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My Days of Mercy (2017)

My Days of Mercy
Trailer
6,3
43
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Sinopsis
La hija de un hombre en el corredor de la muerte se enamora de una mujer en el lado opuesto de la causa política de su familia. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
My Days of Mercy
Duración
103 min.
Guion
Joe Barton
Fotografía
Radek Ladzcuk
Productora
Great Point Media [UK] / Killer Films
Género
Drama Romance Drama romántico Homosexualidad
9
El amor que no osa decir su nombre
El 14 de febrero de 2014, después de años de (injustas) especulaciones y rumores sobre su vida privada, Ellen Page salió del armario con un emotivo y comprometido discurso. Lo hizo dentro del contexto de dramático ascenso de los suicidios de adolescentes y jóvenes LGTB en América. Desde entonces... a ver, no vamos a decir que sólo haya hecho personajes lésbicos, pero sí van ya unos cuantos, no sabemos si por voluntad propia o porque es lo que le ofrecen. Seguramente un poco de ambas.
Kate Mara, por su parte, es, que se sepa, heterosexual. De hecho, en 2017 se casó con el también actor Jamie Bell, después de coincidir en Fantastic Four.
Y ustedes dirán: ¿esto qué tiene que ver con la película que nos ocupa? ¿Por qué hay que hablar de con quién se acuestan las actrices protagonistas? Pues porque, teniendo en cuenta cómo está el patio en el activismo LGTB actual, donde parece que importa más quejarse por todo, analizar letras de Mecano o re-escribir versiones "inclusivas" de El Principito que luchar por lo verdaderamente importante, sorprende que una parte de dicho activismo no haya protestado porque el 50% de esta excelsa ecuación, Mara, no sea homosexual. Sí, señores. A este punto han llegado las cosas. Y si no, que se lo digan a Jack Whitehall o Paco León, de los casos más recientes que han recibido críticas por interpretar a un personaje LGTB sin ser ellos LGTB (pregunta: ¿habrán visto estos lumbreras películas maravillosas y tan importantes como Brokeback Mountain, Boys don't cry o Carol? En fin... que a algunos el cerebro no les da para más).
Hecha esta reflexión, vamos con My days of Mercy. El segundo largometraje dirigido por la israelí Tali Shalom-Ezer es una película muy pequeña. Tanto, de hecho, que hasta donde sabemos no se ha estrenado comercialmente ni siquiera en Estados Unidos (tuvo su premiere en el afamado festival de Toronto). De hecho, quien esto escribe ha podido verla gracias a la afortunada programación de un festival celebrado en Madrid. Sin embargo, es uno de esos casos injustos en los que se desearía que llegara a cada rincón de cada confín del mundo, porque todo lo que tiene My days of Mercy de pequeña en la forma lo tiene de grande en lo artístico.
Miren la nota de esta crítica. Un 9. Y muy merecido, la verdad. La película es un espectáculo al que no le falta prácticamente de nada. Es divertida, cosa sorprendente teniendo en cuenta los temas que trata. Muy divertida, de hecho (atención a las escenas entre Lucy y Ben, o a la conversación que mantiene Lucy con Mercy sobre su vida amorosa). Es romántica, y sin duda va a hacer las delicias de todos los que disfruten con historias de amor y, por supuesto y comprensiblemente, de parejas homosexuales femeninas especialmente. Y sobre todo es dramática. Muy dramática. Hay muchas escenas que agarran al espectador del cuello y no lo sueltan, ni siquiera cuando ya han acabado. Y aquí viene uno de los grandes valores de la cinta: aunque hable de la pena de muerte y sea su tema principal, no es un alegato, ni a favor ni en contra. De hecho, pese a la contundencia y maravillosa emoción de escenas como la final antes del epílogo en California (una escena durísima, por cierto), no es el filme más contundente que hayamos visto sobre la pena capital. Monster's ball, La milla verde o por supuesto Pena de muerte causan más impacto. Lo bueno aquí es que Shalom-Ezer no juzga en ningún momento, ni a los hombres que esperan la ejecución, ni a los que se manifiestan en un sentido o en otro. Es por eso que personajes como Martha, a quien da vida una excelsa Amy Seimetz, resultan tan importantes. Además, el poder emotivo de estas escenas es innegable.
Respecto a la historia de amor, es una trama secundaria y en principio parte con la desventaja de que depende demasiado de los tópicos. Lucy es la típica lesbiana "escondida", tímida, dura, de aspecto "descuidado", de miradas más que de palabras (esta es marca de la casa de Ellen Page), con una familia destrozada y muy cercana a lo que allí conocen como white trash. Mercy, sin embargo, es guapa, muy femenina, de buena familia, pija, con un buen trabajo, extrovertida y lanzada. Sin embargo, es obvio que muchas de las escenas que envuelven a las dos protagonistas son exactamente lo que los más fans pueden esperar (atención a la escena con la canción "Mercy", por ejemplo), y están elevadas hasta el infinito por la química y confianza que destilan ambas actrices.
Se ha hablado mucho sobre si este es el mejor trabajo de Mara. Sin embargo, a la actriz le pasa un poco lo mismo que a Jake Gyleenhaal en la citada Brokeback Mountain: tiene el personaje más simpático y, por tanto, el menos atractivo. Aun así, sin duda es un trabajo soberbio, que queda sin embargo (injustamente) eclipsado por ese torrente interpretativo que es Ellen Page. Es difícil decir cuál es el mejor trabajo de la carrera de la canadiense, cuando hay por ahí cintas como Juno, Hard candy, Wilby Wonderful u Origen. Pero sin duda, My days of Mercy merece estar entre los mejores. Escenas como aquella en la que se derrumba con su hermana al tener que reconocer un hecho muy doloroso deberían bastar para otorgarle todos los premios del mundo. Es, simple y llanamente, una de la mejores actrices del mundo.
Por supuesto, no todo es perfecto en la película. La narración es algo confusa en su primera media hora, hasta el punto de que es fácil confundir a Martha con la madre de Lucy, en vez de su hermana, y el epílogo da un poco a traste con el soberbio trabajo dramático hecho hasta el momento, aparte de apostar descaradamente por un romanticismo, a esas alturas de la historia, algo falso y conciliador. Pero es que todo lo demás es tan bueno, tan absorbente, tan divertido, tan emotivo y tan intenso que hay que perdonárselo. También por Elias Koteas, Brian Geraghty y Charlie Shotwell, que ponen la nota masculina con brillantez (sobre todo este último, fantástico).

Sigo en spoiler por falta de espacio. Habrá un breve spoiler, avisamos.
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1 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil