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Camelot (1967)

Camelot
Trailer
6,9
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Sinopsis
Adaptación cinematográfica del musical homónimo que se estrenó en Broadway en 1960. Trata sobre la legendaria historia del reino medieval de Camelot. El caballero francés Lancelot du Lac o Lanzarote del Lago (Franco Nero) llega a la corte del rey Arturo (Richard Harris) para integrarse en la Orden de la Mesa redonda, recién creada por el monarca inglés. Lancelot se enamora de la reina Ginebra (Vanessa Redgrave) y su amor es correspondido. Cuando Arturo se entera, monta en cólera y destruye la famosa mesa. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Camelot
Duración
178 min.
Guion
Alan Jay Lerner (Obra: Alan Jay Lerner. Historia: T.H. White)
Música
Frederick Loewe, Alfred Newman
Fotografía
Richard H. Kline
Productora
Warner Bros. Productor: Jack L. Warner
Género
Musical Romance Edad Media
Grupos  Novedad
Rey Arturo
8
Un mito, un musical, un film: CAMELOT.
El mito artúrico ha sido visitado por el cine, de forma regular, a lo largo de sus más de 100 años de historia, desde el clásico de R. Thorpe, pasando por el “Excalibur” de J. Boorman, hasta llegar al desafortunado “El primer caballero”, por solo mencionar algunos ejemplos. Pero curiosamente, quizás sea la versión cinematográfica del musical de Frederic Loewe y Alan Jay Lerner, “Camelot”, de duradero éxito en los escenarios de Broadway, el que haya sabido captar más fielmente lo que de magia, amor, pasión, fidelidades traicionadas y utopía hay en esta bella historia. Dirigida por un director solvente, a reivindicar, como lo fue Joshua Logan, es indiscutiblemente uno de los últimos grandes musicales del Hollywood clásico.
Sustentada en un sólido guión, el film se desliza de forma milimétrica desde una primera parte, donde la belleza, la utopía y la felicidad inundan la pantalla, hacia una segunda parte más sombría y pesimista donde la pasión culpable de los amantes, cercana al “amor fou”, deviene drama, sentimiento de culpa, dolor y sueños destruidos, manteniendo perfectamente la atención del espectador a lo largo de sus casi tres horas de metraje, que se siente identificado con los personajes y sus sentimientos.
Logan fotografía, de forma inusual para un musical, el rostro de los actores en grandes primerísimos planos, para acercarnos de forma intima a los sentimientos contradictorios que su corazón alberga, consiguiendo del trío protagonista unas interpretaciones soberbias, enfatizando de manera muy especial las miradas y todo lo que a través de ellas expresan. Nunca Richard Harris estuvo mejor en la pantalla, y tanto Vanessa Redgrave como Franco Nero componen unos excelentes y creíbles Jenny y Lance.
Nunca en ninguna versión fílmica el espectador se siente a la vez tan comprensivo con el delito de amor de los jóvenes amantes, como cercano al dolor del Rey Arturo, por su amor y amistad traicionados, por aquellos a quien tanto quiere, y por el fin del gran sueño utópico de Camelot.
Visto después de casi 40 años después de su estreno, “Camelot” no ha perdido ni un ápice de su fuerza visual. Desafía con elegancia todos los intentos vanos de resucitar un género, que como tantos otros da la impresión de que se ha perdido la fórmula para crearlos. Claro que hoy en día no tenemos a unos actores de la talla de Richard Harris, Vanessa Redgrave o Franco Nero, a un gran director como lo fue Joshua Logan, y sobretodo nos encontramos en un desierto donde encontrar un guionista que sepa escribir un film “comme il faut” parece una misión más que imposible.
De la partitura poco hay que añadir, probablemente sea uno de los mejores trabajos del mágico binomio Loewe&Lerner, y con esto esta todo dicho.

Francesc Chico Jaimejuan

Barcelona 29 de agosto de 2005
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26 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Entre la ética y la estética
Tenía gran interés en ver "Camelot" puesto que es la adaptación de una obra de White que me conmueve y apasiona muchísimo desde que tuve la suerte de dar con ella en una librería de saldos en Madrid, hace ya años. Supongo que ahora estará más que reeditada y disponible, pero de aquella no existía el Amazon y había que apelar a los métodos de caza libresca más artesanales. Métodos que resultaban tan estimulantes como peligrosos: desordenar pilas de libros medio podridos ante la desaprobadora mirada del librero-troll; estar al borde de la muerte por ingestión de una polvareda altamente tóxica; y por último, pero no menos importante, alzar el libro en lo alto de la pila de volúmenes revueltos y contemplarlo relucir cual espada Excalibur que emerge de una mole de páginas sombrías. Lo de relucir es un decir, porque como es sabido, las librerías de viejo son antros sin fuentes de luz que confirman la teoría secreta de que sus dueños son seres misteriosos que han aprendido a leer en la oscuridad y esperan que tú tengas la misma habilidad o en su defecto, una gran formación en braille.

Pero volvamos a "Camelot". No me hacía demasiada ilusión lo de que fuese un musical, porque pensé que esto supondría destacar la parte "ligera" de la obra de White en detrimento de su profundo sentido de la poesía y de la épica. Después de haberla visto, compruebo que se ha conservado la mezcla entre drama, aventuras y comedia. Aunque las canciones sobran. El problema también es que "Camelot" incide demasiado, para mi gusto, en el trío entre Arturo, Lancelot y Ginebra.

Fuera de esto, me quedo con tres escenas: la bellísima obertura en la que Arturo avista Camelot; el reencuentro de Arturo adulto/niño con Merlín y el recuerdo de su aprendizaje con los animales; y finalmente el encuentro de Ginebra con el rey Pellinor, con la famosa conversación en la que este maravilloso personaje añora las bondades de un buen lecho de plumas.

En general, la película detenta un ritmo y unos aciertos algo irregulares y si habría de destacar algo por lo que vale la pena el visionado, es la escenografía: el salón donde se instaura la Mesa Redonda es un delirio prerrafaelita pop cuya magnificencia deja sin habla (todo está cuidado al detalle). El vestuario, sobre todo el que corresponde a Vanessa Redgrave es de una fastuosidad y belleza increíbles: suaves pieles invernales, vestidos de lady of shallott versión Waterhouse, complicadas fantasías medievales, delicados tejidos de malla dorada, coronas de flores, túnicas de caída casi acuática...Las armaduras no se quedan atrás, aunque sin igualar el fastuoso brillo de las de "Excalibur": quizás andaran más cortos del tema lija...
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20 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil