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Difret (2014)

Difret
Trailer
6,3
456
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Sinopsis
En Addis Abeba, la abogada Meaza Ashenafi ha creado una red de ayuda a mujeres y niños pobres que necesiten la ayuda de un letrado. Se enfrenta a un hostigamiento constante por parte de la Policía y del Gobierno. Aun así, se atreve a defender a Hirut, una chica de 14 años a la que secuestraron y violaron cuando regresaba del colegio y que consiguió matar a sus raptores antes de escapar. A pesar de haber actuado en defensa propia, Hirut puede ser condenada a la pena de muerte. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Etiopía Etiopía
Título original:
Difret
Duración
99 min.
Estreno
30 de abril de 2015
Guion
Zeresenay Mehari
Música
David Schommer, David Eggar
Fotografía
Monika Lenczewska
Productora
Haile Addis Pictures
Género
Drama Drama social Drama judicial Crimen Basado en hechos reales
7
“Difret” o cómo las pequeñas acciones acaban en grandes hazañas
Entre los grandes títulos y afamados directores que participan en esta 62 edición del Festival de San Sebastián, encontramos una película modesta pero que nos ha sorprendido gratamente. “Difret”, dirigida por el etíope Zeresenay Berhane y producida por Angelina Jolie, es una película basada en hechos reales, inspirada en una lucha por la justicia y la igualdad de las mujeres en uno de los territorios más recalcitrantes del mundo.

“Difret” nos cuenta la historia de una niña de 14 años que es raptada y violada por un hombre que la quiere hacer su esposa. Esta ha sido – y sigue siendo – una práctica habitual en algunas zonas de África, y que afecta al 40% de las adolescentes según apunta el director del film. Pero todo se complica cuando la niña consigue matar a su captor, comenzando una polémica lucha por concederle un juicio justo y absolverla por matar en defensa propia. Pero este no es un caso cualquiera, sino que representa la situación real que llevó a las autoridades de Etiopía a criminalizar esta práctica del matrimonio por secuestro, gracias a unas mujeres pioneras en la defensa de los derechos de las africanas.

Lo que diferencia a “Difret” de un típico film basado en la lucha social es la franqueza. No se queda en lo que se espera de ella, sino que sobrepasa la barrera de la admiración por unos ideales y se sitúa en la cruda realidad. Al mismo tiempo, es un relato contado con ternura, enseñándonos la inocencia de la niñez y el cambio de una generación, la pérdida de las costumbres en favor de la modernidad. Porque este film no es solo un manifiesto en defensa de los derechos humanos, sino una evidencia de la dificultad para producir un cambio en las tradiciones. Con una investigación de tres años sobre el terreno, Berhane confecciona un relato lleno de matices, que desprende empatía por los personajes. Es, además, una película de denuncia social, ya que esta práctica conocida como “telefa” continúa existiendo pese a la legislación.

Berhane expresa abiertamente su voluntad de cambiar las cosas. ¿Y qué mejor manera de fomentar algo que dando ejemplo? “Difret” es la única película etíope en la que las mujeres ocupan cargos de productoras y jefas de departamento, además de ser responsables de la iluminación y fotografía del film.

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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
CARA Y CRUZ EN DIFRET
Cuando pienso en Etiopía, me la imagino como la piedra angular del gran puzzle de África: un país con su propia lengua, el Amárico; el primero de África que se convirtió al cristianismo, si bien en su vertiente ortodoxa, de hecho Haile Sellassie, considerado como un dios por los rastafaris, y al que Bob Marley dedicó una canción en ese sentido, significa ‘Santísima Trinidad’; una nación con su propia historia y uno de los pocos estados que ya eran independientes en el continente del sur de Europa cuando Naciones Unidas decretó la descolonización: tan sólo conoció unos pocos años de sometimiento al yugo europeo durante el fervor fascista; una población cuya etnia merece un capítulo aparte en los libros de Antropología, hasta el punto de que los etíopes no se consideran negros, sino europeos con la piel oscura: poco más o menos es así como se les reconoce científicamente; quintaesencia del esplendor imperial en tiempos del rey Salomón y concreción del hambre en numerosas fotografías que todos hemos visto; una posición como vértice de las grandes tendencias africanas entre lo más semita del norte y lo más negro del sur; etc. En muy pocas palabras, un país singular, del que al Festival de Cine Africano de Córdoba que vengo siguiendo estos días ha llegado la película Difret (2013), de Zeresenay Berhane Mehari, que ha obtenido diferentes premios en la Berlinale, Sundance, Montreal y Amsterdam.

