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El diablo a las cuatro (1961)

Sinopsis
Cuando un volcán, situado en una pequeña isla del Pacífico Sur, entra en erupción, un sacerdote (Tracy) y tres presidiarios arriesgarán la vida para salvar a los niños y al personal de un hospital infantil. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Devil at 4 O'Clock
Duración
126 min.
Guion
Liam O'Brien
Música
George Duning
Fotografía
Joseph Biroc
Productora
Columbia Pictures.
Género
Aventuras Catástrofes Volcanes
"Atractivo filme, uno de los precursores del, más tarde, tan llevado cine catastrofista. Un volcán amenaza un hospital infantil. Tracy está muy bien, como siempre. Muy entretenida"
[Diario El País]
"Intensa película, bien narrada y mejor filmada"
[Diario El País]
7
Correcto drama de heroismo y soledad, suspense y catástrofes naturales
Realizada por Mervyn LeRoy, adapta al cine la novela homónima (1960) de Max Cott. Se rodó en Lahaina y Maui (Haití) y Fallbrook (California). Fue nominada al Golden Laurel al mejor actor de acción/aventuras. Producida por Fred Kohlmar, se estrnó el 18-X-1961.

La acción tiene lugar en Talúa, isla volcánica del Pacífico Sur, a 700 km. de Tahití, de soberanía francesa, habitada por unas 200 personas y regida por un gobernador. Narra la historia del padre Doonan (Spencer Tracy), sacerdote católico, que lleva trabajando en el lugar 16 años. Tiempo atrás montó una leprosería para niños con la enfermedad de Hansen, situada en un enclave montañoso alejado de la ciudad. La población de la isla rechazó la construcción del centro y, como protesta, dejó de asistir a la misa de los domingos. En hidroavión llegan a la isla tres penados, camino de Tahití, el norteamericano Harry (Sinatra), el francés Marcel y el isleño Charlie. Junto a ellos llega el padre Perreau (Kerwin Matheus), sustituto de Doonan, jubilado por edad.

Spencer Tracy encarna la figura de un sacerdote católico, luchador y generoso, al que la comunidad dio la espalda hace unos diez años, cuando construyó en la isla una leprosería para niños enfermos. Desolado, perdió la fe y cayó en el alcoholismo. Pese a todo, mantuvo su lucha por el mantenimiento del centro. Ante la inminencia de una posible catástrofe natural, requiere de nuevo la ayuda de los isleños, que le dejan de nuevo en la estacada. Con argumentos desesperados consigue la colaboración de los 3 penados, con los que intenta el rescate de los niños y su traslado a pie al puerto. Se crea entonces un clima de tensión creciente, alimentado por la fatiga de los menores, las dificultades que se interponen en el camino, la pérdida de Marcel y el plazo inexorable de tiempo que concluye con la marea alta de las 4 de la tarde.

La música corresponde a una partitura original con fragmentos de violín, percusión, saxo y coros imponentes de voces. La fotografía es luminosa y colorista. Aprovecha la belleza de un paisaje natural, hecho de tranquilas aguas transparentes y de acantilados vertiginosos. Los efectos visuales, abundantes, muestran la eficacia efectistas de los recursos más artesanales que técnicos disponibles en los primeros 60. El guión elabora un relato bien construído, que se enmarca en la corriente de las producciones americanas de cine católico, que proliferaron a partir de los 40, con obras como "La canción de Bernadette" (1943), "Yo confieso" (1952), "Historia de una monja" (1959), "Los lirios del valle" (1963), "El cardenal" (1963) y otras. La interpretación de Spencer Tracy es excelente y meritoria la de Sinatra, que le valió la nominación a un premio. La dirección crea una obra que se sitúa entre las que propiciaron el auge del cine de catástrofes, como "Terremoto" y "El coloso en llamas" (1974).

Película de tensión y suspense, heroismo y soledad, enfermedad y delincuencia, bien narrada. Es entretenida e interesante.
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14 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Cita con Spencer Tracy
Por encima de todo quiero destacar la bondad del cura Tracy, capaz de darlo todo, de sacrificar su vida, por una causa justa en la que lleva trabajando muchísimos años. Es un personaje total, ocupa toda la pantalla y hasta cuando no está, hablan de él. Como ha dicho alguien antes que yo, sobra el cantante amigo de la mafia, su papel lo podría hacer cualquier otro y decir que es pasteloso es quedarse corto. Pese a la terquedad del cura se hace querer, Tracy aprovecha la oportunidad una vez más, había pegado muchos tiros a esas alturas y aquí vuelve a estar a la altura del papel. La historia tiene muchos alicientes, para empezar su rara ubicación, con todo lo que ello supone en cuanto a fotografía, un guión más o menos elaborado y aunque parezcan muchas dos horas no se ha hecho demasiado larga, así que ampliamente recomendable para pasar un buen rato.

En su contra otras cosas, por supuesto, le falta mucho para ser un título grande por culpa del cantante, eso lo primero y ciertamente ya es razón de peso para que agobie bastante. Hay muchas situaciones tan absurdas, una detrás de otra (spoiler), que no diría que es por culpa del guión, es una cuestión de hechos concretos que echan para atrás, mucho para atrás, tanto como para que todo quede reducido, para mí, a un esquelético 5. Prometía mucho, no dejo de recomendarla por eso, pero este diablo a las cuatro no merece más de un cinco. Y menos mal que está ahí Tracy por todos lados...
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9 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil