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A la diestra del cielo: Silvio, un cantaor rockero (2007)

Sinopsis
Musicalmente enmarcada en el rock y la fusión, la figura de Silvio Fernández Melgarejo fue la de un personaje legendario. Su fama se extendía por todos los niveles sociales de Sevilla, mientras se labraba el calificativo de músico de culto en el resto del país. Este documental cuenta su historia y su vida llena de excesos y genialidad. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
  Ver reparto completo
Año / País:
/ España España
Título original:
A la diestra del cielo: Silvio, un cantaor rockero
Duración
90 min.
Guion
Francisco Bech, José 'Pive' Amador, Álvaro Begines
Fotografía
Daniel Mauri
Productora
Canal Sur Televisión / La Mirada Oblicua
Género
Documental Documental sobre música Biográfico Flamenco
6
El Califa del reino Taifa de Sevilla
El antiguo reino Taifa de Sevilla, en sus inicios, comprendía las provincias de Sevilla, Huelva, Cádiz y el sur de Portugal. Aunque fue enterrado en el siglo XI por los Almorávides, durante finales de los ochenta y principio de los noventa del siglo pasado el Reino Taifa volvió a resurgir de sus cenizas. Su Califa, era un borracho llamado Silvio.

Silvio fue un músico, nacido de la ola rock-fusión (normalmente flamenco) andaluza de los setenta que llego a lo más alto en Sevilla y su Reino Taifa. Silvio no vendió apenas un disco, porque Silvio prefería tocar todos los fines de semana en los pueblos, en sus verbenas y en sus ferias, donde con su espectacular show terminaba por salir en brazos de cualquier población en la que se encontrara en ese momento. Silvio era el Califa de su Reino Taifa, y casi nunca quiso salir de ahí. Yo, en el fondo, siempre he visto este gesto más como cobardía o miedo que otra cosa. Un "prefiero ser cabeza de ratón que cola de león". Por eso Silvio no se lanzo al panorama nacional. Se sentía fuerte en su plaza.

El documental trata de recuperar la figura de este gran artista, ya que, como vuelvo a decir, lo que era vender, Silvio vendía poco, y por tanto discos suyos no hay muchos, aunque todo el mundo lo conocía. Era una figura pública querida por todos (sólo un sevillista acérrimo como él podía dedicarle el mejor himno rock de la historia al Betis). Con esto quiero decir que su figura, tras su muerte, desaparece a pasos agigantados, de la misma manera que el Reino Taifa de Sevilla se borro del mapa en un abrir y cerrar de ojos. Apenas existen documentos audiovisuales de sus conciertos en directos, autentico motivo de su éxito. La gente joven desconoce quien fue Silvio. Sus discos han pasado a ser una rareza muy preciada.

El documental nos recupera la memoria de este gran músico. Pero desgraciadamente no profundiza en sus claros y oscuros, porque Silvio tuvo muchos nubarrones. Silvio era un alcohólico desde su juventud, e ir a sus conciertos era una lotería; lo mismo le daba por no salir que hacer el concierto de su vida. Jamás tuvo término medio. Nunca lo quiso así. El siempre tuvo claro que moriría por el alcohol, y lo asumió muy tranquilo, decidiendo que mientras tanto, haría lo que le saliera de los cojones y cuando le diera la puta gana.

Así acabaron todos los nuevos rockeros o flamencos andaluces que en los setenta y ochenta empezaron a asomar en el panorama musical andaluz y nacional. Decidieron suicidarse entre picos y rayas, tras unas cuantas copas de más y con una sobredosis de caballo. Silvio fue el penúltimo en irse por la puerta de atrás.

Sigo en el Spoiler. Leer sin miedo.
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22 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Eh, tú.
Acabo de ver A la diestra del cielo. Vaya tío más crack. Hay dos momentos en el documental que son estelares. Uno es cuando el colega de juergas dice, sentado en una fuente, que Silvio fue tan grande porque hizo lo que le dio la gana, que unos tenían que tocar, otros cantar, pero él siempre hizo lo que le dio la gana. El segundo es cuando se está masacrando, que coge el tío la guitarra sentado y empieza a tocar. No toca la guitarra tan bien como se debiera tocar, pero parece que sus dedos en las cuerdas transmiten en el sonido esa tristeza, esa desdicha que por siempre, aunque pocos se paren a pensarlo en toda su dimensión, tuvo y tendría hasta su muerte.

Otro frustrado, aunque se pintara de ganador como le dijo al Quintero, que buscaba una salida, a través de su pasión, que no encontró.

Ya lo dijo la madre, bebía y se mataba y parecía que algo le atormentaba. No pasaba de todo, al revés, todo le importaba, por mucho que intentara metérselo en la cabezota, aunque su todo en la vida fuese coger 300.000 pesetas al mes y dárselas a su mujercita.
Pero con ello no daba, sus idas y venidas no le conducían a nada, pero se subía a un escenario y decía esto y aquello, algunas veces cantaba, lo que la tranca le permitía, y el aplauso se ganaba. Por encima del bien y del mal vivía, por siempre en la nuca sentada su hermana estaría.
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7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil