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El erizo (2009)

Sinopsis
Relato del encuentro inesperado entre algunos de los habitantes del número 2 de la calle Eugène Manuel, en París: Paloma Josse, una niña de once años tremendamente inteligente y con un plan secreto; Renée Michel, portera discreta y solitaria que bajo su apariencia de inculta y arisca oculta en realidad una personalidad inteligente y cultivada, y el enigmático señor Kakuro Ozu, un japonés que acaba de mudarse al edificio... (FILMAFFINITY)
Director
Reparto
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Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Le hérisson
Duración
95 min.
Estreno
11 de diciembre de 2009
Guion
Mona Achache (Novela: Muriel Barbery)
Música
Gabriel Yared
Fotografía
Patrick Blossier
Productora
Coproducción Francia-Italia; Les Films des Tournelles
Género
Drama Comedia Amistad Comedia dramática
7
Soñadores en la fauna
Esta producción francesa adapta libremente la aclamada novela de Muriel Barbery, La elegancia del erizo. La realizadora afirmó que, al tratarse de una novela muy literaria, valga la redundancia, se tomó la adaptación como un reto. Su intención fue conservar el espíritu de la primera lectura, esa que nos coge por sorpresa, desnudos, que no da apenas tiempo a analizar todos sus entresijos.

Lo que más le llamó la atención del libro original fue el trío protagonista: la joven Paloma (Garance Le Guillermic), la entrañable portera Renée (Josiane Balasko) y el enigmático nuevo inquilino japonés, el señor Ozu (Togo Igawa). Y precisamente en ellos establece los pilares de la narración. Contrapone desde el primer momento a estos tres individuos, introvertidos pero con un gran equilibro interno, con su aburguesado y cínico entorno, formado por seres aparentemente extrovertidos y abiertos pero con un mundo interior totalmente patas arriba.

La pequeña Paloma, desencantada de este mundo en el umbral de la infancia, graba con su cámara casera (versión audiovisual del diario en la novela) a toda la gente que le rodea, sus familiares, sus vecinos, como animales deambulantes por la sabana, como un pez rojo dando vueltas y vueltas en la pecera, metáfora esta última que la directora ha tenido el detalle de representar visualmente, dándole un plus de significación, sobre todo con su reaparición hacia el final del metraje, con una cierta intención anticipatoria. Son precisamente Renée y el señor Ozu los únicos que parecen escapar a esa inquietante tónica dominante, como erizos con duras púas pero sensible y frágil abdomen.

La directora impregna de onirismo y poesía, sin prescindir del necesario aroma revelador, un universo cotidiano encerrado en un edificio que actúa como un cuarto personaje, escondite de sus personajes ante la calle que se presenta como un vivero de aventura pero a la vez peligro, con terribles consecuencias. Crea una fábula atemporal en la que convergen una trayectoria iniciática, la de la niña curiosa e inteligente en los albores de la brecha de la adolescencia, con una concepción radical de la muerte como solución a la vida que le espera, la adulta, que le causa pavor; pero bajo su mirada se nos muestra otra trayectoria, de segundas (o últimas) oportunidades, con el encuentro de dos viudos, solitarios y soñadores que se resisten a caminar solos hacia la vejez. La inesperada resolución de esta segunda trayectoria funciona a modo de homilía para la pequeña Paloma, que de esta manera reinterpreta en un sentido más prudente los conceptos de la vida y la muerte que a su temprana edad ha desarrollado.
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72 de 85 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Busquemos erizos
No os la perdáis. Encantadora peli. Me gusta mucho salir del cine, cuando una película me ha llegado e irme pensando en cada uno de sus personajes: En las frases que han dicho y en lo que han querido decir, sin decirlo. Esa misma noche antes de irme a dormir, vuelvo otra vez con ellos. Son personajes que se quedan grabados junto a un gesto, una mirada, un beso o un enfado, de los que ya nunca podrán despegarse. Personajes que pasan al salón de invitados que tenermos escondido en nuestro cozarón. Y al que más de una vez volvemos abriendo rápidamente la puerta, cuando lo que vemos fuera nos pone tristes. Dulce es la niña. La hermana pequeña que necesita el mundo. Elegante y alargada es la sombra que proyecta el inquilino japonés que tanta paz y sabiduría transmite. Y además, siempre, siempre, con una sonrisa. Y maravillosa es la figura del erizo. Ella; la portera. Dura por fuera; maravillosa por dentro. ¿A cuántos erizos habré dejado pasar en mi vida? Desde esta película, prometo fijarme más.
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57 de 68 usuarios han encontrado esta crítica útil