Se trata de una película cuya productora ejecutiva es Angelina Jolie, según se encargan de recordarnos los créditos al principio y al final de la proyección, y ese toque estadounidense se nota en detalles como la simplificación de las situaciones, el maniqueísmo de telefilme de sobremesa, o las secuencias con perfiles redondeados. Pero dejando a un lado estos imponderables de la industria, prefiero analizar lo que en este largometraje hay de africanidad, pues a este continente pertenecen el director, los actores, la ambientación y los hechos, que además están basados en hechos reales.

En tal sentido, he afirmado pocas líneas más arriba que Etiopía es un país singular, pues así lo pienso si la comparamos con el resto del continente a que pertenece, pero si la consideramos en sí misma, observamos una profunda división ente el norte, donde se dan ciudades con monumentos cristianos excavados en roca, como Lalibela, y el sur, cada vez más virgen de occidente, y cada vez menos etíope en sus rasgo étnicos hasta el punto de confundirse con Kenia en la zona del río Omo.

A esa dualidad esencial, Difret ofrece todo un juego de contrarios en los siguientes aspectos:

- La realidad de los países desarrollados y la de los que están en vías de desarrollo.

- El mundo rural y una gran ciudad como es Addis Abeba. Inolvidable el Mercato.

- Tradición y afán de modernidad.

- La justicia oficial y los consejos de ancianos, de los que se ofrece en el filme de Zeresenay Berhane Mehari un vigor tal que hasta el Ministro de Justicia se pliega a sus designios. Hemos de recordar, sin embargo, que los hechos narrados en esta película se remontan a 1996 y que cinco años después esos consejos de ancianos fueron ilegalizados.

- La libertad de elección y el rapto con violación como medio de asegurar un matrimonio.

- Los estudios y el analfabetismo.

Todo eso en un país que conserva los restos homínidos más antiguos que se conocen, bautizados con el nombre de Lucy, pues se trata de una osamenta femenina, pero que en el largometraje de Zeresenay Berhane Mehari ofrece una imagen muy negativa con respecto a las opciones de las mujeres.

El argumento, en efecto, consiste en una niña de catorce años, Hirut, a la que ha de defender Meaza, puesto que ha matado a su raptor y violador, siendo así que en el pueblo donde vive Hirut se considera totalmente lícito raptar y violar a la joven con quien se quieren casar los hombres, sobre todo si han sido rechazados, no por la propia joven, que no tiene nada que decir al respecto, sino por sus padres. De hecho, eso fue lo que le sucedió a la hermana mayor de Hirut, sólo que en este caso, la chica aceptó el matrimonio como un devenir natural de los acontecimientos.

Una película que denuncia lo degradante de la condición femenina en determinadas regiones y lo hace mediante una narración sencilla y lineal: el director se limita a seguir el curso de lo sucedido. Se trata por ello de un filme en el que se valoran las intenciones, si bien como producto cinematográfico en sí quizá lo más destacable es el haber ilustrado la vida en un país, del que nunca nos acordamos como paradigma de la felicidad.

En Etiopía, en efecto, he visto a niñas cargando hatos de leña, cuyo peso debe ser superior al de las portadoras; niños de apenas diez años en apariencia dirigiendo rebaños de vacas con un palo por medio de la carretera; niñas de apenas ocho años cargando a su espalda o a un costado a un hermano menor; garrafas amarillas para transportar agua y que pueden requerir desplazamientos de un par de decenas de kilómetros para conseguirlo, y dirigirse a la fuente a pie; y condiciones de vida, en definitiva que recuerdan la Edad de Piedra, o como mucho, el inicio de la del Hierro.

Circunstancias todas ellas que deben ser conocidas por el hombre occidental, al menos para que quienes las padecen dejen de ser invisibles.

Esperamos, por ello, que precisamente por haber sido producido por Angelina Jolie y haber sido galardonada en certámenes importante, la película Difret, testimonio de la brutal injusticia, goce de la mayor difusión posible.
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil