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Accattone (1961)

Accattone
Trailer
7,7
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Sinopsis
Mientras que Accattone se pasa el día metido en las tabernas, Maddalena, la mujer con la que vive, debe ejercer la prostitución para mantenerlo. Cuando Maddalena es detenida y encarcelada, Accatone, privado de su medio de subsistencia, se ve condenado a llevar una vida miserable. Incluso debe pedir ayuda a su esposa legítima, Ascenza, a la que hace años abandonó. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Italia Italia
Título original:
Accattone
Duración
116 min.
Guion
Pier Paolo Pasolini, Sergio Citti
Música
J.S. Bach
Fotografía
Tonino Delli Colli (B&W)
Productora
Cino del Duca P.C / Arco Film
Género
Drama Prostitución Neorrealismo
8
Mendigo
Ópera prima de Pier Paolo Pasolini, inspirada en su novela "Una vita violenta" (1959). Se rodó entre abril y julio de 1961 en exteriores de los barrios marginales de Roma. Fue nominado a un BAFTA (actor extranjero, F. Citti). Producido por Alfredo Bini y Cino Del Duca para Arco Film, se presentó en el Festival de Venecia en septiembre de 1961.

La acción tiene lugar en los suburbios periféricos de Roma, a lo largo de los meses de primavera y verano de 1961. Vittorio "Accattone" Cataldi (Franco Citti) es el líder de un grupo de muchachos desocupados y ociosos, que no quieren trabajar. Pasan el tiempo conversando en la terraza de un bar, cometen hurtos y hacen trapicheos. Accattone (mendigo), separado de Ascenza (Paola Guidi), la madre de su hijo de 2 años, convive con Magdalena (Silvana Corsini), que trabaja para él como prostituta callejera. Detenida y condenada a prisión por falso testimonio, deja a Accattone sin su fuente de ingresos. Stella (Franca Pasut) es una muchacha inegnua, inocente y manejable, que Accattone trata de convertir en su nueva protegida, pero no sirve para el oficio. Enamorado de ella, busca un trabajo honrado, que no soporta, por lo que decide dedicarse al robo.

La película presenta una amplia descripción de la vida de grupos de jóvenes de la periferia romana, desarraigados por el paro, la miseria, la falta de oportunidades y la desestructuración familiar, en los años de la Posguerra. El paro es el dentino de unos jóvenes sin habilidades sociales, sin formación y sin expectativas, abocados a la delincuenica para poder sobrevivir. Las imágenes de la ciudad muestran una urbe desolada, árida y deprimente, de calles vacías, casas míseras y personajes excéntricos y egoistas. Sólo la figura del hijo de Accattone, que juega solo en la calle con botellas, piedras y fango, aporta una nota de ternura y humanidad. Pasolini no pretende agradar al público. De ahí que su estética realista, inspirada en el neorrealismo, transite más allá de éste para situarse en las proximidades del realismo expresionista. Los cuadros que dibuja extán exentos de sentimentalismo, juicios morales y de explicaciones. El autor busca que la realidad provoque en el expectador sentimientos primarios de horror, repugnacia, ansiedad.

La música, coordinada por Carlo Rusticelli, incluye fragmentos de Bach, a los que añade melodías populares y de baile del momento. La fotografía, a cargo de Tonino delli Colli, en b/n, crea una narración visual rica en recursos expresivos, sencilla y dotada de un potente ritmo cinematográfico. Usa frecuentes primeros planos y busca el predominio de los personajes sobre el paisaje, reflejo del alma humana. Extrae lirismo y belleza de una realidad negra y perturbadora, con toques de humor. El guión recrea la pobreza urbana de sus primeras novelas, pobladas de ladrones, vagos, borrachos, carteristas, vividores, delatores. Son personas desarraigadas, antisociales, derrotadas y sin esperanza.
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46 de 48 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
La máscara de arena.
Accattone ofrece cierta visión santificada de unos personajes y un contexto suburbano (por la admiración hacia ellos, no por sus acciones basadas en el proxenetismo y el latrocinio), visión que destaca en el tallado de planos que recuerdan al posterior “Evangelio” pasoliniano. Forma de imagen desde el respeto sacro esculpido sobre el plano (promovido este efecto también por una inexperiencia técnica reconocida por el propio director), el empleo exquisito de la música de Bach (efecto impostado de la música en Accattone, ubicación extradiegética de una partitura que no aporta a la acción sino que evoca la intención sacra del director), etc., que ofrecen la paradoja entre la miseria representada por Pasolini y el respeto hacia una identidad, una tradición, una personalidad y una patrimonio idiosincrásico, histórico, al que agarrarse ante la uniformización de la burguesía y la sociedad prometeica de consumo (quiebra y ruptura vinculada a la precariedad material y moral de la democracia cristiana, el fascismo aún caliente y la posguerra mundial).

Los personajes son despojos, desheredados sin ideología sumergidos en la miseria, pero no se avergüenzan como Mamma Roma. Hacen ostentación con sus gestos y diálogos de su miseria a través de un anarquismo vital de tradiciones y pasados en ruinas. Supone esta película el estadio anterior a la plena fagocitación e identificación cultural burguesa y es un interesante complemento a la cinta protagonizada por la Magnani. Ahí radica la diferencia entre los personajes de ambas películas. Pese a todo, estos “accattones” abrazan la abulia como única forma de rechazo de un mundo que les desprecia. Aceptan que no existe solución.

Pero el personaje principal se rebela, pese a todo, busca la redención de su conflicto interno mediante el amor, ese sentimiento para el que todavía hay sitio. Típico y clásico tema el de la humanidad berreando contra un orden socioeconómico y su tecnocracia jerarquizada y castradora.

Pasolini expresaba sus diferencias ideológicas con el cine de Antonioni, al que acusaba de ser un muestrario de las crisis existenciales burguesas sin componente aleccionador o ideológico, simplemente descriptivo. En Pasolini hay doctrina, hay enseñanza; una leve careta de arena como la de la tragedia griega. Careta breve que habría de ir descomponiéndose entre el polvo de una tradición ante el empuje de las nuevas tendencias que humillarían y convertirían a estos jóvenes arrogantes que pueblan “Accattone”. A partir de ahí, la revolución pasaría por hacer horas extras para comprarse una moto.

“O el mundo me mata a mí
o yo lo mato a él”
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27 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil