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Milagros en venta (1939)

Milagros en venta
Trailer
5,8
90
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Sinopsis
Mike Morgan es un ilusionista que proporciona a los magos los trucos que usan en sus espectáculos. Tras una sesión de espiritismo, asume la protección de una mujer rica, cuyos amigos aparecen asesinados. Detrás de esas muertes se esconde un mundo oscuro y desconocido. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Miracles for Sale
Duración
68 min.
Guion
Harry Ruskin, Marion Parsonnet, James Edward Grant (Novela: Clayton Rawson)
Música
William Axt, Earl K. Brent, Werner R. Heymann, Clifford Vaughan, Franz Waxman
Fotografía
Charles Lawton (B&W)
Productora
MGM
Género
Intriga Thriller Policíaco Magia
6
La última de Browning
El último largo de Tod Browning remite a Tourneur y a una historia de incrédulos, crédulos de las supersticiones y misterios que desembocan al thriller policíaco.
La diferencia, "Milagros en venta" es del 39, "La mujer pantera" y "El hombre leopardo" del 42 y 43 respectivamente.
Aunque estas últimas fuesen mejores películas están emparentadas en la capacidad de estos dos cineastas de realizar entretenimientos sin apenas fisuras narrativas en menos de setenta minutos. Algo inaudito en el cine moderno y propio de la serie b de los años cuarenta y cincuenta.

"Milagros en venta" también deja ese poso biográfico del propio Browning y de sus vivencias en el mundo circense (de magos, timadores e ilusionistas esta vez).
No está en absoluto a la altura de las mejores del director de "Freaks", pero se disfruta y entretiene entre sus dosis de inteligente y misterioso policíaco, con ese fondo paranormal entre la ficción y la realidad que tanto les gustaba a Tourneur y Browning.
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14 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Un último milagro.
Desterrado del mundo del cine que había llegado a darle todo, realmente los últimos días de Browning fueron bastante tristes. El artista se había desentendido del mundo, y ni siquiera había asistido al entierro de un viejo amigo suyo, Béla Lugosi. El alcoholismo, que ya antiguamente había causado estragos en la carrera del director, volvió a aparecer. No acostumbraba a recibir visitas, ni tampoco salir de casa. Milagros en venta fue su testamento cinematográfico, pero habían pasado ya muchos años desde que estrenó, sin pena ni gloria, su última película en el 1939. Cuando Browning murió en la soledad de su casa en Malibú, era una reliquia, y su cine tuvo que esperar a su fallecimiento en el 1962 (y un poco más de tiempo) para que fuera recuperado historiográficamente.

Y aún así, Milagros en venta continua siendo una película totalmente infravalorada y maltratada por gran parte de la crítica que acostumbra a citarla como una demostración de que Browning no se había adaptado a los nuevos tiempos del cine sonoro. Y es cierto que el director no estaba ni mucho menos contento con el desarrollo del cine sonoro (de hecho, una de las mejores secuencias de Milagros en venta se produce en absoluto silencio, haciéndonos recordar la etapa muda de Browning, donde la imagen era suficiente por si misma) pero Milagros en venta es una película muy singular. Es ni más ni menos que el canto del cisne de un genio.

El argumento es ya de por sí bastante curioso. De hecho es posible que hasta que haya pasado bastante parte del metraje el espectador no haya entendido aún que le plantea la película, pues el argumento juega constantemente a buscar la confusión deliberada del público. La historia se adentra en el joven ilusionista interpretado por Robert Young, que tiene una tienda de insólitos objetos que pueden realizar, mediante explicaciones científicas, diversos trucos de magia. El propio Young es un mago que en ningún momento se cree los argumentos de médiums y mentalistas, y de hecho separa conscientemente la magia (simple espectáculo) del fraude. Sin embargo recibirá la visita de una joven muchacha, interpretada por Florence Rice que le pide su ayuda en un caso muy misterioso…

No es sólo que el argumento tenga muchos elementos biográficos del propio Browning, sino que el desarrollo de la película es realmente sorprendente, buscando en todo momento el truco de magia cinematográfico, tratando de captar el interés del público mediante los trucos propios del cine. Para ejemplo tenemos la primera secuencia principal, en la que ya Browning consigue engañarnos mediante la parodia y la ironía. El principio de la película parece situarse en un escenario bélico, cuando la cámara encuadra a diversos militares que parecen estar en guerra, cuando de repente meten a una mujer en una caja..y la cortan por la mitad. Entonces el truco queda desvelado, la cámara amplia el encuadre y vemos que no era ni más ni menos que una farsa publicitaria, y que todo se trata de un experimento creado por el personaje principal, que pretende vender el aparato a un comerciante. La misma actitud de engaño la encontramos en otros muchos momentos de la película y es esta precisamente la esencia: El espectáculo, el cine como una feria donde todos los trucos son posibles. El mismo Browning había sido partícipe de joven en decenas de trucos ilusionistas. Y es que en su juventud, el propio Browning realizaba un truco de magia bastante macabro, que consistía en ser enterrado una noche entera para al día siguiente ser desenterrado del ataúd. El joven se alimentaba mediante un mecanismo artificial de una deliciosa crema de chocolate líquida.

Milagros en venta define a sí mismo la propia trayectoria del director. Y es que se cae en continuos errores cuando se simplifica la carrera de Browning alegando que se trata de un director notable de terror. Esta calificación es inexacta y desde luego muchas películas no se ajustan a este parámetro (ni Freaks, una de las películas más cotizadas del director y realizada en el 1932 podemos considerarla como simple terror ni tampoco otras películas como la Marca del vampiro del 1935, o el trío fantástico del 1925). Y el guión de la película juega precisamente con esta ambivalencia, ¿será efectivamente que hay un más allá que tiene representaciones fantasmagóricas en nuestro mundo? A lo largo del metraje encontramos más alusiones y no es casual que uno de los farsantes de la película sea un demonólogo que afirma que la existencia de los vampiros es real (recordemos que Browning dirigió una de las películas más míticas de Vampiros en el 1931, Drácula). Así que en líneas generales, el director se mantiene escéptico, dinamitando la película con grandes dosis de humor e ironía (aquí la figura del padre protagonista, interpretado por Frank Craven es totalmente imprescindible) aunque siempre hay tiempo para un pequeño milagro, y como buena muestra tenemos una de las mejores secuencias del film, rodada en total silencio (¿haciendo referencia quizás a la propia etapa dorada del director?).

http://neokunst.wordpress.com/2014/01/20/ciclo-tod-browning-milagros-en-venta-1939/
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil