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The Artist (2011)

Sinopsis
Hollywood, 1927. George Valentin es una gran estrella del cine mudo a quien la vida le sonríe. Pero con la llegada del cine sonoro, su carrera corre peligro de quedar sepultada en el olvido. Por su parte, la joven actriz Peppy Miller, que empezó como extra al lado de Valentin, se convierte en una estrella del cine sonoro. (FILMAFFINITY)
Director
Reparto
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Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
The Artist
Duración
100 min.
Estreno
16 de diciembre de 2011
Guion
Michel Hazanavicius
Música
Ludovic Bource
Fotografía
Guillaume Schiffman (B&W)
Productora
Wildbunch / La Petite Reine / Studio 37 / La Classe Américaine / JD Prod / France3 Cinéma / Jouror Production / uFilms
Género
Comedia Drama Romance Melodrama Cine dentro del cine Años 20 Años 30 Gran Depresión Cine mudo
Premios 22
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6
Historia de un psé
Con tantas notazas y esas credenciales aplastantes que la acompañan, me siento como una Scrooge de la vida al no poder sentir el entusiasmo y la felicidad que parece haber suscitado esta película a lo largo y ancho del mundo cinéfilo.

Acudí con mucha ilusión al cine, con cierto hype -me temo- agrandado por las magníficas críticas y el aplauso de mis amigos. Realmente mi deseo era destilar el apreciado néctar del sense of wonder, tan inusitado en el cine, ya sea el antiguo o el nuevo. Si soy honesta, tengo que confesar que me ACOJONABA salir de la película y que me preguntasen qué tal y tener que contestar: "PUES...PSÉ" y verme objeto del odio y la desaprobación de la entusiasmada platea.

Así que puse toda mi voluntad, aunque reconozco que una importuna sensación de aburrimiento insistió en colarse por las ventanas de mi recia predisposición favorable. Al poco, se sumaron sendos sentimientos de apatía e impaciencia que -presa del pánico- traté de ahogar en mi cubo de palomitas. Osé mirar el reloj, lo que me ganó un reojo indignado de una pareja de ancianos y un codazo virulento del lado de mi pareja. Me entraron ganas de ir al baño, para lo cual debía atravesar una fila completa de personas absortas en la película (y el puto cine estaba lleno).

Volví a mirar el reloj, calculando si podría aguantar la media hora que quedaba del invento. Nuevas miradas indignadas. Salí, me odiaron, me perdí cinco minutos en los cuales el perrito según me dicen había hecho alguna monería. Aliviada por la visita y por haberme ahorrado el rato Timón y Pumba, sigo ascendiendo -contra mi voluntad- hasta el temido "PUES...PSÉ".

Después de la película, entablo una animada discusión conmigo misma y trato de razonar los motivos de mi indiferencia hacia "The Artist". En general, me parece que es simplona, superficialmente bonita y está demasiado pendiente de ser un homenaje. No la siento como una película personal en ningún sentido. Asimismo, si uno ha visto algo de mudo, entenderá que esta película da una imagen muy esquemática y chorra. Hay muchas películas de los años 20 que revisadas hoy, son mil veces más rompedoras que The Artist. Ah, y esto no es un defecto: ¿pero de verdad es tan arriesgada en su propuesta? ¿No ofrece una historia visualmente golosa, apta para público de 8 a 88 años, gente guapa, vestuario bonito, banda sonora emotiva y un perrito monísimo haciendo cabriolas? Vamos, que es muda, pero que no hay nada que no hagan para compensarlo. Para lo que hay que tener huevos es para colar "La cinta blanca" en los Oscar y con 300 críticas en esta página, cuando es un espesito drama dreyeriano sin final cerrado, lento como el discurrir de un caracol y ambientado en un pueblo lleno de gente con cara de conejo.

Me preguntan ¿qué te pareció "The Artist"? Contesto: "Pues...psé". Su impecable realización (sin alma, empero) y alguna escena resuelta con imaginación bien merecen el aprobado, pero tampoco mucho más.
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374 de 493 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
El lunar de Marilyn
The Artist no es un homenaje en exclusiva al cine mudo. Tampoco es cine mudo. Es un homenaje presente al cine grande del pasado y, muy especialmente, al gran cine de Hollywood. Es una fiesta, una celebración. Un caudal de cine con sonrisa.

La banda sonora es relevante, incluso en la elección de los silencios.

La única regla formal de Michel Hazanavicius es la ausencia de color –quizás, el número final hubiera ganado en emoción e impacto con el color de ‘Cantando bajo la lluvia’.

El protagonista se apellida Valentin(o), pero recuerda a Douglas Fairbanks.

El cine inunda cada fotograma…

‘Vértigo’ (la música de Herrmann; el jardín de la mansión, tan parecido al cementerio; la búsqueda en el coche…). ‘Umberto D’ (el mismo perro, Flike, salva a su amo). ‘El crepúsculo de los dioses’ (el proyector, la decadencia). ‘Él’ (la habitación desquiciada; el horror de las risas y los gestos). Rebeca (la sobrexposición de luz en esa alcoba). ‘El nacimiento de una nación’ y su trepidante montaje en paralelo… El plano Lubitsch de las escaleras, preciso y elegante: unos suben y otros bajan, pero el cine fluye sin parar. Algún destello hay de ‘Ciudadano Kane’ y de ‘Sunrise’... El catálogo de citas sería interminable y, sin embargo, se incorporan al desarrollo de la historia con toda naturalidad. No se trata de guiños o de adornos navideños: son parte de la esencia de la cinta.

Hablan los carteles: GUARDIAN ANGEL, LONELY STAR…

El protagonista se hunde. Intuimos un desenlace similar al de ‘Ha nacido una estrella’ –más de una vez, he pensado en la sonoridad de la frase: “Soy la señora de George Valentin” como colofón sonoro a la película.

Es excelente la pesadilla con efectos de sonido o, más bien, la idea muy original de que los efectos de sonido sean, en palabras de Max Estrella, “el dolor de un mal sueño”.

La sonrisa de Jean Dujardin es el hilo conductor de la película. Esa sonrisa simboliza una manera de hacer cine. Un cine puro, felicísimo, sencillo, intemporal. Lo nuevo (ella) se alía con lo viejo (él) y, juntos, inventan a Gene Kelly.

De la aleación del mudo y el sonoro nace el musical. Y el cine nunca pierde la sonrisa.

===

Von Trier y los mayas han anticipado el fin del mundo. Filmaffinity se acaba para mí… Siento en los dedos el frío de una 'magnum'. Con las últimas palabras escritas por Cervantes, me despido: “¡Adiós gracias, adiós donaires, adiós regocijados amigos; que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida!”

¡BANG!
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