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The Yakuza Papers, Vol. 4: Police Tactics (1974)

The Yakuza Papers, Vol. 4: Police Tactics
Trailer
7,1
199
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Sinopsis
Cuarta entrega de la saga "The Yakuza Papers" de Kinji Fukasaku. En esta ocasión los grupos yakuza se verán cercados por la policía y la prensa, debido a las protestas sociales de ciudadanos de a pie en contra de los altos niveles de violencia callejera que se vivían en ciertas ciudades japonesas durante la década de los 60. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Japón Japón
Título original:
Jingi naki tatakai: Chojo sakusen (The Yakuza Papers, Vol. 4: Police Tactics)
Duración
118 min.
Guion
Kazuo Kasahara (Historia: Koichi Iiboshi)
Música
Toshiaki Tsushima
Fotografía
Sadaji Yoshida
Productora
Toei Company
Género
Acción Drama Thriller Crimen Yakuza & Triada Años 60 Secuela
Grupos  Novedad
Batallas sin honor ni humanidad (The Yakuza Papers)
8
Los caníbales
Cuarta entrega de la esencial saga “The Yakuza Papers” que desata los elementos latentes en “Proxy war”, con la guerra entre bandas arrasando Hiroshima y la reacción policial, provocada sobre todo por la proximidad de las olimpiadas de Tokyo en 1964, y ciudadana ante la desquiciada escalada de violencia callejera y la necesidad de mantener las cosas dentro de un orden (curiosamente Fukasaku daría al año siguiente la visión de la misma época desde el punto de vista de la policía en “Cops vs. Thugs” con Bunta Sugawara cambiado de lado pero igual de insobornable). Se extrema el carácter de crónica de sucesos y el tono documentalista con una enumeración constante y vertiginosa de cafradas que ayudan al espectador a no perderse entre la complejidad de las relaciones y la velocidad de las acciones, con la puesta en escena de las escaramuzas callejeras más salvajes jamás vistas (atención a la nariz rebanada), con los actores y la cámara poseídos por una especie de euforia demente que les hace moverse entre espasmos y berridos. Pese a que la cantidad de personajes y peripecias esté en el límite de lo manejable, Fukasaku se arregla para no perder el carril de la historia, equilibrando la calma y la furia y recuperando el pulso vivaz y frenético en el retrato de la época, los clubes, las calles y los tipos, esos “gangsters” de traje y camisa hawaiana, amenazadores y estúpidos, terroríficos y descerebrados, mangoneados por unos jefes mezquinos, cobardes y traicioneros, además de añadir detalles tan sutiles como el sugerido enamoramiento homosexual entre dos de los matones o apuntar (aunque luego no lo desarrolle) algo sobre el papel de la prensa y la figura del “yakuza” como celebridad social. No falta el humor negro, ni la ironía, sobre todo por que tanta matanza no vale para nada tal y como simboliza ese cierre soberbio, una conversación en la cárcel entre el cansado Hirono y Takeda (el estiloso Akira Kobayashi), con un frío que pela y los pies descalzos, reflexionando sobre el cambio de los tiempos y desnudando la miseria y falta de honor al que ha quedado reducido su oficio, todo mostrado con una sencillez y hondura que extirpa cualquier tipo de romanticismo o mitificación.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Érase una vez en Japón, parte 4
Cuarta entrega de la excepcional pentalogía Yakuza Papers, la cual es una consecuencia directa de los hechos narrados en el anterior episodio. Habrá gente que a estas alturas achacarán a Kinji Fukasaku y a sus guionistas un estilo documental y feista muy poco cinematográfico, nada más lejos de la realidad, lo que realmente consiguió el realizador japonés apoyado por un guión perfectamente documentado y un uso de la violencia que irrumpe de manera tan brutal como si se tratará de la realidad, con una puesta en escena tan caótica, como si la cámara estuviera en manos de los actores, una saga de películas con una complejidad y profundidad que ya quisieran las producciones actuales de Hollywood en 3d. Es en esta parte de la historia en la que Japón empezaba un gran resurgimiento económico y el año de los juegos olímpicos en la que se nos narra a modo de sub-trama que entronca con la historia principal de la serie, la amistad entre un jefe de un pequeño grupo Yakuza y un adolescente criado en una de las destartaladas casas del barrio de la bomba atómica de Hiroshima. Tambien en esta entrega tenemos el fatal reencuentro de una antigua prostituta y su chulo, como si se tratara del mejor cine negro y también es en esta entrega la que se confirma al jefe Uchimoto como una vergüenza para la Yakuza, incapaz de defenderse ante cualquier situación, no así como Yamamori que aprovecha incluso su cobardía, para manipular a sus hombres.
Quizás es este el film que mejor entronca con el anterior y el posterior y último capítulo de una saga que fue un punto y a parte en la historia del cine japonés, con una forma de narrar novelesca, al lado de esta serie casi cualquier película de autor europeo actual parece sosa.
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