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The Prodigy (2019)

The Prodigy
Trailer
5,5
312
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Sinopsis
Una madre preocupada por el comportamiento perturbador de su hijo, está convencida de que algo sobrenatural está transformando la vida del pequeño y de quienes lo rodean, poniéndolos en peligro. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Prodigy
Duración
92 min.
Estreno
8 de febrero de 2019
Guion
Jeff Buhler
Música
Joseph Bishara
Fotografía
Bridger Nielson
Productora
Coproducción Estados Unidos-Hong Kong; Orion Pictures / Vinson Films. Distribuida por Orion Pictures
Género
Terror Thriller Sobrenatural
5
Este chico es un demonio.
Películas de niños que dan mal rollo las tenemos a paladas, a la mente nos vienen rápidamente La semilla del diablo (Roman Polanski, 1968), La profecía (Richard Donner, 1976) o incluso El Exorcista (William Friedkin, 1973) por mentar las más famosas, y con The Prodigy nos llega una muestra más de lo inquietante que pueden llegar a ser uno de estos críos. Aunque si tenemos que compararlo con una película clásica, la más cercana sería Muñeco Diabólico (Tom Holland, 1988).

Sarah y John acaban de ser padres, el bebe nace prematuro pero sin más problemas más allá de eso. Los años pasan y Miles es un chico poco sociable, retraído y, en ocasiones, con un comportamiento muy extraño para su edad. Sus padres le buscarán la mejor ayuda pero nada les ha preparado para lo que descubrirán sobre él.

The Prodigy es un drama familiar de ciencia ficción disfrazada de película de terror, prácticamente se trata de un telefilm con algún momento resultón, pero es una película sin demasiadas ideas ni ganas de desarrollar una historia que termina a la media hora de empezar. Y es que la cinta cuenta con el enigma del porqué del comportamiento del hijo como su mejor baza para despertar la curiosidad del espectador, pero este es desperdiciado cuando se desvela antes de siquiera llegar a la mitad del metraje y pierde toda gracia. A partir de ahí la película va cuesta abajo y sin frenos repitiéndose y reiterándose en algo que el espectador ya ha entendido de sobras sin más profundidad que la suposición de un médico.

Tal vez la cinta no tuviera tanta gasolina para aguantar 90 minutos pero un poco más de atino en el guion de Jeff Buhler habría estado bien. Tampoco ayuda cierta vaguedad en la dirección de Nicholas McCarthy, que no pasa de ser correcta sin tomar ningún tipo de riesgo en momento alguno. Su principal problema es en unos inútiles intentos de asustar al público con unos jump scares (aka bocinazos) absolutamente gratuitos y que en ningún caso hacen mejorar la escena, si acaso lo contrario. A la película le falta mucho para ser una película de terror decente, ni la ambientación es adecuada, ni los personajes interesantes, ni las situaciones están resueltas de manera satisfactoria. En cambio si la catalogamos como un drama familiar podríamos llegar a algún tipo de entendimiento, pues por ahí sí que se le ven ciertas ganas de intentar contar una historia. Película protagonizada por Taylor Schilling (Orange is the New Black) en el papel de la sacrificada madre de Jackson Robert Scott (It), quien hace un buen trabajo sobre todo con sus miradas, puede ser que este chaval tenga un gran futuro por delante. Destacar en un papel secundario a Brittany Allen (What Keeps You Alive, It Stains The Sands Red) quien aunque aparezca en un breve espacio siempre sube la nota general.

La película juguetea a ratos con algo parecido a Hereditary (Ari Aster, 2018) pero con una calidad en general muy por debajo de esta. Aun así la película puede entretener si se dejan pasar algunas cosas y te dejas llevar por la mala baba del chiquillo.

https://www.terrorweekend.com/2019/02/the-prodigy-review.html
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
CEMENTERIO DE NOTICIAS
Lo mejor: la modestia con la que el autor firma la producción (qué duda cabe que entretiene sobremanera del segundo uno al cinco mil quinientos), no tratando de abarcar más de lo humanamente posible que, por cierto, no es demasiado (aquí reside el principal problema de la misma, en la escasa originalidad y el nulo distanciamiento respecto a otras propuestas de semejante índole), de hecho tan poco como la justificación de algunas casualidades (la de la grabadora dispuesta estratégicamente en cierto lugar para inmortalizar determinadas frases es, cuanto menos, sospechosa); la parcial revitalización del género que se logra antes del ecuador, siendo el segundo acto un cúmulo de tipicidades a cada cual más predecible que, junto a unos giros de guión excesivamente básicos, convierten la ocasión en una más a añadir al largo listado de aquellas cuya fórmula promete más de lo que ofrece, pues si bien la aproximación al tema de las reencarnaciones es aceptable al de las regresiones en absoluto; la secuencia de la inducción a un sueño profundo (recogida mayormente en el avance) es absorbente e impactante como pocas (tal vez se pueda equiparar, salvando las distancias, a la de la notable El último escalón), ejemplificando el tono que debería imperar en el resto de largometraje.

Lo peor: la pertinente e interesada difusión del rumor acerca de la revisión del montaje final porque, al parecer, el primero era demasiado aterrador para exhibirse en salas comerciales (los responsables que llevaron a cabo las proyecciones antes del estreno oficial en cines aseguraban que el impacto era tal que los abandonos eras constantes y numerosos), una noticia que resulta tan ficticia e ilusoria como la propia cinta; la defensa a ultranza (debidamente cuestionada a la postre) de que el amor puede con cualquier mal sin importar el origen éste (la vertiente psicológica deja paso a una metafísica que, aunque atrae más, termina por desencantar de igual modo), un alegato tan típico como la mayoría de reminiscencias (llámense plagios u homenajes según bajo qué prisma se analice), tanto argumentales como estilísticas que desembocan en la disyuntiva maternal de rigor; el prodigio al que hace alusión el título no se ve reflejado en ningún aspecto técnico cabiendo destacar, en otro orden de apartados, la excelente labor de Taylor Schilling y Jackson Scott en su relación maternofilial, postulándose el último el heredero natural de Haley Osment (el inolvidable infante de El sexto sentido) al tener el don de estremecer con solo aparecer en pantalla gesticulando las emociones.

Daniel Espinosa
www.cementeriodenoticias.es.tl
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil