo visto antes en otros muchos biopics, con personajes demasiado estereotipados donde el protagonista es una estrella en pleno ascenso, demasiado egocéntrico que termina dando de lado a todas las personas que le ayudaron en sus inicios.

Es bastante irónico que cerca de la conclusión de la película, aparece una visita de Wolfe convertido en una estrella y figura mediática de su época (Hasta el punto que Sinclair Lewis le citó en su discurso al recibir el Premio Nobel) a un casi olvidado F. Scott Fitzgerald en su casa de Hollywood al cuidado de su enferma mujer Zelda, y sin embargo, hoy en día Fitzgerald es considerado como uno de los autores americanos más importantes por no decir el mejor de la primera mitad del siglo veinte, a pesar de que William Faulkner, tras la muerte de Wolfe dijo que se había ido el mejor escritor de su generación.

Lo más destacado de la película es su magnífico reparto repleto de actores consagrados. Colin Firth interpreta de forma muy contenida a Maxwell Perkins, un individuo reservado y discreto cuya vida está completamente dedicada a la edición de libros. Jude Law en el papel del arrogante y talentoso escritor sureño Thomas Wolfe con una interpretación excesivamente histriónica. Guy Pearce aparece en algunas escenas como F. Scott Fitzgerald en sus años de decadencia, y Dominic West con una breve aparición en la que apenas se puede valorar sus registros como Ernest Hemingway. En cuanto a los papeles femeninos, no son muy bien tratados en este film, Laura Linney tiene el ingrato papel de ser la esposa de Perkins con la que tiene cinco hijas, sufriendo largo tiempo por la devoción de su marido a trabajar en los libros de Tom en detrimento de su familia, mientras que Nicole Kidman interpreta a una desequilibrada diseñadora, Aline Bernstein, una mujer casada que mantiene una tóxica relación sentimental con Wolfe, y extrañamente celosa por todo el tiempo que pasa su amante con Maxwell.

Todas mis críticas en:
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17 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil