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Más allá de la reencarnación (1980)

Más allá de la reencarnación
Trailer
5,4
115
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Sinopsis
Tras curar la leucemia del hijo de un importante senador, un hombre misterioso va, poco a poco, adentrándose en su vida y en la de su esposa que acaba sintiéndose atraída por él. Son muchos los que temen que este curandero milagroso no sea más que un charlatán que sólo busca manipular al político. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Australia Australia
Título original:
Harlequin (Dark Forces)
Duración
95 min.
Guion
Everett de Roche
Música
Brian May
Fotografía
Gary Hansen
Productora
Western Australian Films / Ace Productions
Género
Thriller Fantástico Drama Intriga
7
Una versión actualizada de Rasputín
Un importante senador australiano (David Hemmings), candidato a gobernador, lamentablemente tiene a su único hijo (Mark Spain) de 9 años sufriendo de una grave enfermedad (leucemia), el hace todo lo posible para salvarle la vida.

Cuando la esperanza ya casi estaba perdida, llega alguien que le promete curar a su hijo, un misterioso hombre (Robert Powell) le cura la leucemia al niño. Este misterioso hombre poco a poco va adentrándose en su vida y la de su distante esposa (Carmen Duncan) gracias a sus habilidades hipnóticas y a su capacidad de seducción.

A sus más allegados esto no les complace mucho, temen que este curandero milagroso no sea más que un charlatán que solo busca manipular al senador. Mantiene una imagen entre mago sexy (con un arete en la oreja y maquillaje en los ojos) y payaso de fiestas infantiles (vestido de arlequín con antifaz y sombrero), el cual resulta encantador para algunos y despreciable para otros.

La interpretación del legendario Broderick Crawford como el “que quita y pone gobernantes” es muy particular por el hecho de que en este film estaba al nivel de las películas que había interpretado en años anteriores a su muerte.

La historia de esta película tiene similitud con una historia verdadera: la del misterioso monje Rasputín de la corte de los últimos zares rusos y la influencia que ejerció sobre el Zar Nicolás II (aquí el senador se llama Nick de Nicolás, ¿será una versión actualizada del mito histórico?).

Broderick Crawford (1911-1986), actor estadounidense, comenzó trabajando en teatro, siendo aclamado por su trabajo en Broadway en la adaptación de John Steinbeck de Of Mice and Men (1937).

Fue relegado en Hollywood a interpretar gángsteres y “cowboys” villanos en películas poco importantes hasta que ganó un Oscar por su interpretación del demagogo Willie Stark en la película de Robert Rossen “All the King's Men” (1949).

Continuó al año siguiente con “Born Yesterday” (1950), pero luego volvió a interpretar papeles de reparto. Entre sus trabajos más destacados figuran “The Mob” (1951), la película de Federico Fellini “IL Bidone” (1955) y su papel estelar en la serie policial “Highway Patrol”(1955-59).
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5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
¿Es buena... o es mala?
Bueno, vamos a ver: esta película es una obra maestra. No, espera: ¿pero no habíamos dicho que era una gilipollez de esas que provocan nauseas? Interesante dilema el que se nos plantea. Y lo es precisamente porque en este simpático filme soy capaz de percibir tanto elementos de maestría cinematográfica al más alto nivel, como situaciones y momentos fétidos y tóxicos de solemnidad.

Una mezcolanza tan sumamente surrealista y dispar que hace que enfrentarse a esta modesta película resulte una experiencia para nada superficial. Se trata más bien de un reto a nuestro intelecto, un tira y afloja constante entre la película y nosotros mismos por ver quien es el primero que cede. Y pueden suceder dos cosas: que aguantemos el tipo hasta el final ante este raro experimento de Simon Wincer (de lograrlo, el sabor de boca que nos dejará "Arlequín" será bastante agradable y duradero) o que el filme nos termine superando y la experiencia fílmica se convierta en un auténtico vía crucis.

He de reconocer que durante la primera mitad del metraje estuve bastante hastiado y quemado ante lo que veía, básicamente porque me parecía una soberana estupidez carente del más mínimo sentido de la lógica y de la decencia hacia el espectador. Sin embargo, no llego a comprender muy bien cómo ni por qué, poco a poco me fui sumergiendo en la trama. Sin enterarme, me vi completamente atrapado por el Arlequín y sus malas artes, y fue entonces cuando el surrealismo y la locura que desprende cada uno de los fotogramas del metraje empezaron a entrar prácticamente sin oposición alguna en mi interior... y comencé a disfrutar. De verdad que me lo pasé realmente bien con la sarta de despropósitos y sinsentidos que se iban sucediendo en la pantalla.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil