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Lilja forever (Lilja 4-ever) (2002)

Lilja forever (Lilja 4-ever)
Trailer
7,5
11.261
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Sinopsis
Lilja, una adolescente rusa de 16 años que ha sido abandonada por su madre, lleva una vida miserable en una empobrecida ciudad de la antigua Unión Soviética. En un ambiente dominado por las drogas y la miseria, prostituirse es el único medio para poder comer. La esperanza llega el día en que conoce al atractivo Andrei, que le promete una vida mejor en Suecia. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Suecia Suecia
Título original:
Lilja 4-ever
Duración
109 min.
Guion
Lukas Moodysson
Música
Nathan Larson
Fotografía
Ulf Brantas
Productora
Coproducción Suecia-Dinamarca; Memfis Film
Género
Drama Prostitución Adolescencia Drogas Drama social Abusos sexuales
8
Lilja nunca precisó gafas de pasta
Partamos de la siguiente premisa: “Lilja 4-ever” no es una peli comercial. Y no lo es porque su propósito esencial no consiste en entretenernos sinó en aportarnos algo más. Ese algo más deberá desentrañarlo cada uno. Yo ahí ni entro ni salgo. ¿De acuerdo?. Ok, prosigamos. Moodysson rehúsa todo instinto amable o complaciente y se la trae floja parecer implacablemente áspero e inhumano. Aunque claro, supongo que abordar el tema de la explotación sexual de menores de otro modo resultaría algo incongruente. El sueco emplea trazas documentales que le transfieren a su trabajo cierto aspecto televisivo aunque, evidentemente, tampoco podríamos definir “Lilja 4-ever” como un docudrama en el sentido estricto de la palabra. Tal vez a más de uno le sobrepase su imprimación atroz y confunda reproducciones ficticias de situaciones y circunstancias reales con dramones de sobremesa, pero no creo que nadie en su sano juicio detecte indicios ñoños o lacrimógenos en la propuesta de Moodysson. Y mucho menos, intelectualoides o culturetas. Esta peli es una contundente patada en los huevos, un soberano guantazo en el amodorrado careto de la acomodada Europa Occidental, de esa idílica civilización que suele escurrir el bulto ante los crecientes problemas derivados de la inmigración incontrolada, la población marginal y la impunidad operativa de las mafias de los países del este. Pero lo mejor de todo es que todo ese espíritu de denuncia se divulga solapado a una propuesta visual y alegórica que amortigua la crudeza de su trama y favorece su asimilación. No creo que sean necesarias las gafas de pasta para ver esta peli. Tan solo algo de conciencia y sensibilidad.
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208 de 246 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Sonríe Lilya, sonríe por última vez
¿Y vosotros, de donde salís? ¿Cuánto pensáis que valéis? Seguramente, ni una décima parte de lo que pagaría yo por poder escupiros en la cara la escoria que sois. La escoria que me parecéis. ¿Creéis que podéis tratar a alguien como queráis? ¿Comprarlo y venderlo al pormenor? ¿Como si sólo fuese un objeto, una mercancía? ¿Desechando los sentimientos que pueda poseer una persona, como si se tratase de un muñeco sin vida, de un cuerpo inane? Pero lo peor de todo, es que la escoria que sois no sólo os atañe a vosotros, los que traficáis con esos cuerpos, con esas vidas, sino también a los que están en el otro bando: a todos esos cabrones que pagan a su antojo... ¿por un mísero polvo...?
¿Pero quién os habéis creído que sois? Capaces de tratar a una persona como un simple objeto, como un ser desposeído de toda virtud, que haga vuestras delicias y os ayude a sentiros hombres, otra vez, porque hace tanto tiempo que no acariciáis a nadie, que ni alma os queda. Está podrida, está entumecida, son los restos de lo que algún día, cuando vuestros ojos aun rezumaban inocencia, alguien llamó humanidad. Lo que habéis perdido, lo que ya no poseéis, lo que ya no desprenden vuestros cuerpos, vuestras fauces, cada vez que tocáis a alguien como Lilya, para otra vez más... sentiros algo, sentiros alguien.

Por desgracia, o por suerte para aquellos que palpamos en vosotros el asco de alguien que comete semejantes actos, lo que nunca llegaréis a tener es el suficiente valor para soportar lo que soportan muchachas como Lilya que, algún día, vivieron en la supuesta libertad y felicidad que les otorgaba saber que podían andar a su antojo, antes de que las empapaseis con vuestro repugnante vaho, antes de que las rozaseis con vuestros ásperos dedos.

Porque Lilya, algún día vivió acompañada por la sensación de que podría llegar a ser alguien, de que tras todas esas situaciones vividas, se escondían personas que realmente la valoraban y apreciaban, de que una sonrisa no podría costar un precio tan caro como el de verse despojada de su propio albedrío, del derecho a poder escoger su propia vida. Por eso, sólo por eso, sonríe, sonríe por última vez, Lilya, y vuela hacía el júbilo que algún día se reflejó en tu rostro...
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112 de 148 usuarios han encontrado esta crítica útil