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Pájaro blanco de la tormenta de nieve (2014)

Pájaro blanco de la tormenta de nieve
Trailer
6,0
983
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Sinopsis
Finales de la década de los 80. Kat Connor es una joven de 17 años cuya vida cambia de forma inesperada cuando su madre, un ama de casa aparentemente perfecta, desaparece de repente sin dejar rastro. Aunque será complicado, Kat deberá intentar adecuarse a las nuevas circunstancias e intentar seguir adelante con su vida. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
White Bird in a Blizzard
Duración
91 min.
Guion
Gregg Araki (Novela: Laura Kasischke)
Música
Robin Guthrie, Harold Budd
Fotografía
Sandra Valde-Hansen
Productora
Coproducción Estados Unidos-Francia; Why Not Productions / Desperate Pictures / Orange Studio / Wild Bunch
Género
Drama Intriga Años 80 Años 90 Adolescencia Secuestros / Desapariciones Cine independiente USA
7
Persiguiendo a un fantasma
De los realizadores que nacieron al calor de esa corriente del cine indie americano que se dio por llamar New Queer Cinema, dos son los que han trascendido y han dejado atrás aquellos años primigenios de cine de guerrilla para expandir sus universos cinematográficos. Hablamos de Gus Van Sant y Todd Haynes. Desde Mala Noche y Poison, respectivamente, han virado hacia el drama experimental (y el cine comercial) uno, y una especie de revisión del melodrama el otro. Al contrario que ellos, el otro gran autor del New Queer Cinema que surgió a finales de los 80 y principios de los 90, se ha mantenido fiel a las reglas y mundos de la corriente. Hablamos de Gregg Araki, que este año estrena White Bird in a Blizzard, adaptación de una novela de Laura Kasischke, protagonizada por una de las actrices del momento, Shailene Woodley.

Cuatro años han pasado desde que estrenara su último film, Kaboom, un torrente de energía, que se volvía más fascinante cuanto más degeneraba su trama. Un compendio de su mundo rodado a la velocidad de la luz que funcionaba por mera acumulación. Más atrás en el tiempo, exactamente una década, queda Mysterious Skin, su obra maestra, un drama social y psicológico disfrazado de sci-fi. Una película hipnótica de principio a fin, preñada de una especia de oscuro realismo mágico que la hacía especial. Lejos del realismo, Araki hablaba de la pederastia desde el género. Mezclando realidad y sueño para construir una pesadilla. White Bird in a Blizzard es una mezcla descompensada de ambos filmes. Por un lado pretende trascender, ser un drama psicológico sobre la maternidad como trauma vital. Por el otro lado, se deja gobernar por las explosiones de hedonismo propias del Araki más desenfadado, construyendo a la madre que de pronto un día desaparece (una soberbia Eva Green), más como una caricatura que como un personaje real.

Así, la película no termina nunca por decantarse entre el drama adolescente, el familiar o el thriller. Mientras que en Mysterious Skin el misterio era palpable y todas las tramas caminaban hacia su resolución, en White Bird in a Blizzard Araki se olvida de él hasta el tercio final del film. El resultado es que ha dado a luz una historia que en lugar de discurrir va dando tumbos, tan perdida en sí misma como su protagonista (Woodley, es una intérprete valiente). No ayudan a crear una atmósfera insana unos secundarios que no están a la altura (sobre todo Meloni interpretando al padre) y unas secuencias oníricas rodadas con desgana. Si en Mysterious Skin las ensoñaciones con el pasado funcionaban a la perfección porque eran turbias y emocionalmente potentes, aquí naufragan. No es capaz de establecer Araki una conexión entre la protagonista y el espectador. Llegados a la recta final nos da igual qué pasó con la madre y hacia dónde irá la vida de esa adolescente convertida en adulta. Estamos ante una película fría que debía quemarnos las entrañas. Los flashbacks protagonizados por la madre y contados como si de un cuento de hadas (deformado, malsano) se tratara funcionan, pero el presente narrativo no acaba de hacerlo. Woodley intenta construir un cuadro general de su tormentosa madre y logra pintarlo más gracias a sus recuerdos que a sus pesquisas. No es una mala película, al verla uno respira el cine de Gregg Araki, pero sí es una pequeña decepción, pudo haber creado otra obra maestra y sin embargo ha dirigido una cinta que a ratos captura tu atención haciéndote olvidar el mundo exterior, pero que otras veces es simplemente fallida. Aún así, es un placer ver que el último superviviente del New Queer Cinema sigue empeñado en no cambiar.
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15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Amargo pájaro de juventud
Pájaro blanco de la tormenta de nieve es toda una sorpresa.
Gregg Araki, uno de los musos indie del cine estadounidense desde finales de los 90, entrega una película que podría haber pasado por un telefilme de sobremesa si no fuera por su cuidada narración, su buen desarrollo de personajes y su brillante elenco. La película combina con gran acierto la trama detectivesca o el thriller acerca de la desaparición de la madre de la protagonista con el viaje iniciático y de madurez de la joven protagonista, y lo hace de forma entretenida y consiguiendo resultados más que notables en ambos campos. La ausencia de la madre está siempre presente (valga la contradicción), marcándolo todo, afectando a todos los personajes incluso cuando no se está hablando sobre ella y guiando el devenir vital, sexual y emocional de Kat, un personaje con muchas caras distintas.
Y qué decir de los actores. A Eva Green le ha tocado bailar con la más fea, un personaje que aparece poco y hace cosas extrañas, pero solventa la papeleta con su profesionalidad y talento de siempre. De sus ojos y sus gestos dependen muchas de las cosas que pasan en la película. Shiloh Fernandez, sin necesidad de merecer ningún premio, clava el personaje del chavalín medio atontado. Y Shailene Woodley demuestra que, mucho más que los productos mainstream tipo Divergente, lo que le va en realidad es esta clase de cine, más independiente, más arriesgado, menos de estudio. El carisma y la fuerza que desprende en la piel de Kat no lo tuvo en la distopía futurista antes mencionada ni de casualidad. Que se quede por estos derroteros. Todos se lo agradeceremos.
En definitiva, una propuesta estupenda, rara pero ciertamente brillante.

Lo mejor: Shailene Woodley y el carácter indie del cine de Gregg Araki
Lo peor: No deja sensación de ser una obra maestra en ningún momento
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil